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Cuando el amor es Her

Por Manuel G. Mata

Soy un romántico, lo reconozco. Pese a la negatividad y el odio que desprendo cada vez que escribo, hablo y pienso; en el fondo, muy en el fondo, tengo algo que se activa cuando me encuentro con una historia que me cautiva, que me despierta, que me hace creer que lo imposible es posible, que me hace sentirme vivo. Sacarme de esa espiral de autodestrucción y muerte es difícil, casi imposible si eres humano, pero con el cine tengo una relación especial, con el cine me gusta ser vulnerable y que las historias despierten en mí sensaciones que fuera de la gran pantalla no percibo, o que percibo pero sin atención. Con Her me he desnudado completamente, dispuesto a sentir, a creer, a emocionarme, y tengo que decir que el resultado, quitando un par de torpezas, ha sido muy satisfactorio. Her me ha gustado mucho, tras un primer visionado, me ha dejado pensando, y percibo que en un futuro cercano, probablemente Her sea una de mis películas de cabecera.

Her tiene ese toque catastrófico que nos muestra la aclamada serie británica Black Mirror , de como la tecnología acaba con las relaciones humanas, de cómo influye, pero Her le da una vuelta de tuerca para mostrarnos el lado más positivo de lo que creamos y, sobre todo, nos enseña que la tecnología, al fin y al cabo, es un reflejo de los humanos. De lo que hemos sido, de lo que somos y de lo que seremos.

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Her es una historia de amor futurista, casi utópica, imposible e irreal, eso es lo que vemos en la pantalla, pero a medida que avanza el metraje reconocemos ideas, conceptos, rutinas y acciones en esa relación tan cínica que nos muestra la película que se parecen demasiado a la realidad, que penetran en nuestro ser para hacernos ver que Samantha es algo que no se puede ver ni tocar, al igual que ni se puede ver ni tocar el amor, pero Samantha, al igual que el amor, es real y, aunque no se pueda ver físicamente, se puede sentir. Y ahí reside la grandeza de la cinta, en la manera de exponer el mensaje. Bueno, ahí y en la mirada de Theodore Twombly (Joaquin Phoenix), esa mirada tonta y bobalicona a veces y llena de ira e impotencia en otros momentos, esa mirada tan parecida a la nuestra cuando nuestro corazón se mueve por algo más que por latidos. Sí, suena moña, pero es así, tonto, triste… pero real.

Es cierto que algunos momentos me han parecido fuera de lugar, creo que fácilmente identificables. Hay veces que la trama culea y se pierde por senderos que no se corresponden pero, en conjunto, tiene momentos tan brillantes y tan universales que ponen la piel de gallina, y el director de la aclamada Como ser John Malkovich lo consigue gracias a un sorprendente y genial guión que narra todos los momentos de una relación de una manera maravillosa: el dolor, la válvula de escape, la ilusión, las dudas, el idealismo, la sensación de ser el rey del mundo, la soledad, el mirar atrás, los celos, la envidia, la impotencia, el estar perdido, el no saber qué es lo que estás haciendo… Jonze es capaz de conseguir que el amor sea una mierda, pero también que el amor sea algo maravilloso, algo por lo que merezca la pena morir o matar, reír o llorar.

El peso de Her no reside sólo en su original trama y en la magistral interpretación de Phoenix, hay que añadir varios factores que ayudan a que la trama no fracase. La fotografía, tan colorida y luminosa consigue que nos ubiquemos en el futuro cercano con éxito, al igual que lo consigue una lograda puesta en escena en la que reconocemos con facilidad aparatos tecnológicos de los que ya hemos oído hablar o que incluso ya se encuentran disponibles pero en fase de desarrollo. A todo esto, tenemos que añadirle otra de las claves de la cinta: la música. La genial banda sonora compuesta por los canadienses Arcade Fire es sublime, magistral, es el ingrediente secreto que ayuda a que el cine sea más cine, a que Her no sólo sea una película, sino una obra de arte. Mención aparte para la maravillosa The moon song,  nominada al Oscar y utilizada en el clímax de la cinta con una maestría que pone los pelos de punta.

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Tarda en arrancar, al menos esa es la sensación que me ha dado a mí y, entre que estalla el conflicto y el desenlace, tal vez hay momentos que se podrían haber omitido, pero analizándola en conjunto y teniendo en cuenta ese cierre tan bonito, tan divino y tan real, sólo puedo decir que Her es una gran película. Pocas producciones me han estremecido tanto como para que se me escape alguna lágrima, muy pocas, y cintas como ésta hacen que el cine no sólo sea una evasión, sino que sea algo en lo que merece la pena creer.

Her es amor, amor de mierda, amor utópico, amor de amores, amor de una noche, amor eterno, amor real, amor platónico….

Pero amor, al fin y al cabo.

Comentarios

  1. Enrique Fernández Lópiz

    Muy sugerente tu crítica y me anima a ir a ver Her, lo cual que haré en cuanto pueda pues la están poniendo en mi zona. Gracias por esa escritura sentida y sensible.

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