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Comedia pobre sobre esta pobre España

Por Enrique Fernández Lópiz

Lo que quiero contar en primer lugar es que yo iba ayer a ver otra película que inopinadamente habían quitado de la cartelera. Esto me hizo decidir en la misma cola de la taquilla cambiar de peli, lo cual que me decidí sin mucho convencimiento a entrar en la sala de Perdiendo el norte. Ya tenía noticias de esta film y lo que había leído no me entusiasmaba en exceso, pues yo sé leer, según creo, entre líneas, sé quiénes son los críticos que leo, y la conclusión es que me suelo hacer una idea bastante aproximada de cómo será el film. Al entrar en la sala lo primero que me sorprendió es que prácticamente se llenó al poco; y en segundo lugar, observaba conforme avanzaba la cinta que la gente se reía a carcajada limpia. Todo OK, pues… en principio.

La película, sucintamente, es así. Dos jóvenes supertitulados, con varias carreras, másteres, etc., Hugo y Braulio, cansados de buscar trabajo sin éxito en suelo patrio, toman la decisión de emigrar a Alemania tras ver el programa de TV “Españoles en el mundo”, en el que un individuo contaba las excelencias de su nivel de vida en tierras germanas. Dicho y hecho, compran sendos billetes de avión y aterrizan en tierra teutona, aunque el barrio que les han indicado es prácticamente turco (uno de los jóvenes le pregunta al otro si no se habrá equivocado y comprado los pasajes a Estambul: jaja!!??). E l caso es que en Berlín, que es la ciudad concreta a donde han llegado, las cosas no están fáciles. El idioma, el hecho de que el trabajo tampoco abunde allí y los problemas económicos de los propios padres en España, obligan a los flamantes universitarios a tener que trabajar en un restaurante turco y a vivir en un piso compartido. Todos los singulares personajes de esa “comuna”, el turco, su esposa, el psicópata que ya habitaba el piso con su bonita hermana, el vecino español con Alzheimer, y los recién llegados constituyen personajes de sainete, con diálogos supuestamente graciosos y un desarrollo de la película más o menos bien, si lo que se pretende es “meramente” pasar el rato.

Y ahora cuento mis impresiones. Para una tarde de sábado y con tanta gente por las vacaciones, con tanta sombra de Grey acechando y los restos del francotirador de Eastwood, y mucho dibujo animado, no había mucho donde elegir. Y esta opción resultabapretendidamente distendida y afable. PERO la cosa no es tan sencilla, pues en primer lugar, no deja de ser un producto mediocre, que abusa de los tópicos, de la frase hecha y del chiste facilón; es decir, que le falta auténtico talento y garra. A lo cual se añaden algunas chanzas que no son de recibo, como cuando uno de los protagonistas afirma que lo único que España ha logrado inventar es la fregona. Para mí este tipo de chiste resulta impresentable y deja caer como quien no quiere la cosa, una imagen injusta y falaz de un país y una cultura como la española, que bien puede preciarse de haber dejado un legado de primer orden al mundo de la ciencia, el arte, el humanismo y el pensamiento. Hay fregona pero también están Ramón y Cajal, Severo Ochoa, Isaac Peral el inventor del submarino, Juan de la Cierva y el autogiro, etc., sin contar nuestras aportaciones a la pintura, la literatura, la jurisprudencia, la filosofía… en fin, ¡cómo reducir nuestras contribuciones a la fregona, por más que sea una mera peli de tercera! Impresentable.

Lo que sí hay como dice Rodríguez es “guasa”; guasa social, burla familiar, bromas amorosas, chacota entre los jóvenes sobre el tema laboral, etc. Todo sin acritud, para provocar la risa sin mayor compromiso. Por ejemplo, no hay ni media crítica al mundo alemán, que algo de eso creo yo que podría haber intercalado el guionista en la historia, sin embargo la acidez se vuelca sobre las espaldas patrias.

A Nacho G. Velilla se le nota mucho que viene del terreno de la TV, con un tipo de realización más propia para este medio que para el cine; el guión no tiene entidad y sobre todo carece de personalidad, lo cual que no es extraño pues está escrito por un ejército de autores entre los cuales se incluye el propio director (parece uno de esos “papers” científicos firmado por un ejército de investigadores): Antonio Sánchez, David S. Olivas, Oriol Capel y Nacho G. Velilla; es un guión elemental, funcional y muy dosificado para que la gente ría y lo pase bien escuchando graciasgastadas y trivialidades. La música de Juanjo Javierre es común, por no decir otra cosa; y no está mal la fotografía de Isaak Vila.

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En lo que respecta al reparto, pues bueno, no está mal, aunque en absoluto brillante. Tenemos un elenco de actores como Yon González, Julián López, Blanca Suárez, Miki Esparbé, los mismísimos José Sacristán –ya mayor- y Javier Cámara –ídem-, Úrsula Corberó, la omnipresente del cine español de hoy Carmen Machi, Younnes Bachir y Arturo Valls. Y la verdad, pues no lo hacen mal, pero tampoco para aplaudir demasiado. Los jóvenes están graciosetes y los menos jóvenes dignos. Y punto.

O sea, a ver si me explico, es una película pretendidamente de “cachondeo”, sin mayor trascendencia y sin ambición, salvo el entretenimiento fatuo y el éxito facilón de un público que puede acogerla entre risas y palomitas. Se parece más a una serie televisiva, equivalente al parecer a las series que hace Velilla y de las que no puedo hablar pues no soy de ver series de TV.

En su descargo, si es que alguna justificación pudiera hacerse de este film, están la química de Julian López o de Miki Esparbé que atemperan las exigencias fílmicas para que el espectador acabe, como dice Oti, descargándose con “carcajadas de hiena”. Blanca Estrada y Yon González hacen de relleno por ser simpaticones y cercanos con su romance. Y luego están los que entran y salen de escena: José Sacristán (un actor con caché que no se entiende bien que figure en esta película), Carmen Machi, Malena Alterio, Javier Cámara, etc., lo cual que dan carnaza para todos: los que van a reír y también para los que optan por la comprensible indignación. Pero bueno, no siempre va uno a ver a Bergman o a Payne o a tantos otros buenos directores de ayer y de hoy. Director, productor, etc., quizá han pensado en hacer una obra para que la gente se relaje y disfrute sin un exceso de acritud, aunque el producto sea de medio pelo e incluso para cabrearse.

Ya sé que las cosas no son simples, pero si yo tuviera que concluir con alguna idea, como suele ser mi gusto, yo diría así. Si eres concienciado con la crisis, con la lacra del paro juvenil, si te sientes protagonista en el cambio de los acontecimientos, si te haces reflexiones sociales o morales sobre este difícil momento histórico que vivimos, si no te van los guapitos y guapitas a gogó ni los chistes facilones, si el Alzheimer es para ti una pandemia preocupante, si tienes un poco de respeto por nuestro querido país, y en fin, si no quieres tú también perder el norte, no vayas a verla.

Pero quiero añadir algo más, pues ayer, estando yo pensando en las cosas de esta España nuestra, vino a mi mente un verso de Machado: “El hoy es malo, pero el mañana… es mío”, de un conocido poema suyo que ahora transcribo. Y me pregunté ¿Qué diría Don Antonio Machado hoy de esta España empobrecida en todo sentido, y que quizá ya ni lo recuerda? Y cuando volví de ver esta película, creo que no risas, sino lágrimas, era lo que me venía del fondo de mi corazón. Y es que hay cosas de las que creo, uno no puede sustraerse, ni siquiera con la chacota de una mala película. Leed y oíd al maestro Machado declamado por otro que fue grande de la Academia de la Lengua, del cine y de los escenarios, Fernando Fernán Gómez; en este poema Machado implora y espera de la juventud que él veía venir, que impulsara a España a lo más alto. Y cuando lo hayáis escuchado o leído, pensad dónde estamos; leed este poema premonitorio A una España joven, que da para mucho. Y es que, señor Velilla, hay cosas que no son risibles. Amén.

A una España joven

Fue un tiempo de mentira, de infamia. A España toda,
la malherida España, de Carnaval vestida
nos la pusieron, pobre y escuálida y beoda,
para que no acertara la mano con la herida.

Fue ayer; éramos casi adolescentes; era
con tiempo malo, encinta de lúgubres presagios,
cuando montar quisimos en pelo una quimera,
mientras la mar dormía ahíta de naufragios.

Dejamos en el puerto la sórdida galera,
y en una nave de oro nos plugo navegar
hacia los altos mares, sin aguardar ribera,
lanzando velas y anclas y gobernalle al mar.

Ya entonces, por el fondo de nuestro sueño —herencia
de un siglo que vencido sin gloria se alejaba—
un alba entrar quería; con nuestra turbulencia
la luz de las divinas ideas batallaba.

Mas cada cual el rumbo siguió de su locura;
agilitó su brazo, acreditó su brío;
dejó como un espejo bruñida su armadura
y dijo: “El hoy es malo, pero el mañana… es mío”.

Y es hoy aquel mañana de ayer… Y España toda,
con sucios oropeles de Carnaval vestida
aún la tenemos: pobre y escuálida y beoda;
mas hoy de un vino malo: la sangre de su herida.

Tú, juventud más joven, si de más alta cumbre
la voluntad te llega, irás a tu aventura
despierta y transparente a la divina lumbre:
como el diamante clara, como el diamante pura.

Antonio Machado

Poema en audio: A una España joven de Antonio Machado en la voz de Fernando Fernán Gómez

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