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Creed

Por Alejandro Arranz

-Se apoya en el pasado para abrir su propio camino. Es un reboot respetuoso, avispado, emocionante, con una personalidad propia y arrolladora. La mejor de la saga desde la original.
-Pocas películas del género pueden presumir del espíritu, el corazón y la inteligencia de “Creed”, y pocas películas actuales pueden hacerlo de tener tantas escenas memorables como esta. ¡Rocky ha vuelto! Bienvenido sea.

Han pasado 40 años desde que se estrenara aquella pequeña película destinada a convertirse en un clásico. Después tendríamos una saga de éxito imparable pero dudosa calidad que repetiría la fórmula hasta acabar besando la lona con total contundencia. En 2006 Stallone recuperaría a su personaje-mito por excelencia para subirlo una última vez al ring, por los viejos tiempos. Rocky Balboa fue una cinta que se salvó por dos cosas muy importantes y poderosas, la nostalgia y un corazón grande y sincero (aunque algo vetusto). Nadie esperaba que el fénix resurgiera de sus cenizas, y mucho menos con una secuela/remake/reboot que por primera vez en la historia de la saga, no está escrita por nuestro querido Sly. Ryan Coogler es un joven y prometedor director independiente al que puede que recuerden por aquella excelente aunque polémica Fruitvale Station, también protagonizada por otro joven talento, Michael B. Jordan, que será también esta vez el protagonista. Así pues Coogler se convierte en co-guionista y director de esta nueva y ambiciosa entrega de una de las sagas más largas y queridas (vayan ustedes a saber el porqué) del cine norteamericano. Como es más que lógico, Rocky está mayor para subirse al ring, por eso se cambia su figura a la de maestro de un inexperto pero apasionado pupilo que deberá aprender mucho del boxeo y de la vida. Como es habitual, Balboa también aprenderá de su alumno. El personaje de Rocky es el de siempre, pero ha ganado mucha experiencia vital, así pues aunque prehistórico y tontorrón, también se muestra muy sabio. La verdad es que no se diferencia al actor del personaje, ambos se convierten más que nunca en una sola persona en esta película, porque la interpretación de Stallone es sincera y emocional, con una mezcla entrañable de avezada dureza e inconfundible sensibilidad, en todo momento se ve el recuerdo de su hijo fallecido en sus ojos, es una interpretación muy difícil, comprometida, honesta, sensible y totalmente merecedora de una nominación, precisamente porque lo que se ve en pantalla, le sale de dentro.

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A su lado tenemos a Mr. Creed Jr. (alias Adonis Johnson), un Michael B. Jordan desbordante de energía y carisma, que se lleva la función con todas las de la ley. Al igual que la película, el chico se convierte en un más que digno legado de Rocky, siguiendo con el paralelismo planteado, lo hace apoyándose en las raíces reconocibles de la saga y utilizando estas para labrarse un camino propio, nuevo y cautivador. El guión de Coogler y Covington es el más complejo e inteligente de las siete películas, y a diferencia de la mayoría de capítulos, puedo decir que maneja el drama con sinceridad, realismo, seriedad y respeto por sus personajes. Algunos dirán que hay una decisión efectista, típica de la fórmula “Rocky”, aunque en esta ocasión está enfocada con perspicacia y lo más importante, funciona, sirve para llevar a Balboa a su pelea más difícil. El juego con la nostalgia es sutil y efectivo (tortugas, gallina, calzoncillo, etc) y al mismo tiempo algunos nos sentimos agradecidos de que se hayan borrado algunos recuerdos (cualquiera proveniente de Rocky V). La construcción de los personajes y su evolución es inteligente, creíble y muy interesante. No sólo hay buenos diálogos (algo nuevo en la saga), hay muchas ideas fantásticas en el trabajo de guión, y aunque no todas están desarrolladas de la mejor manera, las que lo están ayudan a crear escenas memorables, de lo mejor que ha dado no la franquicia, sino el género. Por otro lado la dirección del propio Coogler es la más dinámica de todas, la cámara centellea, se debate entre momentos de intimidad y clasicismo, con otros realizados a través de largos e impactantes planos secuencia, entre ellos los que protagonizan dos peleas sensacionales (entran al top 3 del canon Rocky), realizadas con genuino virtuosismo. No me subiría a un ring para pelear por él, pero me enzarzaría en un ardiente debate oral, creo sinceramente que el trabajo de dirección de Coogler es más que válido para una nominación a los premios de la academia (plausible escena final). Por último hablar del “soundtrack” de otro joven talento más que se suma a la propuesta, Ludwig Göransson, que ha tenido la difícil labor de sustituir al insustituible Bill Conti. De nuevo repitiendo el esquema del resto de apartados, una banda sonora respetuosa con sus mayores pero que intenta forjarse su propio camino, selecciona bien los temas y utiliza los míticos con cabeza.

Una secuela con más fibra, vigor, valentía, corazón, fuerza y cerebro que el 90% de películas sobre boxeo que llegan a cartelera. Creed reúne los buenos elementos de las películas de Rocky y los lleva a otra categoría diferente, lo consigue con una mezcla de formas y conceptos clásicos unidos a un equipo de jóvenes muy talentosos que saben lo que hacer para alcanzar nuevas metas. No estamos ante Rocky VII, sino ante una reinvención de la fórmula que entrega la mejor película de la saga desde hace 40 años. Un filme repleto de destreza, de ideas fascinantes y escenas memorables, Coogler y su reparto consiguen que la película no tenga miedo a mirar atrás, pero tampoco a seguir adelante por sí sola aguantando los golpes hasta llegar a su meta (aunque los golpes irónicamente se los dé ella misma), y al final Creed sale del ring como una película ganadora, con un nocaut en toda regla.

Alejandro Arranz

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