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Conjugando lo imposible en un musical para adolescentes

Por Enrique Fernández Lópiz

Step Up (Bailando) es un film sobre la posibilidad de emancipación y redención, y a la vez una apología del estilo de vida americano, según el cual, se puede conseguir el éxito si se pone en ello empeño. Una sencilla e ingenua metáfora sobre el cambio en el estilo de vida y un canto a la esperanza sobre cómo conseguirlo a través del arte. Todo ello en un tono de película musical que sin estar mal, carece de entidad y sustancia.

En la historia, un joven adoptado de nombre Tyler Gage (Channing Tatum), lleva una vida barriobajera junto a sus dos hermanos con una madre adoptiva, muchachos de color que viven peligrosamente robando automóviles en un difícil barrio de la ciudad de Baltimore. Cogido in fraganti en una acción gamberra dentro del Centro educativo al que entraron Tyler y su cuadrilla, el juez sentencia a éste a realizar trabajos comunitarios en la Escuela de Artes de Maryland, en la que había cometido destrozos, a fin de saldar su deuda con la institución. Y como no hay mal que por bien no venga, mientras friega suelos o limpia cristales, conoce a Nora (Jenna Dewan), una bonita muchacha dedicada a la danza, que busca desesperadamente un partenaire que sustituya a su compañero que se ha accidentado. Su interés radica en poder montar su número para la importante Exhibición Senior de la Escuela. Nora, que ha visto algunos pasos de baile de Taylor en la calle con sus amigos, se da cuenta que tiene cualidades naturales y hace por ofrecerle el puesto. Al principio de sus ensayos, se producen roces y recelos debido a sus diferentes ascendentes familiares. Mientras Tyler sueña con volver a la calle para continuar con sus andadas, Nora aspira con todas su ganas a triunfar como bailarina en la tal exhibición. El resto es el intento por probarse él y ella, que tanto en el baile como en el amor, son una pareja con posibilidades, algo que ninguno de ellos había imaginado.

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El director Anne Fletcher construye este su primer film, como un anticipo de lo que serán otras obras suyas del tipo 27 vestidos (2009) o Un desmadre de viaje (2012), comedias bastante mediocres. En esta cinta que ahora comento, Fletcher logra con oficio, fabricar una especie de tragicomedia musical, con bailonguete medio gracioso medio petardo, que yo soporté con más estoicismo que gusto. El guión de Duane Adler y Melissa Rosenberg, adaptación de una historia del también director de cine y escritor Adler, resulta simple, ingenuo en su planteamiento e incluso capcioso y artificial. No obstante, guarda el tono narrativo mal que bien y logra terminar la historia felizmente para regocijo de la sala y de los henchidos corazones, sobre todo de los más jóvenes o mejor, púberes. Música potable de Aaron Zigman y fotografía curiosa de Michael Seresin.

En el reparto son dos los principales encargados de sostener los palos de un sombrajo que no acaba de dar mucha sombrita. De un lado el atlético y rebelde bailarín de hip-hop Channing Tatum, que aparte del atractivo físico y una musculación indubitable, en lo que concierne a interpretación es bastante limitado. Y la otra pata que sostiene el banco es la bonita Jenna Dewan, igualmente más bailarina que actriz, pero que da el pego en esta cinta. Acompañan, unos mejor que otros sin que ninguno sobresalga especialmente, Rachel Griffiths, Mario, Drew Sidora, Heavy D., Damaine Radcliff, De´Shawn Washington, Josh Henderson, Deirdre Lovejoy y Alyson Stoner.

La cosa es que el musculado joven, deja su vida delictiva y errática para sublimar y bien-encauzar en la danza su energía que de otra manera hubiera empleado en seguir robando coches y todo eso, o sea, en fechorías. La muchachita es Doña Perfecta: bailarina de ballet clásico, clase alta y una madre que no quiere ver a su hijita en la danza, sino en la Universidad. Entonces, a Fletcher y sus guionistas de lujo se les ocurre que entre ambos debe surgir una pasional e ‘hirviente’ historia de amor y baile. Pero mientras ella es clásica, él es moderno y de “movidita”, lo cual que hay que encajar ambos patrones aparentemente antagónicos. Y como el machismo impera, ella deja su “un, dos, tres, manos en alto”, o sea, ella deja el tu-tú y las bonitas formas de la danza clásica, para acoplarse al más asilvestrado “hip hop” y los movimientos cubistas del tal ritmo, y resulta que ¡oh! maravilla, la cosa funciona y van que vuelan ambos, en el escenario y en el romance.

El mensaje, que no es baladí, es que cuando quieres algo, debes demostrar que lo deseas y que ese deseo te ha de llevar a ser el mejor. O eres “perdedor” o consigues ser un “ganador”; entre ambas metas sólo existe una delgada línea dependiendo de cómo hagas el “meneito”. Este mensaje es mucho para mí. No me imagino yo, por mucho meneíto que haga, que me fichen para el ballet nacional de Moscú, por ejemplo. Entonces, esta carga inútil de voluntarismo me parece falsa e incluso estúpida.

Pero bueno, para los incondicionales del hip-hop, de Tatum y Dewan, para los crédulos del sueño americano y de las madres que acaban cediendo para que su hija continúe con el baile dejando de lado una brillante carrera de Derecho o Medicina, para quienes confíen que la rica suegra tolerará que la hija se eche de novio a un pringado chorizo de los barrios bajos, aquí tienen las bonitas palabras del crítico Burr cuando al referirse a este film escribe: “Llena de vida gracias a unos ritmos contagiosos, personajes simpáticos y cuidados movimientos de baile, ‘Step Up’ concede respetabilidad al término ‘cliché’.”

¿No parece esto felicidad? Pues ya sabéis, ¡¡a bailar!!

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=ZgnmCqA25-o.

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