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Dallas Buyers Club

Por Enrique Fernández Lópiz

En 116 minutos, Jean Marc Vallée, dirige con profesionalidad la historia de Ron Woodroof (Matthew McConaughey), un tejano, cowboy de rodeo, drogadicto y mujeriego a quien le diagnostican SIDA en 1986 y le pronostican un mes de vida. A partir de ese entonces, Ron, que empezó a tomar AZT, -único medicamento legal disponible en aquel entonces para luchar contra el VIH- se empecina en investigar y en luchar para conservar la vida el mayor tiempo posible.

Tiene el film también un buen guión de Melisa Wallack y particularmente de Craig Borten que se trabajó la historia real del personaje como luego diré; una música pasable, fotografía aceptable de Yves Bélanger y excelente trabajo de maquillaje que le ha valido otro Oscar a la película.

Sabemos que en todas las épocas ha habido plagas y enfermedades tremendas que se han cobrado millones de vidas humas, así la peste o tantas enfermedades víricas. Y esto ocurría, sobre todo, antes de la invención de la penicilina en los primeros decenios del siglo pasado. Los malos augurios de Camus se hicieron tremendamente reales en la primera década de los ochenta con la aparición de una pandemia llamada SIDA (Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida) que acabó con millones de vidas humanas en el Primer y sobre todo en Tercer Mundo. Y no faltaron los agoreros que proclamaron que la tal enfermedad era fruto del castigo divino para escarmentar a homosexuales y drogadictos fundamentalmente, que eran los grupos sociales por aquel entonces definidos como población de riesgo. Reaparecían Noé o Sodoma y Gomorra, o sea, los pecadores en masa y los justicieros de pensamiento y santones de tres al cuarto. La cosa dio un giro radical cuando se comprueba que el SIDA, además de homosexuales y drogadictos, toca igualmente a heterosexuales y a clases sociales acomodadas, o sea, a todo el mundo. Y entonces cunde el pánico y saltan las alarmas sociales.

Esta película desarrolla varios puntos de enorme interés para conocer nuestra reciente Historia y lo que significó el virus de inmunodeficiencia adquirida conocido como SIDA, tanto en el plano social, como en terreno de lo individual.

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Como apuntaba antes, la película está basada en la vida de Ron Woodroof (Matthew McConaughey), quien en 1992, poco antes de morir tras siete años de enfermedad, fue sujeto de un extenso reportaje escrito por el periodista Bill Minutaglio para The Dallas Morning News (Craig Borten lo entrevistó para preparar el guion del film). La historia personal de este individuo es la de un vaquero bebedor, drogadicto, un ciudadano tejano de la América profunda y promiscuo. Como decía, en los inicios del SIDA, ésta era una enfermedad atribuida básicamente a homosexuales. Al serle encontrada la enfermedad al personaje, rápidamente, en su ambiente machista es rechazado por los amigos y conocidos, no ya como “apestado”, sino como un supuesto homosexual, lo cual era el peor insulto en su ambiente, incluso para él mismo.

A partir de ahí, el relato narra desde esta perspectiva, no sólo en titánico esfuerzo que el protagonista hace para sobrevivir a la enfermedad a través de medicinas alternativas, sino el enorme cambio interior en muchos aspectos todos muy interesantes. Por una parte debe aceptar su enfermedad, por otra debe soportar el desprecio y la marginación, y finalmente pero no menos importante, ha de hacer un cambio personal y comprender y empatizar con la población homosexual que era muy frecuentemente afectada por su misma enfermedad. De otro lado, está también la conversión de ser una persona interesada por el dinero, a luchar contra la administración pública y los poderes médicos y expender medicamentos alternativos a sus colegas de enfermedad por nada, a quienes no tenían nada. Es decir, se convierte en un líder altruista de la causa. Pasa del interés explícito a la filantropía.

En el plano de la Historia, cuando emergió el SIDA, yo mismo conocí gente cercana que murió rápidamente pues no había remedios médicos para el mal. Y se ve a las claras en el film, la pugna de las multinacionales del fármaco en su afán puro y duro de ganar dinero, cómo experimentaban con tratamientos que no eran los más indicados, como ocurrió cuando Ron se trata con la conocida AZT, una droga aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos legalmente disponible en los Estados Unidos, la cual lo lleva al borde de la muerte. Entonces la medicina no preveía otras posibilidades que ya despuntaban en la investigación como eficaces paliativos. Así, el protagonista ha de enfrentarse a la incomprensión y a los intereses médicos y farmacéuticos, y al rechazo de las autoridades, en su enorme esfuerzo por encontrar lenitivos alternativos. Para luchar contra todo esto y con la ayuda de la doctora Eve Saks (Jennifer Garner) y la paciente transexual Rayon (Jared Leto), Ron crea el Dallas Buyers Club (Club de Compradores de Dallas), uno de los varios que funda en el país para proveer de nuevos tratamientos paliativos a todos los miembros que puedan costearlos inicialmente, siendo que luego se torna como he dicho más desprendido y filantrópico. Los clubes, que crecen en cantidad y número de miembros, llaman la atención de la Administración de Alimentos y Medicamentos y de la industria del fármaco, las cuales libran una guerra total contra Ron.

Es, así, una película sobre el drama personal de un afectado de SIDA en un mundo hostil contra la enfermedad y los homosexuales en la segunda mitad de los ochenta; y es además, un recorrido que tiene un carácter cuasi documental sobre el desarrollo y entendimiento de la enfermedad con el transcurrir del tiempo por parte de la sociedad civil y médica.

Al parecer Jean-Marc Vallée, director de Dallas buyers club, batalló duramente hasta que consiguió llevar a buen fin esta película que anduvo dando tumbos por los despachos de Hollywood y puesta en escena finalmente por diferentes productoras: Focus Features, Truth Entertainment, Voltage Pictures, R² Films o Evolution Independent.

Quiero resaltar y lo dejo para el final de este comentario, que el peso fundamental de esta película recae sobre la excelente interpretación de un Matthew McConaughey sembrado, que sabe comunicar y hacer verosímiles sus complejos cambios a lo largo de la historia, que incluso adelgazó hasta quedar en los huesos para hacer más creíble físicamente su papel de enfermo de SIDA, el papel de un hombre silvestre y aguerrido pero acorralado por la inminencia de la muerte y el desaire de su entorno social que lo desprecia; cómo cambia su visión de las personas (sobre todo de los homosexuales), su arrojo y valentía casi sin límite, y sus argucias y su astucia en una batalla desigual que terminará perdiendo. Es decir, McConaughey interpreta un papel memorable que no en vano le ha valido el Osar al mejor intérprete principal masculino este año. Y junto a él, hay que subrayar dos papeles igualmente meritorios, por un lado el de Jared Leto (Oscar al mejor actor de reparto) en el papel de su socio transexual Rayon, y el de Jennifer Garner en el rol de la Doctora Eve Saks. Dirección, guión, música y fotografía son el sustento técnico, pero yo creo que sin Matthew McConaughey esta película no habría alcanzado la cota de excelencia y popularidad que tiene. McConaughey confesó haber experimentado una nueva forma de hacer cine: sin reflectores, una sola cámara y tomas de quince minutos de duración.

En resolución: es una película recomendable, tanto para quienes vivieron aquellos entonces de los ochenta y la aparición de la enfermedad, como para quienes siendo más jóvenes, no la vivieron (para su suerte), para que comprendan bien el efecto social que esta tremenda plaga tuvo y aún sigue teniendo, razón por la que no hay que bajar la guardia de la prevención: ¡no lo olvidemos!

Comentarios

  1. Sara Márquez

    Estupenda aproximación a una buena película, Enrique.

    • Enrique Fernández Lópiz

      Gracias Sara, me alegra que te haya gustado la crítica.

  2. Jordi P.

    Felicidades por tu crítica y por los consejos del final (muy necesarios). La película a mí me ha parecido más cargada de buenas ideas que excelente en su ejecución, aunque coincido contigo en que Mathhew McConaghey está genial. Felicidades.

  3. Enrique Fernández Lópiz

    Gracias por vuestras palabras tan estupendas. Y espero seguiros leyendo y viendo por aquí. Un abrazo y buena Semana Santa

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