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Crimen y castigo

Por Jorge Valle

Como pretexto para otorgarle el premio Donostia a Hugh Jackman, se proyectó en el pasado Festival de San Sebastián la nueva película del canadiense Denis Villeneuve. Prisioneros tiene como protagonistas a Keller Dover (Hugh Jackman), un hombre muy familiar y de fuertes convicciones religiosas, y a Loki (Jake Gyllenhaal), un solitario detective refugiado completamente en su trabajo. Los dos, a pesar de ser muy distintos entre sí, comparten un mismo objetivo: Anne (Erin Gerasimovich), la hija del primero, ha desaparecido sin dejar rastro junto con su amiga Joy (Kyla Drew Simmons), por lo que cada uno emprenderá una exhaustiva y desesperada búsqueda por encontrarlas. Dover, alimentado por el dolor que supone perder a un hijo, la tomará con el deficiente mental Álex Jones (Paul Dano), el principal sospechoso del secuestro, aunque no haya ninguna prueba que le incrimine.

La premisa de la que parte Villeneuve es harto conocida y parece carne de telefilm. Pero Prisioneros es una película sorprendentemente sombría y muy bien construida, en la que la tensión se hace palpable casi desde el inicio de la cinta para no abandonarla en ningún momento del alargado metraje. A ello contribuyen la fotografía del maestro Roger Deakins, que imprime una escala de grises a todo el conjunto creando una atmósfera turbia y engañosa, y el guión firmado por Aaron Guzikowski, que recuerda en algunos momentos a títulos como Seven o Zodiac, y que adquiere mayor complejidad conforme avanza la película hasta convertirse en el verdadero laberinto que tanta importancia alcanza en los minutos finales de la historia. Guzikowski va añadiendo subtramas a la principal, de manera que cada vez vamos teniendo más y más piezas que no sabemos muy bien cómo pueden encajar, y que incluso nos hacen temer un final inverosímil y rebuscado que arruine la brillantez del resto. Pero Prisioneros nos ofrece una conclusión satisfactoria, a la vez que abierta, e indaga con inteligencia y profundidad en sentimientos como el dolor, la venganza o el nerviosismo.

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Quizá la falta de originalidad, tanto en la historia como en la dirección, es lo que hace que Prisioneros, a pesar de ser modélica en todos sus aspectos, se quede en un nivel inferior respecto a otras obras maestras del género. Hay cosas que parecen ya vistas y oídas: la sed de venganza paterna en la figura de Keller por la desaparición de su hija nos remite a Mystic River, mientras que su pérdida de humanidad ante su insufrible calvario, así como el escenario donde se desarrollan los actos –un pequeño enclave solitario y apartado- nos recuerdan a la reciente La caza. Pero nada se le puede reprochar a la obra de Villeneuve: la fotografía y el guión antes mencionados son excelentes, la casi invisible pero siempre presente música de Jóhann Jóhannsson aumenta todavía más el nerviosismo y la incertidumbre, y a los extraordinarios trabajos de Jackman y Gyllenhaal se une todo un abanico de secundarios que cumplen a la perfección con sus respectivos roles y que aportan más fuerza dramática y densidad al conjunto. Una casi irreconocible Melissa Leo interpreta a la enigmática y sobreprotectora tía de Álex, mientras que María Bello y Viola Davis demuestran una vez más su talento en el papel de madres desconsoladas y depresivas.

Prisioneros es, en definitiva, la historia de un crimen y un castigo, siendo este último incluso más horrible y cruel. El director canadiense vuelve a presentar, tras ganar el Óscar con la notable y también sombría Incendies, y con la que Prisioneros guarda ciertos paralelismos, a unos personajes salpicados por la tragedia familiar, ante la cual toman caminos distintos pero igualmente cuestionables desde el punto de visto moral. Ellos son los verdaderos prisioneros, cada uno de sus propias contradicciones y sentimientos. Y nosotros, los espectadores, también nos sentimos secuestrados por esta brillante y notable película, que ennoblece el género del thriller sin aportar nada nuevo y destacable al mismo. Aunque tampoco lo necesita para permanecer y madurar en nuestra memoria, planteándonos preguntas que a muchos nos daría miedo contestar.

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Comentarios

  1. Jorge Valle

    Villenueve no ganó el Óscar a la mejor película extranjera por ‘Incendies’, sino que ese año fue para ‘En un mundo mejor’.
    Disculpen el error.

  2. Adrián

    Una de las sorpresas inesperadas del año.
    Para mi un 10, me sorprendió muchísimo.
    Puede ser la revelación en los próximos Oscars.

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