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Cuando acaba la película, la película anida en ti

Por Enrique Fernández Lópiz

El viajante es una de esas películas cuyo visionado no sale gratis. No lo digo, obviamente por el precio de la entrada, sino por el precio interno, psicológico si se quiere, cuando acaba. Uno sale de la sala “pensando”. ¡Sí! ¡Pensando! Qué lujo. En un mundo donde se piensa poco, Farhadi, con una cinta donde apenas ocurre nada explícito, va creando una espiral de suspense, humillación y venganza insólita que tras acabar el film, habita tu interior.

Este melodrama iraní-francés está organizado en una mezcla de intriga detectivesca y thriller, donde los personajes principales se encuentran atrapados en una confusa red de emociones imprecisas, sentimientos mezquinos, lóbregos, secretos, y disyuntivas morales de gran complejidad. El célebre director Asghar Farhadi realiza un trabajo de orfebrería, junto a un libreto de su autoría, en el que nada sobra ni falta, y todo está pensado al milímetro. La trama se desarrolla en su mayor parte en un piso “donde se escenifican divisiones -hombres vs. mujeres, la tradición vs. lo moderno, la élite cultural vs. el vulgo que lastran la sociedad iraní” (Salvá). Sin olvidar los elementos culturales de Irán, aunque sus personajes sean cultos y de clase media. Farhadi consigue exponer la separación cultural-sexual muy acertada y deja a la mujer como el elemento razonable dentro de una sociedad brutal y enraizada en un patriarcado moderno pero inconmovible.

En la historia, Emad y Rana deben abandonar precipitadamente su apartamento en pleno centro de Teherán, porque unos inopinados y peligrosos trabajos de una obra aledaña amenazan al edificio que habitan con derruirse. De esta manera y tras recoger sus pertenencias apresuradamente ocupan un piso prestado por un amigo. Pero un incidente relacionado con la anterior inquilina, una mujer libertina, provocará un radical cambio en la hasta entonces feliz joven pareja. El tal incidente desencadenará giros argumentales y revelaciones sobre los que el espectador tendrá que reflexionar y valorar; cada cual desde su individualidad, sus razones y su forma de ser, enfocará los sucesos y no por cierto de manera homogénea, según yo mismo he comprobado. El conflicto se irá haciendo cada vez mayor, reflexionando sobre aspectos como el honor masculino y la naturaleza vaporosa de eso que solemos llamar verdad y justicia; todo ello crea una atmósfera irrespirable de profunda angustia.

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Tiene el film una banda sonora llamativa con música oriental muy adecuada de Sattar Oraki, y una singular fotografía de Hossein Jafarian.

El breve reparto principal se compone de un magnífico Shahab Hoseini en el rol de Emad, el joven esposo que se siente humillado por un lado, celoso por otro y todo ello convergiendo en un vértice de venganza que lo llevará al límite; excepcional trabajo de Hosieni. Taraneh Alidoosti es Rana, su mujer agredida y ¿violada?, que con su interpretación parece implorar al espectador algo de la compasión que su marido no puede darle; a la vez, ella sí es propensa al perdón. Estupendo Babak Karimi como amigo y confidente ocasional. Muy bien Mina Sadati como Sanam; y excelente la interpretación de Farid Sajjadi Hosseini como el sujeto motivo del delito, un trabajo de persona mayor que implora clemencia, abrumado por su falta y temeroso de que su familia pueda enterarse de lo que hizo (algo que por demás nunca sabemos a ciencia cierta).

Premios y nominaciones en 2016: Premios Oscar: Mejor película de habla no inglesa. Globos de Oro: Nominada a Mejor película de habla no inglesa. Festival de Cannes: Mejor actor (Shahab Hosseini) y guión. National Board of Review (NBR): Mejor película de habla no inglesa. Critics Choice Awards: Nominada a Mejor película de habla no inglesa. Festival Internacional de Valladolid – Seminci: Sección oficial. Satellite Awards: Mejor película de habla no inglesa.

Sanam se siente atemorizada, está traumatizada, pero esto parece secundario para su esposo. Emad sólo tiene su corazón emponzoñado por un profundo sentimiento de humillación que a toda costa quiere desagraviar, “un individuo castigado por la sensación de impotencia, por el acoso del remordimiento […] un paulatino aumento de la ira, de la necesidad de venganza, del reconocimiento triste de la ofensa más íntima […] la maestría del cineasta consiste en construir una odisea de furia donde, sobre el papel, apenas existe nada” (Martínez). Emad es renuente a investigar los detalles de la agresión, pues teme encontrar respuestas que lo humillen. Y aunque su esposa muestra evidentes síntomas de haber sufrido abusos sexuales, el marido prefiere quitar relevancia al asunto y dejar que Rana pase por la traumática experiencia apenas con su coraje y el silencio por el miedo social del qué dirán.

Asghar Farhadi coloca una enorme potencia dramática en su certitud de que cualquier persona posee motivos para actuar de una determinada manera y que cada uno de nosotros podemos pasar de la expedita luz, a la negritud del paulatino. Esto sucede en la película, el desmoronamiento de un amor que funcionaba modélicamente, hasta que la violencia desencaja esa pieza de orfebrería que componía el matrimonio de Amed y Sanam. “Farhadi describe todo esto de forma sutil, consciente de la complejidad del ser humano y la mezcla de sentimientos cuando se enfrenta a situaciones límite. Esa comprensión no le impide la dureza ni la lucidez” (Boyero). Como tampoco le impide la enorme tarea artística de un cineasta de lujo a todo nivel. Además, lo que resulta es que el cine de Farhadi es tan nítido y enérgico que sus imágenes quedan en el interior del espectador una vez ha salido de la sala, lo cual como decía al principio, te conduce a la deliberación y a la abstracción.

Ocurre además en esta película, que Farhadi nos ofrece con gran claridad dos puestas en escena a la vez. Una ficticia que representa la celebérrima obra de Arthur Miller, “La muerte de un viajante”, donde los protagonistas son los actores principales (representación meta-cinematográfica de la obra); y la otra real y actual del proceso menguante de un hombre cabal y brillante, con un matrimonio consolidado y una posición sólida, hasta que acontece el hecho crucial que desata la trama. Pero el asunto es que ambas representaciones transcurren de forma paralela y sin apenas rozaduras. “La obra de Miller aparece -o funciona- en dos niveles dentro de la cinta. En primer lugar como elemento argumental, pues los protagonistas son actores de la adaptación teatral. Por otro lado, funciona como elemento subyacente y simbólico en relación a la propia trama, enriqueciendo la tragedia de esta pareja quebrada, no por el azar, sino por el comportamiento masculino” (Arranz). De manera que continúan los ensayos de la obra y continúa la “obra” de lo que sucede entre ellos. Actuaciones en paralelo cuyo simbolismo es amplio y a la vez complejo: modernidad o tradicionalismo; vis dramática en ambos desarrollos dramáticos. Incluyendo el final, un final equivalente en el que la esposa del viajante de Miller, llora a su esposo yacente, de igual modo que la afligida esposa del hombre mayor y acosador llora en las escaleras a su esposo, que ha sufrido un colapso.

Película para ver, para no perdérsela, en la que su artífice, director y guionista, “mantiene en perfecta armonía la tensión y la emoción, su caparazón de «thriller» y su alma de melodrama, y dosifica los giros sentimentales y de la intriga de tal modo que mantiene siempre alerta a un espectador ávido de recolectar y ordenar la información siempre sorprendente, inesperada, que termina acomodándose como las fichas de un puzzle. Y lo más sorprendente es que uno sale de verla con el corazón prieto y con la sensación de que si vuelve a verla, si deshace el puzzle, tendrá otra imagen aún más completa y mejor de esta emocionante historia” (Oti Rodríguez). Así es, cuando acaba la película que hemos visto proyectada, comienza la propia, la que uno monta en su fuero interno.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=KcyEu3Pzia4.

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Comentarios

  1. Alejandro Arranz

    Genial tu crítica de esta fascinante obra de Farhadi, estamos de acuerdo en no pocas conclusiones. Por cierto, un privilegio ser citado en ella.
    Un abrazo.

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