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Cuando la belleza recrea lo espeluznante

Por Enrique Fernández Lópiz

Esta maravillosa película de Roman Polanski nos cuenta la historia verídica de Wladyslaw Szpilman, excelente pianista polaco de origen judío, que habitaba en Varsovia tranquilamente con su familia hasta la salvaje invasión alemana al país. Entonces, todos los suyos y él mismo fueron recluidos en el Ghetto varsoviano. Con la ayuda de algunas amistades, Szpilman logra evitar la deportación a los campos de exterminio nazis. Pero aun así, tendrá que vivir escondido y con su vida constantemente pendiente de un hilo, aislado, pasando hambre y todo tipo de penurias. Para sobrevivir tendrá además que afrontar peligros constantemente, el último de los cuales pone el punto y final al film con un desenlace imprevisto y estremecedor.

No hay que olvidar que el polaco Polanski, nacido en 1933, contempló con su mirada de niño los horrores que el propio cineasta ha recreado en esta obra brillante sin paliativos; y lo hizo en otro Guetto: el de Cracovia. El rodaje de la película empezó en 2001, en los Estudios Babelsberg, en Alemania. Para ello fue preciso recrear el Guetto de Varsovia y de la ciudad circundante. Aunque la guerra dejó la ciudad en ruinas, la mayor parte de la misma se reconstruyó para la película, con el aspecto que se supone tuvo durante la guerra. Para ello sirvieron viejos barracones soviéticos que reprodujeron una veraz visión de la ciudad en ruinas. Igualmente se utilizó una antigua casa en Potsdam, un abandonado Hospital soviético en Beelitz y el rodaje continuaría en los mencionados Estudios Babelsberg. La puesta en escena, los efectos de guerra y disparos, el vestuario, vehículos, armamento, etc., están extremadamente cuidados y dan una sensación de autenticidad total. Una reconstrucción hermosa a la vez que espantosa que logra conmover al espectador.

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Siempre que veo buenas películas sobre el Holocausto nazi, me pregunto cómo en el curso de apenas setenta años, Europa ha podido digerir y cauterizar las heridas de una de las barbaries más grandes jamás conocidas en la Historia humana. Y también reflexiono sobre el enorme esfuerzo en todo sentido, que ha supuesto la unión de los países europeos, y cómo, desde aquel entonces, salvo la excepción terrible de la ex Yugoslavia en los años noventa, el resto de los europeos hemos vivido en paz y concordia.

Película con una dirección propia de un auténtico maestro, tal Roman Polanski; genial guión de Ronald Harwood basado en un libro escrito por el protagonista de la historia, el músico Wladyslaw Szpilman. Fotografía nítida de Pawel Edelman que expone a las claras los horrores de la tragedia (una fotografía que expresa más que mil palabras de diálogo). Y la música, coordinada por Wojciech Kilar; en la mitad de la película suena la Suite para violonchelo nº 1, BMW 1007 de J. S. Bach; cuando Hosenfeld le pide una interpretación a Szpilman, éste toca la Balada nº 1 Op. 23 de Chopin, aunque en realidad Szpilman toca varias partes de la obra, puesto que su duración total es de casi 10 minutos. Y durante los títulos de crédito del final de la película, Szpilman toca, con acompañamiento orquestal, la Gran Polonesa Brillante de Chopin. Música toda ella que eleva por el aire el tono terrible del film.

El reparto es sensacional, con actuaciones memorables como la del protagonista interpretado por Adrien Brody, al cual se une un elenco de excelencia como Thomas Kretscschmann, Maureen Lipman, Ed Stoppard, Emilia Fox, Frank Finlay, Julia Rayner o Jessica Kate Meyer: un equipo actoral de lujo.

En su curriculum de 2002, esta obra posee los siguientes méritos: 3 Oscar: Mejor director, actor (Adrien Brody), guión adaptado. 7 nominaciones. Globos de Oro: 2 nominaciones: Mejor película y actor drama (Adrien Brody). Festival de Cannes: Palma de Oro. 2 premios BAFTA: Mejor película y director. 7 nominaciones. 7 Premios Cesar incluyendo mejor película, actor y director. 10 nominaciones. Premios David de Donatello: Mejor película extranjera. Premios Goya: Mejor película europea. Critics’ Choice Awards: Nominada a mejor película y mejor director ¿Quién da más?

El pianista es ante todo una memorable película de Roman Polanski, que ambienta con brillante realismo la tragedia de la invasión alemana y los preámbulos del Holocausto judío en el Guetto de Varsovia, un lugar restringido de la ciudad polaca donde malvivieron en condiciones indescriptibles de horror y penuria, hacinados, cerca de cuatrocientos mil judíos polacos. Una prisión donde no existía la dignidad, donde se mataba caprichosamente por el mero hecho de llevar una estrella de David en el brazalete, donde se sufría moral y físicamente al límite, donde los mínimos valores humanos no existían y un espacio maldito, al fin, que quizá nadie habría podido imaginar fuera de las márgenes del horror nazi. Y Polanski narra la supervivencia judía con crudeza pero sin caer en efectismos. Estamos ante un profundo y emotivo análisis de los hechos, un film de alcance histórico y de comprometida, imborrable y absorbente sinceridad y hermosura.

Algunos opinan que Polanski ya era sabedor de que Spielberg había dado la puntilla definitiva al salvajismo hitleriano con su también enorme film La lista de Schindler, que ya comentamos aquí en su momento. Y que tal vez por ello, en este film se centró en la perversa y trágica antecámara de los campos de exterminio. Todo esto sucede en la primera parte de la cinta, que cuenta esta cruda realidad de manera formidable. Y cómo, desde esta realidad, la película se eleva a cotas de interés extraordinarias que hacen que no te muevas un ápice de tu asiento. La historia de un hombre solo capaz de transitar una auténtica odisea macabra de penalidades, que culmina con la espeluznante y a la vez bellísima escena de la secuencia del pianista ante la imponente presencia de un oficial alemán.

En resolución: película sobresaliente, superlativas actuaciones, destacado desenlace y una trama histórica veraz a la par que espeluznante. Una maravilla, una auténtica maravilla. Si no la han visto, véanla. Y si piensan un poco en lo que fue nuestra reciente Historia y lo que es hoy, verán que cuesta trabajo imaginar nuestra actual Europa en la que parece que no pasó nada. Al revés: ¡Alemania mandando de nuevo! Ojito.

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