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Cuando el teatro es cine de manos de Polanski, Ives y Sacher-Masoch

Por Enrique Fernandez Lópiz

En la película, Thomas, el escritor que ha adaptado una importante novela del siglo XIX, después de todo un día en el teatro haciendo casting, pruebas a diferentes actrices, y cansado de no encontrar más que vulgaridad y poco talento en aras a una actriz para el papel principal, se topa, cuando se dispone a marcharse del teatro, con una atractiva mujer de nombre Wanda, una mujer de gran energía. Wanda encarna justo lo que Thomas detesta: es vulgar, mal hablada, aparentemente inculta, con trazas de imprudente y atontada, pero sobre todo, una mujer que no está dispuesta a dejar pasar su oportunidad de interpretar el papel de protagonista en la obra. Y Thomas, en un momento de “debilidad”, deja que Wanda pruebe suerte y para su sorpresa, la chica no sólo se sabe el papel de la obra al dedillo, maneja la luminotecnia del teatro y goza de un envidiable físico, sino que sobre todo es una intérprete brillante que conoce perfectamente al personaje que ha de interpretar; o sea, durante la prueba la joven sufre una transformación desconcertante convirtiéndose en la dama sensual y distinguida, imaginativa, despótica y maligna que exige el personaje de la obra.

Se trata de un film que es en realidad una obra de teatro llevada al cine por Roman Polanski con su maestría habitual, al que no le falta excentricidad e ingenio clásico al mismo tiempo. El guión es del propio Polanski junto al autor teatral Davis Ives. Ives se inspira en la obra La Venus de las pieles (Venus im Pelz), una novela perturbadora que sobre las relaciones sadomasoquistas escribió Leopold von Sacher-Masoch en el siglo XIX, dentro de una serie de libros (El legado de Caín -inacabado). La novela que inspira la película es el libro que trata el tema del amor y el masoquismo. Además, puede resultar de interés que sepamos que La Venus de las Pieles está basada en la propia vida y experiencias de Sacher-Masoch, quien en 1869 firmó un contrato con otra conocida escritora de la época, Fanny Pistor, para ser su esclavo durante seis meses de crueldades de parte de ella.

Yendo al film, estamos ante una obra ya probada con éxito irrefutable en los escenarios de Brodway y versionada cinco veces en el cine. En este caso, la película es conducida por un guión de una pieza, sin fisuras y de tal enjundia y profundidad que no hay que perderse palabra para interiorizarse de la compleja urdimbre que teje. Un duelo de poderes donde se entrelazan sometimiento, dominio, sadomasoquismo -más mental que físico-, machismo y misoginia, feminismo o sensualidad, todo ello aliñado con los ingredientes del amor y el odio entre el hombre y la mujer. En su tratamiento, se muestra un juego psicológico muy sofisticado en el cual las cosas no son lo que parecen, caminando el desenlace hacia un fin insospechado. Acompaña al film una excelente música de Alexandre Desplat, y una fotografía intimista que juega con el color penumbroso del escenario de un teatro, de forma magistral.

En lo que toca al reparto hablamos de dos únicos protagonistas: Emmanuelle Seigner (esposa de Polanski), que está brillante y resulta ser una fresca revelación ora burda, ora refinada; y de otro lado Mathieu Amalric, que labra una interpretación genial, creíble, sin exabruptos ni histrionismo. Ambos sostienen en exclusiva actoral la película con absoluta solvencia y excelencia.

La película es ante todo económica. Y no me refiero sólo a lo dinerario, pues en este sentido es un film que con toda probabilidad ha precisado de escasos recursos económicos, sino también en lo que toca a hacer una obra importante, el traslado de un éxito en los escenarios de Nueva York, con gran fidelidad y el mínimo esfuerzo. Y esta es, pues, una característica esencial de este film, una obra económica en todo sentido: en dinero, recursos y según parece realizada con soltura y sin aprieto o gran costosidad de recursos humanos; al menos aparentemente. Empero, lo cocinado, por más que de bajo coste, es muy sabroso: exquisito. Y eso que al principio, la película te rezonga un poco, pues eso de dos actores dentro de un escenario y nada más, es siempre perturbador para el espectador. Pero como apunta Boyero: Polanski dispone de un teatro como único escenario, su virtuoso sentido de la cámara, una actriz y un actor. Si te fallan los últimos, el invento se te viene abajo […] en La Vénus à la fourrure los protagonistas son su esposa Emmanuelle Seigner (actriz habitual en sus películas, aunque no excesivamente memorable, si exceptuamos su voluptuosidad) y por Mathieu Amalric, un señor cuyo parecido físico con Polanski es alarmante […] Polanski extrae con talento todo lo que pretende de sus intérpretes, aporta su malicioso sentido del humor, sale triunfador del osado experimento. No es una película deslumbrante, pero sí divertida y con un punto de inquietud.”

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La obra que originariamente ilumina todo el entramado, la novela de Masoch, inspira la idea de masoquismo, como la obra del Marqués de Sade da nombre al concepto de sadismo. Desde luego el uno no puede vivir sin el otro, o sea, no hay masoquismo sin sadismo. Masoch, en su novela hace que el personaje masculino, al igual que él mismo hizo en la vida real, extorsione a Wanda von Dunajew –el personaje femenino de la novela-, para conseguir que trate como esclavo a Severin, el varón protagonista, en formas cada vez más humillantes: “El dolor posee para mí un encanto raro, y nada enciende más mi pasión que la tiranía, la crueldad y, sobre todo, la infidelidad de una mujer hermosa”, escribe Masoch. Wanda, enamorada, aunque reluctante, acepta su petición: Tengo miedo de no poderlo hacer; pero lo ensayaré por ti, bien mío, a quien amo como nunca amé a ninguno”. Severin describe sus sensaciones durante esta etapa como suprasensuales”.

Esta historia, por perversa y aparentemente apartada del común de los mortales, puede que nos parezca ajena a nosotros y a las vidas de quienes conocemos. Sin embargo, no deja de tener sus paralelismos en la cotidianeidad de muchas parejas en su nido de amor. Pues que el amor no es mera gloria para el espíritu ni goce permanente, tiene también su esfera de relaciones donde no es raro que él o ella le haga daño al otro, con sucesivos intercambios de papeles. Son, como dice la teoría transaccional de la comunicación, fórmulas de intercambio complementarias, en la que uno/a castiga mientras el otro es castigado. Y no me refiero a la agresión o el castigo estrictamente físico, sino sobre todo al psicológico y social. Esta situación en la que por lo que sea se invierten los roles de los amantes y el que hiere ahora, pasa luego a ser receptor de la agresión y el que recibe los dardos de su amada/o; como que cada cual recibe lo que implícitamente pide: ¡es tan común en las parejas! Este fenómeno se conoce como “relaciones sado-masoquistas”, y son maneras de intercambio que se prolongan en el tiempo porque cada uno agrede o es agredido según la situación, cerrándose el bucle de una forma de vinculación complementaria, pero evidentemente desaconsejable. Y, ojo, el sadomasoquismo no necesariamente se circunscribe al ámbito sexual, sino que abstrayendo el tradicional concepto psicopatológico, se prolonga en la vida de relación y amorosa en general, en parejas constantemente en disputa. Y es esto lo que en gran medida trata esta película desde mi modo de ver.

Evidentemente es una película minoritaria, de difícil acceso y requiere de una especial sintonía espectador-film que si no se produce, se corre el riesgo de caer en un sueño profundo o en la tentación de marcharse de la sala. Pero si eres cómplice de la peli y logras meterte en ella, puedes disfrutar de esta obra postmoderna –e igual clásica- que Polanski dirige con el nervio que le caracteriza, con cámara inquieta y detallista. Es entonces cuando puedes quedar “preso de patas en él”; o sea, puedes quedar cautivado por la trama y el ambiente tenebroso e incluso enfermizo que se va generando entre los actores y en un ambiente cerrado. Polanski con esta película puede atraparte, encerrarte durante 96 minutos conmovedores de pasión descarnada, en una tempestad que se inicia fuera del teatro y que acaba desnudando a sus protagonistas entre las cuatro paredes del escenario. Y confieso que ¡eso me pasó a mí! Sin embargo no me atrevería a recomendar la película a nadie, por el riesgo de que alguno de los recomendados no me vuelva a mirar a la cara.

Yo, que siempre soy contrario a confundir teatro y cine, caigo rendido a los pies de esta obra de profundo calado emocional, pues como apunta Blanca Paz: A pesar de partir de una obra de teatro, el director franco-polaco toma protagonismo a través de su cámara y esta vez rompe la cuarta pared logrando que nos olvidemos del escenario en una fascinante mezcla entre cine y teatro, entre realidad y ficción, en un viaje hacia una delirante locura al más puro estilo Polanski.” Yo no lo habría podido decir mejor.

La película acaba con una cita, aparentemente misógina del Libro de Judith, 16, Cap. VII en la que se dice: Dios le castigó poniéndole en manos de una mujer”. Y el propio Sacher-Masoch escribió: “A vosotros los modernos, a vosotros los hijos de la reflexión, os incomoda el amor entendido como goce supremo, os incomoda la divina jovialidad. Ese amor os trae desgracias. Os hacéis vulgares en cuanto queréis mostraros naturales. La naturaleza se os presenta como algo hostil; a los risueños dioses de Grecia nos habéis convertido en diablos y a mí, como a todas las diosas, me habéis transformado en una diablesa. Lo único que sabéis hacer es, o bien desterrarme y maldecirme o bien inmolaros como víctimas ante mi altar, poseídos por una locura propia de bacantes; y si uno de vosotros ha tenido alguna vez la osadía de besar mis rojos labios, peregrina descalzo y con hábito de penitente a Roma y aguarda con paciencia que florezca su seco bastón, mientras bajo mis pies brotan a todas horas rosas, violetas y mirtos, cuyo perfume no percibís.”

Finalmente, diré, por si alguien se olvidó o no lo recuerda, que Judith como personaje bíblico fue según la historia una mujer hebrea, viuda, virtuosa, culta, bella y rica, que vestía el hábito de la penitencia y ayunaba casi diariamente. Pues bien, Judith advierte que el general invasor, Holofernes, se ha enamorado de ella. Entonces, acompañada de su criada, desciende de su ciudad amurallada –Bethulia- que se encuentra sitiada por el ejército extranjero y seduciendo al general, consigue entrar en su tienda de campaña. Una vez dentro, en lugar de acceder a los galanteos de Holofernes lo hace beber hasta emborracharlo, y cuando al fin cae cae dormido, Judit lo degüella (¡nada menos!) sembrando el desconcierto en el ejército babilónico y obteniendo la victoria para Israel. Y a propósito de este episodio, que es en cierto modo una “condensación metafórica” de esta película (si prescindimos de las connotaciones patrias), y para cerrar con uno de nuestros grandes clásicos este comentario, dejó aquí un soneto del gran Félix Lope de Vega y Carpio (1562-1635), concretamente el soneto LXXVIII, incluido en Rimas Humanas (1602), que se se titula Al triunfo de Judith:

Cuelga sangriento de la cama al suelo
el hombro diestro del feroz tirano,
que opuesto al muro de Betulia en vano,
despidió contra sí rayos al cielo.

Revuelto con el ansia el rojo velo
del pabellón a la siniestra mano,
descubre el espectáculo inhumano
del tronco horrible, convertido en hielo.

Vertido Baco, el fuerte arnés afea
los vasos y la mesa derribada,
duermen las guardas, que tan mal emplea;
y sobre la muralla coronada
del pueblo de Israel, la casta hebrea
con la cabeza resplandece armada.

Lope de Vega

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Comentarios

  1. Miguel Ávalos

    Mathieu Amalric parece el hermano gemelo de Roman Polanski, cualquiera diría que el director pasó por una clonadora.
    Talento innegable el de este Actor.

    Emmanuelle Seigner me parece una Actriz, no solo con un nivel impecable, sino para mi gusto bastante guapa, cuanto menos con un encanto muy especial. Una verdadera lástima que no haya sido vista en producciones de Hollywood mucho más, pero que le quiten lo bailao.

    Roman Polanski es todo un genio. No hace falta decir nada más. Excepto que La Venus de las Pieles es una obra maestra.

    Lo mismo digo de ti Enrique, ya había leido más críticas tuyas de tremendo nivel, pero esta te ha quedado sencillamente de genio.
    ¡Felicidades por el curro que has pegado! ¡Un abrazo y gracias por esta crítica!

    • Enrique Fdz. Lópiz

      Yo también dudé los primeros minutos de esta peli si era Polanski o Amalric.

      Y lo de Enmanuelle la tengo fichada desde que protagonizó, también con Polanski, FRENÉTICO en 1988 (¡ya ha llovido!), de ella en esa peli comenté: “… también es destacable la actuación sensual y un tanto alocada de la hermosa Emmanuelle Seigner, que se mueve como pez en el agua ante la cámara y resulta excitante verla tan bonita en las diferentes escenas que interpreta…”; y sí, no ha sido aprovechada en su justa medida para el cine.

      Y GRACIAS por tus alentadoras palabras; desde luego, si me permites la expresión, tú también eres un máquina!!!

      Un abrazo amigo. Enrique

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