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Contact, en busca de la fe

Por Javier Fernández López

En 1997 Robert Zemeckis llevó a la gran pantalla la adaptación de una novela homónima escrita por Carl Sagan, famoso astrónomo y escritor que murió un año antes del estreno de la película, y que asesoró a Stanley Kubrick para la película 2001: Una odisea en el espacio. Incluso el famoso escritor de ciencia-ficción Isaac Asimov mencionó a Sagan en alguna ocasión dada su inteligencia. Por ello, Contact, la película de la que trata este artículo, realmente proponía, cuanto menos, un sólido entretenimiento científico.

Protagonizada por Jodie Foster (El silencio de los corderos) y el infravalorado Matthew McConaughey (Vidas contadas), la cinta presenta unas premisas muy ambiciosas y que quieren atraer la atención del espectador desde lo real, desde lo posible y desde lo científico. Y por ello la película mantiene el punto de debate esencial de una película de este género: ¿Existen los extraterrestres? Si la respuesta es afirmativa, ¿qué consecuencias traería para nuestra comunidad, para la raza humana y para nuestras creencias?

La película mantiene un buen ritmo durante toda la película, y los secundarios, como John Hurt, James Woods, Tom Skerrit o el esporádico Jake Busey aportan solidez a un reparto lleno de papeles creíbles y bien trabajados. Jodie Foster, por supuesto, aporta a su personaje un alto grado de carga emocional, y aunque a veces descuadra con el trabajo final, lo cierto es que mantiene un nivel más que aceptable para una película que, recordando lo ambicioso que resulta, al final se queda en un mero entretenimiento con algunas líneas de diálogo que ofrecen algo más, pero no se encontrará nadie con esa película que iluminará sus mentes.

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El argumento de la película gira en torno al personaje de Jodie Foster, que después de años y años de investigación buscando señales por el universo, al final acabará encontrado una señal que será la causante de todo un revuelo a escala mundial. Junto a ella está un aspirante a más que amigo, Matthew McConaughey, que representa los valores de la creencia religiosa y la comunidad cristiana. Por esos mundos se mueve la película, y es por esos mundos por donde a veces se pierde.

No se alarmen, la película merece la pena verla, porque su ritmo es tal que logra que estés atento a todo el metraje, pero las conclusiones a las que llega no creo que hagan justicia a Carl Sangan, que creo que al final es el fondo oculto de la película, pues su persona estuvo en cuestión sobre sus creencias siendo un científico escéptico, ideas que se muestran en la cinta y son las que pueden llevar incluso a un debate filosófico. Por ello hay que verla, porque la película tiene argumento y tiene temas importantes. Quizá la conclusión final de la película no sea la esperada y se convierta en una cinta “floja”, pero si sirve para sentarnos y preguntarnos a cerca de nosotros mismos y lo que vemos alrededor, o si sirve para enfrentar la religión contra lo que vemos, sin duda merece la pena aunque sea un simple visionado de la película.

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