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Crónica de un verano. Cronique d´un eté

Por Clara Castro

Años 60. Años de transición social y política y cambios también en la historia del cine. Obras de la denominada Nouvelle Vague triunfan en Cannes mostrando a los espectadores una nueva forma de hacer cine, lejos del academicismo dominante y con tramas pegadas a la realidad del momento. Por su parte, la televisión llega a los hogares y se nutre de reportajes y contenidos de temática social, apropiándose en cierta manera de la tradición y la función griersoniana que, en gran parte, desempeñaba el documental.
Liberado la necesidad imperiosa de mostrar el aquí y el ahora, el documental se permite explorar otras vías de registro de la realidad. Mientras que el Free Cinema se configuraba como un cine en el que los (ya) autores podían retratar el mundo bajo su punto de vista sin perder fidelidad o compromiso con lo mostrado, el Cinéma Verité que nace en Francia consigue ir un paso más allá: lejos de buscar una imparcialidad fingida, los autores participan directamente en sus obras y hacen de ellas casi un manifiesto. Crónica de un verano es su mejor exponente.

Siendo Rouch antropólogo y cineasta y Morin sociólogo y crítico de cine, no es de extrañar que este trabajo conjunto gire entorno a la percepción humana y a la relación e influencia que los dispositivos (en este caso, la cámara) generan en la realidad al mismo tiempo que esta es registrada. Crónica de un verano comienza con una declaración de principios (“este film no ha sido interpretado, sino vivido”) seguida de una secuencia en la que los propios directores debaten con Marceline, una de las protagonistas, si podrán conseguir esa naturalidad que persiguen a pesar de la presencia de la cámara. En la línea del cine- ensayo o de la encuesta, CDUV es un cuestionamiento constante.

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Crónica de un verano se compone de diversas secuencias en las que los protagonistas (jóvenes de París), mediante entrevistas con los directores o a través de encuentros provocados por ellos, hablan y comparten sus impresiones sobre sus aspiraciones o sus miedos. Se hace una reflexión sobre la vida y, sorprendentemente, reciben respuestas mayoritariamente sinceras (muchos confiesan su vergüenza al atreverse a “confesarse” en voz alta). Al margen de esas respuestas, de que el espectador conozca las vidas de los protagonistas y las relaciones que se crean entre ellos, CDUV incluye un lugar para la crítica y la autorreflexión desde los propios implicados. Lejos de las obras anteriores que, en el mejor de los casos, incluían un debate fílmico sobre su propia forma o técnica (a menudo basado en una ruptura con los cánones anteriores), CDUV incorpora a su temática su cuestionamiento y hace de ella un pilar fundamental al mostrar las distintas recepciones de la audiencia (en este caso, los mismos protagonistas) ante un tipo de cine que se atreve a confesar las debilidades del individuo.

En cuanto a su construcción, tal como ocurría con el Direct Cinema, el Cinéma Verité es un cine de rodaje y de observación posibilitado por el uso de un equipo técnico muy ligero que permite acercarse a los personajes sin interrumpirles (con un frecuente uso del plano secuencia) o, incluso, pasando desapercibido para ellos (por ejemplo, la escena en la que Marceline se abre sobre su estancia en el campo de concentración, posible gracias a la novedosa aportación de Michel Brault, el micrófono de corbata). Sin embargo, lo que diferencia CDUV de cualquier documental de Direct Cinema es que en este caso el autor no quiere reflejar lo que ve sin mediar sobre él, sino que crean y registran en documental sobre la marcha, provocando y planificando lo que ocurre para poder registrarlo (ya sea momentos de intimidad o sugiriendo temas de conversación); por ello, el Cinéma Verité también implica una cierta relación de complicidad entre autor y protagonista necesaria para que la barrera entre ellos desaparezca (por ejemplo, en CDUV los directores garantizan a Marceline que cortarán del film lo que no le guste).

Crónica de un verano es un intento de mostrar la realidad sin artificio, en la que el individuo pueda (o quiera) expresarse sin pudor ante quienes le observan. Inaugurando un nuevo tipo de cine que ahora se permite cuestionarse a sí mismo y a sus objetivos, CDUV será la base y el pilar sobre el que el documental interactivo se sustentará en el futuro.

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