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Comedia romance meritoria y entrañable

Por Enrique Fernández Lópiz

En Descalzos por el parque (1967) un joven abogado (Robert Redford), persona conservadora y centrada, contrae matrimonio tras un pronto enamoramiento, con una mujer un tanto alocada que solo piensa en divertirse (Jane Fonda). Cuando buscan casa encuentran un quinto piso sin ascensor, en extremo pequeño y con unos vecinos singulares, lo que hace que la relación se resienta.

Se trata de la adaptación al cine de un gran éxito de Broadway de Neil Simon, guión escrito por él mismo. Correcta dirección de Gene Saks, un director con inspiración para este tipo de cine, quien dirigiría otras comedias de éxito como La extraña pareja, 1967 o Flor de cactus, 1969. Sin embargo creo legítimo decir que Saks, sabedor del material de primer nivel que tenía entre las manos (guión, actores, etc.), adoptó una postura conservadora del tipo laissez faire, laissez passer, y se limitó a respetar la estructura teatral de la obra, malgastando las grandes ventajas que podía prestarle el cine como tal. No creo equivocarme al decir que este extremo hizo que el conjunto perdiera un poco de fuerza e interés para el verdadero aficionado al Séptimo Arte. Tiene la película una buena música de los sesenta de Neal Hefti y una digna fotografía de Joseph LaShelle.

El reparto es antológico, con grandes interpretaciones de Redford y la Fonda, amén de unos magníficos Mildred Natwick, nominada al Oscar por este papel, y el siempre genial Charles Boyer, e igual brillante Herb Edelman.

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Entre premios y nominaciones en 1967 tuvo: Premios Oscar: Nominada a Mejor actriz de reparto (Mildred Natwick). BAFTA: Nominada a Mejor actriz extranjera (Jane Fonda). Está correcto.

Comedia fresca y entretenida, con una Jane Fonda libre como el viento, que gestiona cada fotograma como un poema vital y ácrata, con su hermosura esplendorosa, derrochando simpatía, atractiva, locura a raudales, a la vez que erotismo y juventud. La Fonda con su talante, como dice JPd: de bolsillo quebrado, epicureismo de saldo y nihilismo poético, es decir, sin controlar los aspectos de la realidad exterior, está genial. El contrapunto es un Redford que aunque enamorado también a tope, hace el digno papel de marido abogado y estirado.

Entonces, Descalzos por el parque es una comedia romántica que nos toca las vísceras y la boca del estómago pues que provoca la risa y hasta la carcajada con facilidad. Trata de manera distendida los inicios amorosos de una pareja de recién casados, enamorados hasta las cejas, que afrontan los contratiempos de toda pareja que comienza su vida junta, con los altos y bajos propios del momento de luna de miel, con humor, ternura e incluso puntos para la reflexión.

Un ambiente muy sesentero, un Nueva York de invierno, la película se ve con facilidad, divierte y consigue dejar la sensación de película cordial. Además, yo que la vi de nuevo hace poco, he comprobado que el tiempo no ha logrado enturbiar esta impronta de film entrañable, y lograr esta cota de perdurabilidad afable, lo cual que tiene su gran mérito y merece mi respeto; pues ello se produce, aunque sean muchas las comedias ‘clásicas’ con más virtudes.

Creo, pues, que es una película que sirve para pasar un buen rato con una sensación de atrevimiento y humor sano. Comedia de enorme popularidad en su momento, convertida en pequeño clásico de aquella década dorada de los sesenta.

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