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Cuando el espectador se convierte en protagonista: te impresionará

Por Enrique Fernández Lópiz

En La habitación, Joy Newsome y su pequeño hijo Jack de cinco años viven en un pequeño cobertizo aledaño al jardín de una casa. Están atrapados en un reducido cubículo sin ventanas, con un dormitorio que incluye cocina, retrete, bañera, la importante Televisión, capaz de crear un universo de ficción en el niño, y una claraboya inalcanzable en el elevado techo. A ese lugar la madre lo llama eufemísticamente ‘La habitación’. En esa pequeña habitación el único vestigio del mundo exterior es a través de la TV o por la claraboya: los rayos de sol o una hoja muerta sobre el cristal. Ese es el mundo de fuera para el niño Jack. La habitación es su lugar de nacimiento, ahí ha ido creciendo, ahí juega, se relaciona con su madre y aprende de ella, hace gimnasia y celebra sus cumpleaños. Jack, nacido en cautividad, no conoce otro mundo que la habitación de apenas tres por tres metros. En ocasiones su madre hace que el niño duerma dentro del armario. Esto ocurre cuando viene el siniestro secuestrador de apodo “viejo Nick” a mantener relaciones con Joy, a la que utiliza a modo de esclava sexual. Como apunta Rodríguez: Durante las primeras secuencias, el tono de cuento infantil de esa relación aún no deja entrever el matiz erizado de que estamos en una historia estremecedora, aterradora y jamás contada antes”.

Mientras que para Jack ese es su hogar, para la madre es el cubículo donde lleva siete años de encierro tras haber sido raptada a los diecinueve años en una localidad de Cleveland (Ohio), cuando iba camino a la Universidad. Con gran creatividad y empeño, la joven madre ha creado en ese reducido hábitat un lugar donde pueda desenvolverse de la mejor manera la vida de su hijo. Su amor por él es lo único que le permite soportar la reclusión y la vejación diaria. Cuando Jack cumple cinco años y ya puede comprender mejor las cosas, su madre le cuenta que fuera hay un mundo, le explica como mejor puede la existencia de otro lugar a parte de la habitación, y comienza a urdir un plan para escapar de su captor, con la ayuda del niño. Finalmente, tras una estrategia muy medida, el niño logra salir al exterior y contactar con la policía. Madre e hijo quedan finalmente libres. Pero comienza entonces para ambos una vida nueva, una existencia llena de conflictos, tras tanto tiempo de reclusión. Por una parte el conocimiento de la realidad física y social para el niño, y de otra parte el gran trauma que ha significado para su madre tanto tiempo secuestrada. Así las cosas, la vida de ambos no es sencilla, y sólo muy lentamente se van acomodando a su condición de personas libres.

El director dublinés Lenny Abrahamson monta en este su quinto largometraje, una obra de enorme calado emocional, pues sabe reflejar el confinamiento, desde la perspectiva del pequeño Jack, lo que llena de maravilla y ensueño el relato en sus inicios. De esta manera, consigue que lo sórdido y mezquino de la situación quede amortiguado por la esfera de ocultación, imaginación, fantasía y cuentos que la madre le va relatando a Jack. No he podido dejar de acordarme del film La vida es bella de Roberto Begnini (1997); en esta película el padre hace creer a su hijo de cuatro años que el horror del campo de concentración nazis donde se encuentran, es meramente un juego, una payasada, a fin de que el niño no sufra. Aquí, Abrahamson coloca en la madre esa capacidad para hacer creer al niño que vive en un mundo ilusorio con sus atractivos incluidos. Resulta así, como escribe Llopart: …una estremecedora fábula de tenacidad: la reafirmación de la vida en medio de las circunstancias más angustiosas. También, y ya desde una historia real, no dudo que Abrahamson ha tenido noticia del horror de la mujer austriaca Elizabetz Fritzl, secuestrada por su padre durante décadas, lo cual que es probable que esta historia esté igualmente en el punto de arranque de la película.

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El guión de Emma Donoghue es excelente; adapta su propia novela, Room de 2010, que fue finalista del Premio Booker y ganadora del Irish Book Award; todo un Best Seller internacional. Como aspecto destacable el guión tiene unos monólogos interiores del niño Jack, que desprenden ingenuidad y una entrañable y trágica inocencia; además, hace un profundo análisis de los personajes. Tiene la trama momentos de enorme tensión en que el ritmo cardíaco del espectador se pone por encima de las ciento veinte pulsaciones, como cuando Joy enrolla a Jack en la alfombra y el “viejo Nick” lo saca fuera de la habitación sin que se sepa qué cosa va a ocurrir: de infarto.

Me gustó mucho la música de Stephen Rennicks, que siendo sencilla, está empleada con gusto y no resulta machacona o pesada. La fotografía de Danny Cohen se adapta a la perfección a las dos diferenciadas partes del film.

En el reparto luce con luz propia en una interpretación de auténtico lujo Brie Larson como Joy Newsome, la joven madre, ganadora al Oscar como mejor actriz, amén de otros premios; un rol dramático llevado al límite del virtuosismo actoral femenino; Larson está inconmensurable. El pequeño Jacob Tremblay resulta maravilloso en el papel de hijo, rol que sabe llevar a la perfección; uno de los mejores actores infantiles que he visto en la pantalla en mucho tiempo y que incluso llega a robarle protagonismo a Larson. Joan Allen muy bien, una interpretación con fuerza, como madre de la hija raptada. William H. Macy, brillante en su breve papel como Robert Newsome. Y acompañan con un gran nivel Megan Park, Amanda Brugel, Sean Bridgers, Joe Pingue, Chantelle Chung, Randal Edwards, Jack Fulton y Kate Drummond.

En esta película no hay grandes travellings ni pretenciosos movimientos de cámara o planos secuencia impactantes. Pero sí tiene un montaje tenso y vibrante (sobre todo en la primera parte) y un gran diseño de la habitación, como microcosmos elaborado al detalle. Es decir, una gran puesta en escena hecha con un rigor y una austeridad monacal inquietante, que dibuja un entorno de desazón y desamparo, un ambiente viciado y sofocante, con un sobrio uso de la iluminación. Esto, versus la luminosidad de la segunda parte que, empero, encierra subterráneamente un gran torrente de inquietud.

Premios y nominaciones en 2015: Premios Oscar: Mejor actriz (Brie Larson). 4 nominaciones, incluida mejor película. Globos de Oro: Mejor actriz (Brie Larson). Premios BAFTA: Mejor actriz (Brie Larson). Festival de Toronto: Mejor película (Premio del público). American Film Institute (AFI): Top 10 – Mejores películas del año. Independent Spirit Awards: Mejor actriz (Brie Larson) y guión novel. National Board Review: Top 10, actriz (Larson), actor revelación (Tremblay). Sindicato de Actores (SAG): Mejor actriz (Brie Larson). Critics Choice Awards: Mejor actriz (Larson) e intérprete joven (Tremblay). Asociación de Críticos de Chicago: Mejor actriz (Larson) e intérprete revelación (Tremblay). Premios Gotham: Nominada a Mejor actriz (Brie Larson). Satellite Awards: 4 nominaciones incluyendo mejor película y director ¡Todo un lujo!

La película tiene dos partes. La primera es toda una recreación asfixiante magistralmente bien llevada, dentro de la habitación, de lo que a todas luces ha sido el rapto de una joven y su hijo. Al poco sabremos que el niño es hijo del raptor, un tipo demente a todas luces. Como escribe Luchini, esta parte es … claustrofóbica, opresiva, angustiosa, desesperada, desoladora, dolorosa como un puñetazo en la boca del estómago, es una obra maestra absoluta, sesenta de los minutos más intensos, perturbadores e inolvidables de la historia del Cine. La segunda parte, sin ser tan opresiva no es menos angustiosa y dramática, pues en ella se dibuja la confrontación de madre e hijo con un mundo del que han desparecido durante siete años. Ambas secciones conforman un film de excelente factura donde todo juega: dirección, guión y reparto, entre otros.

Y quiero aportar una sucinta reflexión para educadores, psicólogos y público en general, sobre cómo el niño conoce el mundo. Cuando su madre le explica a Jack que fuera de la habitación hay otro mundo diferente al que ve en TV o por indicios, en la claraboya, el niño queda extrañado. Pero es ya un niño de cinco años, un niño con capacidad de comprensión, con lenguaje, con recursos sobrados para representarse mentalmente las cosas, etc. Los niños, como dijo el Sabio de Ginebra, el eminente psicólogo Jean Piaget, en su interacción con los objetos y las personas que les rodean, “construyen” una imagen del mundo físico y social. El niño de esta historia ha tenido la fortuna de haber permanecido junto a una madre que lo ha educado y le ha transmitido lenguaje, alegría y también normas. Es un niño que ha elaborado una concepción sobre muchas parcelas de la realidad. Pero le falta conocer el mundo externo, el que está más allá de sus propias narices. Y resulta escalofriante en el film, cuando Jack logra salir al exterior y ver la luz del día por primera vez en su vida, conocer las cosas vistas en perspectiva (antes lo más lejos de su visión habían sido apenas tres metros), ver los cables aéreos de la luz, automóviles, y otras personas y animales: el chiquillo está perplejo, inundado por tanta cosa que ignoraba, que no había podido construir internamente!!; es como un curso intensivo de “realidad” en apenas unos minutos. Estas escenas que ya veréis quienes vayáis a esta película, son de impresión.

Estamos ante una obra que en el fondo significa toda una experiencia para el espectador, que vive el drama y la perfidia de la situación por la que atraviesan Joy Newsome y su pequeño hijo Jack. Conforme visionamos la cinta, sin quererlo, nos interiorizamos de lo que Jack vive, siente y hasta respira. Jack, interpretado por el genial niño actor Jacob Tremblay, sabe trasladar su experiencia al espectador, lo cual que el espectador acaba siendo en cierto modo protagonista de esta siniestra historia. Y ocurre tanto en el recinto de reclusión, como en la segunda parte, cuando la reclusión es ya psicológica, la de no poder desprenderse de todo el padecimiento anterior y tener que hacer un esfuerzo sobrehumano, hijo y madre, para readaptarse a un mundo que resulta nuevo para ellos. Por eso La habitación, más que una mera película, es una experiencia única que hay que ver.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=E_Ci-pAL4eE.

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Comentarios

  1. Pedro Romanosky

    Acojonante. Su primera parte es buena a rabiar, la segunda, inesperada para mi, decae un poco, pero es igualmente buena.

    • Enrique Fernández Lópiz

      Me alegro. Saludos

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