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Comedia sencilla y agradable de Francis Veber

Por Enrique Fernández Lópiz

En El juego de los idiotas Pierre Levasseur (Auteil) es un millonario que es sorprendido por un “paparazzi” en compañía de la famosa top model y una de las modelos más cotizadas de Francia, Elena (Taglioni), que a la sazón es su amante. A fin de evitar un complejo y costoso divorcio cuando su mujer vea la foto (su mujer es la máxima accionista de su empresa), Levasseur idea una increíble mentira. Aprovecha la circunstancia de que en la foto aparece fortuitamente un ciudadano que pasaba por allí, François Pignon (Gad Elmaleh), para hacer creer a su señora, Elena (Kristin Scott Thomas), que quien estaba con la señorita era Pignon y no él. Y para que la mentira resulte verosímil envía a la bella Elena a vivir con Pignon, que es meramente un sencillo aparcacoches, muy feo para más señas y que vive en una modesta vivienda de protección oficial. El egoísta de Levasseur le paga una respetable cantidad de dinero para que simule ser el novio de la guapa joven. Pero es que Pignon está enamorado de Émile (Virginie Ledoyen), la cual no le corresponde por cierto. Pero hete aquí que Émile, al ver a Pignon con una señorita tan exuberante, deseará entonces estar con él, meramente por celos. Y François ha aceptado el trato y la trola, justamente para darle el dinero a su amada Emile. A todo esto, en ese entorno, Elena contrasta doblemente y parece una especie de objeto bello, en una casa de cuarta categoría, lo cual es un filón para el humor del film.

El director Francis Veber consigue construir una graciosa e inteligente comedia de enredos, costumbrista, en la que un pobre hombre se ve involucrado e introducido en un mundo de lujo y glamour de un día para otro. Nadie puede negar que con esta cinta se pasa un buen rato. El guión del propio Veber está sembrado de ocurrencias y gags deliciosos, y en ningún momento recurre a la horterada, la zafiedad o la chabacanería a la que nos tienen acostumbrados otros directores y guionistas del género. Tiene una bonita música de Alexandre Desplat y una resplandeciente fotografía de Robert Fraisse.

El reparto es de auténtico lujo, con un Daniel Auteil espléndido como siempre en el rol de millonario cínico, mentiroso e inmoral; un Gad Elmaleh en su papel de ingenuo muy convincente; la bonita Alice Taglioni está estupenda; igual que Ledoyen, y no digo nada de la para mí hermosísima Kristin Scott Thomas, una de mis actrices favoritas en el rol de la esposa del pérfido empresario. Y acompañan muy bien un excelente Dany Boom (nominado en los Cesar), Virginie Ledoyen, Richard Berry, Michel Aumont, Michel Jonasz, Karl Lagerfeld, Laurent Gamelon, Patrick Mille y Michèle Garcia. Todos magníficos.

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El núcleo de la gracia del film está en la nueva situación a la que pasa François, que es el soporte principal de la historia. De ser un “don nadie”, pasa a ser centro de la atención mediática, la envidia de sus amigos, motivo de celos para Levasseur, y ve, además, cómo su amada Émilie manifiesta un inusitado interés por él. El director Veber hace una obra selecta que nos hace ver de forma diferente el fondo de los personajes. De esta manera, Elena resulta ser algo más que una espectacular mujer, y cómo, la auténtica belleza de François, se encuentra en su gran corazón. Situaciones divertidas que siempre vienen al caso, nada forzadas, dentro de una historia llana, muy bien llevada por los actores. Muy aguda la figura del médico al que tienen que andar cuidando sus pacientes. Cine para todos, para cualquiera que desee pasar un buen rato.

Valga como anécdota que en siete ocasiones Veber ha utilizado el nombre de François Pignon para denominar al personaje principal de sus divertidas comedias. Pignon suele ser un tipo buena persona, feo, y que complica la vida a quienes tiene a su alrededor, como en esta película que ahora comento.

En 2006 tuvo una nominación. Premios César: Nominada a Mejor actor Secundario (Dany Boom).

En esta película de Veber aparece de nuevo la crítica a la burguesía y a los nuevos ricos que sólo piensan en el dinero como medio de conseguirlo todo. Quizá esta película no alcance el nivel de La cena de los idiotas (1998) o Salir del armario (2001), pero, si os gusta el humor francés, no la debéis perder.

En cuanto al título que se le dio en España a la película, es equívoco, pues no es que Pignon sea “idiota”. Creo que este error está producido por la mala interpretación del título original, “La doublure”, cuya traducción literal pudiera ser “El forro”, o “El suplente”, de manera que más bien se trata de un “suplente”, no de un idiota… y además, el protagonista es un buen hombre.

En resumen, comedia blanca y sencilla, una película graciosa y agradable para pasar un rato de risas y sonrisas. Nada que envidiar a las comedia USA, más bien al contrario. La recomiendo.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=xCmo-jJ3uJc.

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