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Coñazíbal

Por Manuel G. Mata

Manuel Martín Cuenta se llevó el beneplácito de crítica y público con su ópera prima de ficción La flaqueza del Bolchevique. Tras Malas temporadas, a los cinco años vuelve con La mitad de Óscar, uno de los mayores coñazos que he visto, con planos infinitos, planos secuencia con una duración eterna y ausencia total de emoción en los personajes. Con Caníbal, el director almeriense retoma esta fallida fórmula, tal vez con un poco más de efectividad, pero no tanta, porque Caníbal es otro coñazo.

Es cierto que a la película técnicamente no se le puede reprochar nada, salvo el escaso ritmo con el que cuenta, pero narrativamente tiene muchas carencias. La crítica habla de la interpretación de Antonio de la Torre como algo descomunal ,«inmenso de la Torre» dicen por ahí, pues ciertamente, igual se metieron a ver AzulOscuroCasiNegro, ya que ese ha sido el mejor papel de de la Torre en su carrera sin duda alguna. De la Torre construye un personaje complejo, muy parecido al de Antonio Banderas en La piel que habito, repitiendo los mismos patrones que emplea el protagonista de El Zorro a las órdenes de Almodóvar. No muestra sentimientos de rencor ni de odio, no pestañea, no se altera, permanece inmóvil y solemnemente tranquilo pase lo que pase. No me gustan este tipo de personajes, por eso quizás no he sabido ver las virtudes de las que todo el mundo habla cuando se refiere a la interpretación del actor malagueño en la cinta de Martín Cuenca.

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La primera parte del metraje es mucho más desgarradora, más directa, tal vez lo mejor de la cinta, que se desinfla completamente hasta que vuelve a entrar en acción nuestro querido carnívoro. Los momentos en los que Carlos, el protagonista, hace de las suyas, son espeluznantes y tienen mucha fuerza narrativa (muy buena la escena de la playa) pero no tiene otra subtrama que acompañe ni que sepa llevar en volandas la fuerza de conflicto principal, por lo que, en conjunto, la cinta es un coñazo. Del resto del reparto sólo cabe destacar el papel de Olimpia Melinte, no está mal, ese juego de roles le ayuda mucho a lucirse, sobre todo, cuando interpreta al primero (hay que verla para comprender este punto, creo). El resto del elenco apenas tiene apariciones notorias o que añadan dinamismo al desarrollo.

La ausencia de música (tan de moda en el cine de culto europeo y tan propia de directores que fuman en pipa, como el bueno de mi tocayo) no ayuda a intensificar el posible drama o a adentrarnos más aún en los conflictos internos del y de los protagonistas, al contrario, hace que sea mucho más difícil digerir el producto entero y el guión, pese a ser una adaptación de una novela, más bien parece la adaptación de un mini relato, pues se usan muy pocos diálogos y en los que se emplea se abusa del uso del silencio como recurso dramático.

Al final, se queda la sensación de que te ponen un trozo de carne humana delante de la boca que no sabes si digerir porque huele bien o rechazar porque parece putrefacto.

Floja, con momentos interesantes pero floja.

Manuel G. Mata

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