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Cuando la palabra “puta” pierde su significado

Por Manuel G. Mata

Antes de comenzar mi crítica, os diré que estoy a favor de la prostitución siempre y cuando se regule, es decir, creo que las prostitutas deberían tener los mismos derechos que cualquier trabajador, que paguen SS, IRPF y demás impuestos, que coticen y tengan derecho a una pensión de jubilación, etc. Pero, sobre todo, que ejerzan el oficio libremente, sin nadie que las explote o las obligue a prostituirse contra su voluntad. La prostitución siempre ha existido y siempre existirá.

Evelyn, debut en la dirección de Isabel de Ocampo, nos cuenta la historia de una de estas prostitutas, la de la pequeña Evelyn. Evelyn llega a España para trabajar como camarera en una cafetería, el problema es que Evelyn es engañada, violada, drogada, maltratada, humillada y despreciada. Evelyn no es una prostituta, es una víctima.

La directora consigue contar una historia universal de una manera loable, casi todos conocemos el drama de estas chicas, por todos es sabido que detrás de cada club de alterne hay una mafia que maneja a las chicas a su antojo y lo más probable es que ni la propia directora sepa cuanto de verdad hay en su película, pues estoy seguro que llega a ser en muchos casos más heavy (y eso que la realizadora nos narra la historia con una muy buena estructura) que en la propia ficción.

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Aunque a nivel interpretativo la cinta es bastante floja, lo cierto es que de Ocampo consigue atrapar al espectador al contar su cinta con un poderoso guión, bien entramado y sobre todo muy dinámico, pues desde que comienza consigue convencernos y meternos en la piel de la protagonista. A mi juicio, le falta drama y violencia, hay sucesos (si nos centramos puramente en la narración, dejando a un lado la peligrosa temática) que se solventarían con arrebatos de ira, que cortarían por lo sano, y creo en ese sentido que se ha suavizado un poco el dolor, no obstante, bien es cierto que la directora en vez de centrarse sólo en el drama físico (en la cinta además no se ve ningún pecho) se centra en el drama psicológico, ya no solo el de Evelyn, sino el de sus compañeras de batalla.

Una película digna de ver, muy entretenida narrativamente, pero muy dolorosa, muy cruda y que se debería usar como herramienta de conciencia, pues detrás de la puta que va medio en bolas, que te toca el paquete, que te dice que te la chupa por 50 y te folla por 80, detrás de esa puta que no vale lo que pide, hay una mujer luchadora que pierde la dignidad día tras día para poder darle de comer a su familia, para protegerla y para poder salvar su vida. Tras esa sonrisa que te dice «guapo, invítame a una copa» hay un océano de lágrimas, un montón de moratones y un sueño que quieren borrar a base de droga y hostias.

Una pena que no haya llegado al gran público y una pena una producción con una temática tan conmovedora no haya tenido la distribución que se merece, pero es lo que tiene el cine español que, poco a poco, como la buena de Evelyn, pierde la esperanza.

Prostitución sí, pero no así.

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