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Como chocolate blanco

Por Mª José Toledo

No tengas prejuicios. El consejo lo dirijo al público en general y a ti, hombre, en particular, que miras con ojos de exorcista asustado la presencia en cartelera de una Magic Mike XXL que ha subido la temperatura de las salas de cine veraniegas. Su varita, reinas y reyes, sigue siendo aún más mágica.

Olvidad la falta de ropa, los estripteases, los torsos musculosos, los brazos como columnas, los tangas y los contoneos vendidos. Eso es una pequeña parte de la película, mucho menor de lo que parece y se anuncia. La secuela de lo iniciado por Soderbergh da la sorpresa y Gregory Jacobs, con su antecesor supervisando los aspectos técnicos, ofrece sin coartarse una película cien por cien disfrutable tanto por mujeres como por hombres. Me niego a reducir Magic Mike XXL a la categoría cine hecho para fantasías femeninas. Es falso. Es propaganda. Imaginad cinco chicos en una última reunión de amigos. ¿Os hacéis una idea? Pues de eso se trata. Imaginad noches de cerveza junto a la playa, chistes, bromas, piques, ligues inesperados, confesiones alucinógenas, cuentas pendientes que han de resolverse por las buenas o por las malas y conversaciones sobre sexo, mujeres, sueños por cumplir y sueños rotos. Testosterona desacomplejada, colegueo varonil, cosas de tíos orgullosos de serlo que se ríen de sí mismos y de su condición de hombre en un mundo de mujeres. Un espectáculo que no pide disculpas por exhibirse en un bienaventurado sexismo que a nadie le preocupa y por despertar deseo, sí, pero que también provoca muchas risas. Porque el ánimo de esta historia es hacerte sonreír y transmitirte una dosis amable de alegría y buen ambiente, lo que consigue gracias a la química despreocupada de sus protagonistas y un sentido del humor tan directamente masculino como sutil. Ya no queda nada de aquel aire meditabundo y comprometido de la primera Magic Mike: esto es una comedia musical, una juerga con cabeza donde es obligatorio pasárselo bien. Clásica road movie que se desplaza por la América sureña, el Hip hop y el Rhythm and blues mientras se dignifica el oficio de streaper a la vez que se caricaturiza con toda razón.

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El reparto está en su salsa y construye un grupo de personajes con relieve y personalidad propia. Matt Bomer demuestra unas dotes para el canto que debería servir para que se plantease tomarse en serio la carrera musical. Manganiello es el más cómico y protagonizará una escena en una gasolinera que lejos de ser sexy lo que resulta es graciosísima. Amber Heard, una chica preciosa la mires por donde la mires, tiene un papel de figurante y lo cierto es que Zoe y su trama es de lo más flojo de la película, como contada con pereza. La Roma de Jada Pinkett Smith y su pincelada negra es un revulsivo maravilloso para el guión y de su mano conocemos al bailarín profesional Stephen «tWitch» Boss, que se marca en su primera aparición un número espléndido. La película incluso recupera a una actriz de la talla de Andie McDowell con un personaje algo estereotipado que sirve para promover una liberación sexual sobre la que habría mucho que discutir. Lo que no es discutibles es que si hay un nombre propio en Magic Mike XXL ese es el de Channing Tatum, que vuelve a ser lo mejor en esta segunda entrega al poner su poderosa e inagotable magia en movimiento. No os equivoquéis: el mayor reclamo de la película no son las poses de boy ni los desnudos traseros de sus compañeros de viaje, que se desenvuelven con obvias limitaciones musicales en unas vistosas y lucrativas actuaciones a las que no era necesario dedicarle tantos minutos. Craso error. El auténtico aliciente de la franquicia Magic Mike son los bailes de Tatum, con o sin ropa, eso no importa.

Ese ardiente «chocolate blanco», como le llaman una vez, que se desliza y se derrite ante tus ojos, y tú con él. Su cuerpo es una obra de arte, no vamos a discutirlo, pero es cuando se mueve al ritmo de la música cuando su carne y sus músculos alcanzan la mayor de las bellezas. Puro placer en el sentido más amplio y artístico de la palabra. Tatum añade la nota de calidad, eleva la sensualidad del show sin restarle elegancia, reinventa el concepto para desprenderse de una vez y para siempre de los disfraces de policía y bombero, que cumplen su función pero que pueden superarse para triunfar en el intento. Él, con vaqueros, gorra y camiseta, simplemente baila dejándose llevar. Mirad su coreografía envuelto en luz roja mientras suena el Feel it de Jacquees con Rich Homie Quan y Lloyd. O su nueva reinterpretación del ya antológico Pony de Ginuwine. Si eso no es magia nada lo es.

A la espera de que algún productor con visión de futuro utilice su explosivo talento para un musical que de rienda suelta a todas sus habilidades, Magic Mike XXL es un puro y duro entretenimiento para personas sin prejuicios y sin ideas preconcebidas que le impidan participar de la diversión. Siéntate y disfruta.

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