Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Cuando el amor se vuelve obsesión

Por Jorge Valle

Repasando la filmografía de ese genio del séptimo arte llamado David Fincher, uno constata la habilidad de este director para la intriga, el suspense, la tensión, la incertidumbre y la angustia. También para enganchar e implicar emocionalmente al espectador de principio a fin, sin caer nunca en el tedio o el maniqueísmo. Unas cualidades que pueden hacerse extensivas a Perdida (2014), su última película basada en la aclamada novela homónima de Gillian Flynn, y que insiste en mostrar la peor cara del ser humano, aquella dominada por los celos, el odio, el control obsesivo y la traición, a través de un matrimonio en descomposición. En su quinto aniversario, Amy (Rosamund Pike) desaparece sin dejar rastro, dejando a su marido Nick (Ben Affleck), como principal sospechoso de su asesinato. A partir de entonces comienza todo un proceso de persecución contra él, alimentado en un principio por la policía y la extraña conducta de Nick, y adulterado posteriormente por los medios de comunicación, cuya construcción pública de los personajes es casi tan terrible como el crimen cometido. Sabedores del poder y la influencia que ejercen sobre la sociedad, los periodistas manipulan la información para hacerla todavía más retorcida y, sobre todo, interesante para un público que insulta, hostiga y juzga al marido sin tener ninguna prueba que pueda inculparle. Algo similar a lo que ocurría en La caza (2012), donde el verdadero delito lo cometían los vecinos y no el acusado. Fincher, al igual que Vinterberg, fotografía la sociedad de manera desoladora.

perdida2

A la crítica social, que también puede hacerse extensiva a las expectativas y el fracaso de la vida en pareja, se une la introspección en la retorcida y complicada mente humana. Si en la primera parte de la película predomina el suspense y la sensación de que nada es lo que parece, más cercana a Seven (1995) o Zodiac (2007), con dos puntos de vista temporales –el pasado, mediante las lecturas que la propia Amy hace de su diario; y el presente, enfocado en un Nick aparentemente perdido y confuso- que nos ofrecen dos testimonios distintos de los hechos; en la segunda, una vez resuelto el misterio y desenmascaradas las verdaderas intenciones de los protagonistas, el director ahonda en las oscuras motivaciones y pensamientos de los personajes y en las frustraciones generadas por su matrimonio, donde el amor más pasional ha dejado paso a una obsesión casi impulsiva, disfrazada de infidelidad, desconfianza y violencia física y verbal. Amy y Nick tratan no solo de entender al otro, sino también a ellos mismos. Dominan el engaño y la manipulación, se muestran como víctimas y verdugos al mismo tiempo, confunden a las personas que les rodean por su conducta misteriosa y bipolar. Su caos de sentimientos encontrados, en especial los de ella, que se comporta como una verdadera sociópata, es trasladado al espectador con convicción y veracidad por Rosamund Pike y Ben Affleck. Perdida es, en definitiva, una obra perturbadora porque indaga en las oscuridades de la psicología humana, ese inmenso océano a menudo desconocido que tanto nos asusta por lo que podamos descubrir en sus profundidades. La película termina y uno abandona la sala con el espíritu intranquilo y agitado: Fincher lo ha vuelto a conseguir con su cine sombrío, inquietante y, una vez más, brillante.

Comentarios

  1. Enrique Fdez. Lópiz

    Enhorabuena por tus comentarios sobre David Fincher, me ha gustado. Intentaré ver “Perdida”. Saludos de tu colega de ojocritico. Enrique Fdez. Lópiz

Escribe un comentario