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Cumbre del cine negro y Complejo de Edipo

Por Enrique Fernández Lópiz

Me encanta el cine de los años cuarenta. No sé si es normal o es una afición morbosa. Y no digamos los gánsteres que Hollywood retrató en aquellos entonces y de los cuales Cagney es uno de los actores mejor que ha interpretado este tipo de papeles. El cine negro de la película que ahora comentaré sí es realmente muy negro. Son negros sus personajes, negras sus historias y hasta la fotografía es en un blanco y negro maravilloso. Pero en este film, si bien de manera un tanto ingenua, o mejor, excelentemente ingenua, el gánster es un psicópata atrapado en la urdimbre de un gran Complejo de Edipo en el que la madre colabora activamente seduciendo y sometiendo al pobre pistolero loco y antisocial, a su antojo, según los dictámenes de su arbitrio materno-posesivo y enfermante.

Pero veamos, Al rojo vivo cuenta la historia de la banda de Arthur Cody Jarrett, quien asalta un tren correo donde hay varias víctimas. Cody es perseguido por los Federales que sospechan de él como autor del robo. Una vez preparada una coartada, se entrega a la policía, declarándose culpable, pero de otro atraco diferente, el cometido en un banco en el cual no hubo víctimas y que se produjo en la misma fecha, lo cual que lo condenan a sólo dos años de cárcel. Cuando el gánster ingresa en prisión, en un alarde de profesionalidad y heroísmo, Vic Pardo, que es policía, lo hace también, para introducirse en el meollo de los pensamientos y expectativas de Cody y los suyos, granjeándose su amistad; todo ello para establecer una conexión entre el gánster y el atraco al tren correo. Ya en la cárcel, Cody es informado de que un miembro de su banda se las entiende con su mujer; y recibe igualmente la noticia de la muerte de su madre, la cual también era parte de la banda. Junto a otro par de presos, Vic Pardo y Cody logran huir de la cárcel en una rocambolesca fuga. Una vez en libertad lo primero que hace Cody es matar al compinche liado con su esposa, al cual su mujer acusa de ser el asesino de su madre, aunque en realidad fue ella quien perpetró el crimen de la pérfida y peligrosa mujer que amenazaba matar a su amante.

Es en este el punto en que Cody planea un nuevo atraco a una refinería, tomando el ejemplo del caballo de Troya que aquí es sustituido por un gran camión cisterna en cuyo interior van los pistoleros, que logran introducirse dentro de la importante refinería petrolífera en busca de medio millón de dólares, el dinero de la nómina de los empleados. Pero Vic Pardo, que es descubierto, avisa a la policía y aborta el robo mientras Cody, subido en lo más alto de un depósito de petróleo, lo hace explosionar gritando a viva voz y en medio de las llamas el lema y mandato que su madre le había inculcado: “¡alcanzar la cima del mundo!”

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El experimentado director Raoul Walsh consigue dar forma con todos los resortes del cine negro de los cuarenta a una obra con una gran historia, emoción a raudales y un manejo excelente de los escenarios y de los propios actores, actores de talla superior.

El guión de Ivan GoffBen Roberts está inspirado en una novela de la insigne escritora Virginia Kellogg de título, White Heat. Es un libreto de los muy buenos, perfectamente hilado y con una tensión al alza en cada minuto de metraje, que apenas da tregua al espectador. Cine negro del bueno que justamente mereció una mención al Oscar de aquel 1949 por la historia que cuenta, o sea, por el guión.

Excelente música de Max Steiner, solemne y wagneriana que incluye contrabajos, instrumentos de cuerda y trompetas agudas, adaptándose al milímetro a la acción, la cual se combina en ocasiones con el sonido de las sirenas o el rugir del viento. Todo ello sugiere sentimientos de angustia y subraya el clima de violencia extremo que se vive en la pantalla. Esplendorosa fotografía en blanco y negro de Sid Hickox que logra un magnífico juego de luces y sombras, blancos y negros intensos, todos los grises, transparencias y brillos: los pendientes, las pulseras, los vestidos satinados, ¡una belleza! La cámara incluye algunos travelling sorprendentes realizados a gran velocidad en movimientos de giro similares a los de los coches que huyen.

En el reparto sobresale James Cagney, uno de esos actores sublimes que el cine americano ha dado; en este film, Cagney, que era hiperactivo, enérgico y le gustaba la tensión y el movimiento despliega todas sus habilidades para encarnar a Cody Jarrett, un gánster sin escrúpulos con un precario estado mental que le hace depender de su madre y padecer intensos dolores de cabeza a la vez que ser un individuo muy peligroso, todo un psicópata; Cagney hace un trabajo con un talento sin límite. Virginia Mayo está bellísima, más guapa que nunca y muy apropiada en el rol de mujer de Cody. Edmond O´Brien magistral como policía infiltrado. Margaret Wycherly perfecta como la rabiosa y absorbente madre de Cody. Steve Cochran estupendo como gánster amante de la esposa de Cody. Y acompañando John Archer, Wally Cassell y Fres Clarck, todos de diez para arriba.

Premios: en 1949 fue nominada al Oscar: Mejor historia. Además, esta cinta forma parte del AFI´s 10 Top 10 en la categoría “Películas de gánsteres”.

Es igualmente un film curioso a la hora de explicar los métodos que seguía la policía para atrapar a los asesinos en aquellos años, desde persecuciones vía telefónica hasta señales acústicas.

Tampoco hay que olvidar algo que ya he apuntado anteriormente, que esta película expone muy bien esa situación anómala pero que a veces se da en la realidad en mayor o menor medida, de la devoción materno-filial, de un hijo amantísimo de una madre ansiosa y autoritaria, lo cual se puede ver en la cantidad de veces que Cody Jarrett hace mención de su madre con el cariñoso diminutivo “Ma” a lo largo de la cinta. Tanto que a veces, una vez ya muerta ésta, él habla con ella a lo largo de sus solitarios paseos, su madre lo ha invadido con sus mensajes enloquecedores y sus directrices asesinas. O sea, también es una obra para psicólogos y psiquiatras.

Es una película, en fin, que para un buen aficionado al cine es imprescindible y casi de obligado cumplimiento. Un “Cagney que vuelve a demostrar sus innatas dotes de gran actor en esta vibrante entrega de intriga que supuso uno de los films más violentos del mítico Walsh” (Morales). En fin, una obra de gran fuerza, verismo y energía, y no creo errar si afirmo que es una de las cumbres del género.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=m0pxdZcc2wk.

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