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Complejidad y locura de lo militar

Por Enrique Fernández Lópiz

El puente sobre el rio Kwai, superproducción dirigida por David Lean con el patrocinio de Columbia Pictures. Era la primera gran superproducción que abordaba Lean tras una docena de películas, algunas excelentes como Breve encuentro, 1947 o Oliver Twist, 1948, abordó este film, El puente sobre el río Kwai, que dirigió con auténtica maestría y capacidad narrativa y de exposición psicológica de los personajes; un icono ya de las grandes producciones del cine de guerra de siempre.

Como ya he dicho en estas páginas, David Lean ha sido un director de talla, uno de los mejores de la historia del cine y un director consecuente. Creo que se puede decir que David Lean constituye un gran legado de la cultura británica al cine. Lean dirigió producciones de gran entidad, éxito y calidad, que han pasado ya a la historia del Séptimo Arte definitivamente, como la que ahora comento, pero además: Lawrence de Arabia, 1962; La historia más grande jamás contada, 1965; Doctor Zhivago, 1965; o Pasaje a la India, 1984, su último film. Pero antes, en 1970 rodó La hija de Ryan, y tras esta película estuvo catorce años retirado del cine por el inexplicable fracaso de esta cinta que es, desde mi opinión, una genial e incomprendida obra cinematográfica.

Tiene esta película un trepidante, perspicaz y gran guión de Michael Wilson y Carl Foreman (guionista también de Los cañones de Navarone o Lawrence de Arabia), basado en la novela Le pont de la rivière Kwaï publicada en1952, del escritor francés Pierre François Marie Louis Boulle (1912-1994). Los guionistas del film figuraban en la lista negra de la Caza de Brujas liderada por el senador Joseph McCarthy, y eran acusados de comunistas, lo cual que trabajaron secretamente y su aportación no pudo aparecer en los créditos de la primera versión. El Oscar al mejor guión adaptado fue concedido a Pierre Boulle, autor de la novela, a quien le honra que no fuera a recogerlo (él ni siquiera dominaba el inglés por lo que era obvio que no podía haber escrito el guión). No sería hasta el año 1985, cuando la Academia de Hollywood concediera un premio póstumo a ambos guionistas, Wilson y Foreman, o mejor a sus familias pues ellos ya habían fallecido: ¡otra injusticia más en la Historia del cine y del Arte en general!

Aunque los hechos narrados en la novela son ficticios, se basan en la construcción del Ferrocarril de Birmania entre 1942 y 1943, y describe la historia de un grupo de prisioneros de guerra británicos que fueron obligados por el Ejército Imperial Japonés, durante la Segunda Guerra Mundial, a construir un puente para dicho ferrocarril sobre sobre el río Mae Klong, posteriormente rebautizado Khwae Yai en los años 1960; ello en un lugar llamado Tha Ma Kham, a cinco kilómetros de la ciudad Kanchanaburi en Tailandia. En el libreto, los oficiales, capitaneados por su flemático coronel Nicholson (Alec Guinness), se opondrán a toda orden que viole la Convención de Ginebra sobre los derechos y las condiciones de vida de los oficiales a desempeñar trabajos manuales. El comandante japonés Saito (Sessue Hayakawa) desprecia a los británicos pues en su momento se habían rendido en batalla, lo cual era impensable para la mentalidad nipona que consideraba la rendición la peor cobardía de un militar. Así, Nicholson y los oficiales son duramente castigados a pleno sol durante días. Finalmente son liberados para alborozo de la tropa prisionera. Como quiera que Saito fracase en la construcción del puente, ésta finalmente queda en manos de Nicholson, quien se presta a su construcción como forma de elevar la moral y las condiciones físicas de sus hombres. El puente es finalmente acabado con éxito y todos se sienten orgullosos de la obra. Por su parte, un mayor estadounidense, Shears (William Holden), prisionero en el mismo campo consigue huir del mismo y llegar a las líneas aliadas. En contra de su voluntad, vuelve unas semanas más tarde guiando una unidad de comandos británicos bajo las órdenes del mayor Warden (Jack Hawkins), cuya misión es volar el puente construido por los prisioneros, antes de que pase el primer tren japonés. Se pretendía cortar la línea de tren, vital para el transporte de suministros del ejército japonés. Los sucesos y el desenlace son una muestra de la locura y el desvarío a que conduce en ocasiones el delirio militar, en este caso del coronel Nicholson. En honor a la verdad hay que decir que Boulle nunca aceptó que el final de su novela fuese alterado en la película, pues según él, era su final el que daba sentido a su historia: Warden bombardea y mata a sus dos compañeros de comando (Shear y Joyce) y a modo de venganza sobre Nicholson; y el puente nunca llega a caer en la novela. Los guionistas se tomaron además otras licencias como minimizar la brutalidad de los japoneses o el racismo de Nicholson.

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Kenneth J. Alford, un militar británico es el compositor de la Marcha del coronel Bogey. Alford consideraba de escaso gusto algunas de las letras que acompañaban a la melodía y su viuda sólo consintió la venta de los derechos bajo la fórmula de silbarla y no cantarla en el film. Entonces, la música de esta película se hizo tan conocida gracias a esa melodía silbada al inicio de la película por los soldados británicos a la llegada al campo de prisioneros: la Marcha del Coronel Bogey. Esta marcha militar se convirtió en un clásico de la música de cine y fue seleccionada por el compositor Malcolm Arnold para la banda sonora que compuso y por la que obtuvo un premio Oscar (por cierto es el himno oficial de las fuerzas armadas canadienses cuya letra transcribo debajo de esta crítica); pero aunque el resto de la banda sonora esta igualmente genialmente construida por Arnold, la fama le vino por esta melodía que no era suya pero que incorporó por la insistencia de Lean. La fotografía luminosa Jack Hildyard es otra maravilla de esta obra. Igualmente gran puesta en escena y montaje.

En cuanto al reparto es de auténtico lujo y multipremiado. Un William Holden interpreta con la calidad del gran actor que es la psicología del mayor norteamericano Shears, un hombre cínico y hedonista cuya única obsesión es escapar del campo y largarse de vuelta a su casa; he de decir no obstante, que Holden no brilla a la altura a que nos tiene acostumbrado. Alec Guinnes interpreta genialmente la flema, la obstinación, el sentido estricto en el cumplimiento de las normas y su exceso de militarismo británico; hay una escena cuando lo sacan del barracón donde llevaba días encerrado pasando calor, hambre y sed; es la escena en la que un Guinness demacrado, camina al lado de los soldados japoneses mientras lo mira su tropa: pura excelencia fílmica. Jack Hawkins hace un papel muy bueno como el mayor Warden, un militar de casta que encabeza el comando que se dirige a boicotear el puente. El comandante japonés Saito es interpretado con total solvencia por un actor japonés, antigua estrella del cine mudo, Sessue Hayakawa; para mí el segundo mejor actor del film tras Guinnes. El resto de intérpretes está igual de bien con personajes como James Donald, André Morell, Geoffrey Horne, Peter Williams, John Boxer, Percy Herbert, Harold Goodwin, Ann Sears o Heichiro Okawa.

Entre premios y nominaciones obtuvo entre 1958 y 1957: (1958) David di Donatello: Mejor producción extranjera. (1957): 7 Oscars: Película, Director, Actor (Alec Guinness), Guión, Fotografía, Montaje, Música. 3 Globos de Oro: Drama, Director, Actor (Alec Guinness). Nominada a Secundario. BAFTA: 4 Premios, incluyendo mejor film, actor (Guinness) y guión británico. National Board of Review: Película, Director, Actor, Secundario (Hayakawa). Círculo de Críticos de Nueva York: Película, Director, Actor (Guinness). Premios David di Donatello: Mejor producción extranjera.

Yo é que esta película tiene sus críticas, sobre todo como que fuera una sonrojante propaganda de los vencedores. Puede ser. Eso suele ocurrir cuando en una guerra hay vencedores y vencidos. No quita para que yo crea, como tanta porción de humanidad, que no estuvo mal que la Segunda Gran Guerra se decantara del lado de las democracias occidentales versus las potencias dictatoriales del eje Berlín-Roma-Tokio. La cosa es que si podemos obviar este tipo de comentarios, para mí este film es una obra maestra del cine bélico de postguerra.

Por tanto y en resolución, se trata de una magnífica película de guerra con casi todo a su favor: dirección, guión, interpretaciones (Holden, Guiness y Hayakawa: inolvidables protagonistas), música, puesta en escena y fotografía. Yo siento admiración y respeto por David Lean, y creo que la realización de esta película es majestuosa. Lean era capaz de hacer un cine que contaba historias muy complejas y grandiosas, tanto que costaban años filmarlas (la que comento aquí duró más de tres años de rodaje y el ruinoso divorcio por abandono de hogar para Lean). En definitiva, el sello Lean es único y en la actualidad ya no se arriesga con este tipo de producciones. Además, la informática, la animación y los efectos especiales se lo han comido todo. El Oscar de Lean por este film, pienso que es el mérito de haber construido una película con la precisión del ingeniero especialista en levantar puentes: ¡un hurra por Lean!

Marcha del Coronel Bogey

Hitler, he only had one ball,
Goering, he had two but very small,
Himmler had something simmler,
But poor old Goebbels had no balls at all.

Frankfurt has only one beer hall,
Stuttgart, die München all on call,
Munich, vee lift our tunich,
To show vee ‘Cherman’ have no balls at all.

Hans Otto is very short, not tall,
And blotto, for drinking Singhai and Skol.
A ‘Cherman’, unlike Bruce Erwin,
Because Hans Otto has no balls at all.

Hitler has only got one ball,
The other is in the Albert Hall.
His mother, the dirty bugger,
Cut it off when he was small.

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