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Confesiones de un viejo indecente

Por Manuel G. Mata

El realismo sucio es un movimiento literario que surge en Estados Unidos y que pretende dar la visión del mundo que tienen personajes vulgares, la mayoría de ellos atormentados, víctimas del vicio y de la depravación, víctimas de la sociedad y del sistema. Los autores más representativos de este movimiento son, entre mucho otros, Carver, Fante, Palahniuk y el genial Charles Bukowski.  El realizador Barber Schroeder recopila en este documental un amplio número de entrevistas realizadas a este último y nos muestra durante cuatro largas, pero maravillosas, horas la visión de este sucio borracho y asqueroso viejo.

El realizador francés filma y monta esta maravilla audiovisual, y la divide en capítulos. En todos ellos, podemos ver a un Bukowski adulto que ya ha dejado atrás las penurias de su juventud, pero que no las olvida. En cada capítulo podemos ver a un Bukowski diferente, en algunos simplemente narra aventuras y desventuras que vivió en su juventud, sus peleas en los bares, sus trabajos que apenas le duraban un día, su lucha por escribir, sus líos amorosos y sus infinitas borracheras, en otros podemos escuchar su visión de la vida y del mundo, en otros, escuchamos como recita alguno de sus poemas y, en otros, podemos conocer algo más del genial escritor; detalles personales que encandilarán a los fanáticos del autor de Mujeres, curiosamente, el elemento común de todos ellos es el alcohol, pues el bueno de Charles no suelta ni el pitillo, ni la cerveza, ni el vino en ninguno de ellos.

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Para quien no conozca al escritor, autor de fabulosas novelas y libros de relatos cortos, tal vez el documental no sólo se le hace pesado, sino que no le gusta, pues no comprende todo lo que dice, piensa y bebe el protagonista; tal vez es recomendable que lea algo primero de él antes de verlo, puede que lo comprenda mejor, por otra parte, siempre existe la posibilidad de engancharse a su literatura una vez visto el documental, que a mí me ha parecido fascinante. Para los fanáticos o los que han leído algo de él, este documental es clave y fundamental para tener más referencias y detalles sobre el escritor. Lo peor de la película -si se le puede sacar algo malo- es que al estar dividido por capítulos, algunos de ellos tienen una fuerza que otros no consiguen plasmar, algunos tienen unas confesiones realmente embaucadoras, otros simplemente muestran al escritor escupiendo lírica en pleno sopor alcohólico, pero todos ellos tienen un encanto especial, sobre todo al final de cada uno de ellos, cuando la música dota de una humanidad y de un buen gusto todas las reflexiones que hemos visto.

Bukowski era alcohólico, nihilista, pesimista, misógino y mujeriego, era un hijo de puta de cuidado, pero tenía una visión tan misántropa de la vida que hace que su lírica sea terriblemente hermosa. Aquí tenéis el documental en versión original subtitulado. Especial mención al capítulo seis. Para todos los que piensan que las historias de amor son siempre bonitas.

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Y un extracto de su novela Factotum:

«Recibí mi primer cheque de salario y me mudé del cuarto de Jan a un apartamento
propio. Cuando volví a casa por la noche, ella se había mudado a mi apartamento. Qué demonios, le dije, mi reino es tu reino. Un poco más tarde, tuvimos nuestra peor pelea. Ella se fue y yo me emborraché durante tres días y tres noches. Cuando me puse sobrio supe que había perdido el trabajo. No volví a pasarme por ahí. Decidí limpiar el apartamento. Pasé la aspiradora por el suelo, restregué los bordes de las ventanas, fregué la bañera y el lavabo, vacié y lavé los ceniceros, enceré el suelo de la cocina, maté a todas las arañas y cucarachas, lavé los platos, limpié el fregadero, colgué toallas limpias e instalé un rollo nuevo de papel de water. Debo estar volviéndome marica, pensé.

Cuando Jan finalmente volvió a casa —una semana más tarde— me acusó de haber estado con una mujer, porque todo estaba tan limpio. Me atacó muy airada, pero era sólo una defensa para ocultar sus remordimientos. Yo no podía comprender por qué no la mandaba de una puñetera vez a la mierda. Me era inexorablemente infiel.

—Se iba por ahí con el primero que se encontraba en un bar, cuanto más guarro y miserable fuera, mejor. Continuamente utilizaba nuestras peleas para justificarse. Yo no dejaba de repetirme que ninguna mujer del mundo era una puta, sólo la mía.»

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