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Cuando la privacidad y los derechos individuales saltan por los aires

Por Enrique Fernández Lópiz

En ocasiones, en esos momentos de reflexión que todos tenemos, me quedo asombrado, incluso alarmado cuando caigo en la cuenta de cuán vigilados y controlados estamos con esto de las nuevas tecnologías tipo Internet y otras, sin que nadie lance un fuerte grito de protesta y sublevación. Incluso los que somos apenas importantes institucionalmente o políticamente hablando, recibimos a diario multitud de correos electrónicos tipo Spam, publicidad, llamadas telefónicas para cambiar de operadora de Internet, en fin, Bancos, empresas diversas, organización de Congresos variados e incluso mailes de ricas herederas prometiéndonos millones de dólares nos llegan a todos a nuestras direcciones electrónicas o telefonía fija y móvil. Es evidente que esa gente ha obtenido nuestros datos de algún sitio.

Y nada que decir en el plano de los Servicios de Inteligencia de un país, de cómo los piratas informáticos o hackers se abren paso al centro de las industrias, las instituciones políticas y los propios ciudadanos. Estamos en tiempos delincuenciales amparados por un relativismo imperante, tiempos de pensamiento blando, de claudicación en los cuales nos conformamos con casi todo, incluida esta vigilancia y persecución universal que nos abruma, mientras nos ocupamos de asuntos baladíes y secundarios. Todo esto y más me ha hecho pensar esta interesante y controvertida película sobre la vida del joven informático al servicio USA. Como apunta Rodríguez Merchante, es preciso reparar en “lo que tiene de alarmante para todo ciudadano esa absoluta desnudez ante los ojos del poder, esa línea rota (y descubierta en sus filtraciones) entre lo público y lo privado, y esa certeza de servicio al bien mundial que pone en la cabeza de Snowden y el periodismo revelador […] Conceptos que tal vez ofrezcan dudas a buena parte de la opinión pública del mundo real, pero que, en la ficción, ni el director, ni su Snowden, ni su película, titubean en lo moral y útil de llevar luz a la tiniebla”.

Snowden es una película biográfica, ideológico-crítica y de suspense que aborda parte de la vida de Edward Snowden, basada en los libros The Snowden Files escrito por Luke Harding y Time of the Octopus de Anatoly Kucherena, el abogado ruso de Edward Snowden. Habla de los acontecimientos que acompañaron la publicación por parte del diario americano The Guardian de los documentos clasificados que aportó Edward Snowden sobre el programa de vigilancia mundial secreto de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) en 2013. Un mundo en el que el aparente curso de la vida está dominado por unas potencias que intentan mantener “un equilibrio” en el que la guerra es una mera tapadera hacia algo más grande conocido como control. “No se trata del dinero, no se trata del poder. Esto es solo cuestión de principios”.

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Porque lo que Snowden revela a The Guardian y posteriormente recogen otros medios de prensa como The Washington Post, es que el FBI y la NSA han recabado datos de Microsoft, Yahoo, Google, Facebook, PalTalk, AOL, Skype, YouTube y Apple. Conversaciones, llamadas y mensajes privados de millones de personas, en los que la intimidad, la privacidad y los derechos fundamentales de todo individuo vuelan por los aires.

El controvertido Oliver Stone dirige esta cinta con inesperada contención y buenas dosis pedagógicas y de trasparencia, y reprimiendo bastante “su tendencia al montaje paranoico en un trabajo inesperadamente sobrio” (Costa). En Snowden asistimos a la obra de un Stone más moderado de lo común, “sin la suficiente fuerza hiperbólica para retratar el alcance de su objeto de estudio, quizá porque opta por acercarse a él a través de su parcela íntima y de las dudas que le acarrea convertirse en un héroe de las libertades individuales por obligación moral” (Beatriz Martínez). Como ya he apuntado, el guión es del propio Oliver Stone junto a Kieran Fitzgerald, basados en gran parte en la obra The Snowden Files del periodista británico Luke Harding, que trabajó en The Guardian. El guión está bien construido pero me parece que tiene un perfil bajo que lo hace pasar de puntillas y donde lo que se resalta meridianamente es la idea de que el patriotismo es algo más complejo de lo que solemos hablar el común de los mortales, no sé si para justificar en parte la supervigilancia a que estamos sometidos o si hay alguna otra razón espuria para subrayar este mensaje. Buena la fotografía de Anthony Dod Mantle.

Oliver Stone visitó nueve veces en Moscú a Snowden por el que sentía una particular simpatía. Stone dijo sobre Snowden en su film: “Mi intención no ha sido describirlo como un héroe sino dejar que cada espectador decida por sí mismo quién es Snowden”. A lo que añadió: “Es cierto, por otra parte, que lo vi una persona transparente. No me pareció justo que la película le atribuyera defectos que no tiene”. Y ya en el plano político resaltó que: “EEUU se ha convertido en el Estado de vigilancia más desarrollado de la historia, más que la RDA“. Y que “hay que ser muy cauto frente a aquellos que dicen protegernos”. Pues: “Después de todo, es lo mismo que los nazis le dijeron al pueblo alemán en los años 30, y lo mismo que cualquier fascista proclama al llegar al poder. Yo no quiero ese tipo de protección. Además, ¿qué hacen realmente por nuestra seguridad? ¿Acaso evitaron el 11S?”. Claro como el agua clara, ya sólo hacen falta ojos para ver y oídos para escuchar.

En el reparto sobresale un Joseph Gordon-Levitt que hace de manera correcta su rol de un Snowden intimista en su relación con su novia, a la vez que informático de alto nivel en la urdimbre que debe ser la CIA y etcéteras; pero el buen chico que interpreta Gordon-Levitt le hace perder esa capacidad de resultar incisivo, ofreciendo la semblanza de un joven blando y edulcorado. Shailene Woodley está muy mona y sintoniza con su pareja espía. Melissa Leo muy bien. Zachary Quinto convincente. El gran Tom Wilkinson está como nunca en su papel de periodista de The Guardian. Estupendo Nicolas Cage. Y un equipo de actores de reparto de calidad como Rhys Ifans, Timothy Olyphant, Scott Eastwood, Joely Richardson, Jaymes Butler y Ben Achnetzer.

La verdad es que siendo un metraje de cerca de dos horas y cuarto, te mantiene atento a la pantalla y se sigue con gran interés la historia de “ese hombre joven, de derechas, con sentido de la justicia, capaz de soportar exilio, acorralamiento, quiebra de lo que más apreciaba en su vida cotidiana, con sabiduría precoz sobre el mundo de Internet, que decide hacer público un descubrimiento terrorífico […] Da mucho miedo Snowden” (Boyero).

En resumen, estamos ante una película que aborda de manera franca la falta de libertades en nuestra contemporaneidad, lo que ofrece la oportunidad a quien vea la obra para pensar si prefiere más seguridad o más libertad. Aconsejo esta cinta como documento importante para la reflexión y la toma de posicionamiento en tan controvertido tema que afecta incluso a los intereses de las poderosas empresas de armamento y militares en general.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=9KyltHXrxVk.

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