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Comedia ligera para reír a gusto

Por Enrique Fernández Lópiz

En Salir del armario (Le Placard), François Pignon (Daniel Auteil) es un aburrido contable de una empresa de preservativos y otros productos de caucho, que hace veinte años que trabaja en la misma. Es ignorado por la Jefa de su Departamento (Michèle Laroque), vejado y acosado por el Jefe de Personal (Gérard Depardieu) y en general dado de lado por sus compañeros. Su apocamiento y escaso empuje y decisión han dado lugar a que su esposa (Alexandra Vandernoot) lo abandone y que incluso su hijo adolescente le rehúya.

Un día se entera por el Jefe de Personal, que está en la lista de futuros despidos pues va a haber una reducción de personal en la empresa. Pero un vecino desconocido a quien le cuenta el caso, un sagaz psicólogo de empresa retirado (Michel Aumont), le sugiere una ingeniosa solución a su difícil situación, una particular receta: “declárate homosexual, no se atreverán a despedirte”. Sí, como lo leéis: debe confesarse homosexual para que su empresa no lo despida, pues si lo hiciera, podría interponer una demanda por discriminación sexual, etc., etc. Tras la recomendación, Pignon envía anónimamente unas fotos en Bares de alterne gay y la dirección de la empresa decide mantenerlo a toda costa, pues los homosexuales consumidores preferentes del principal producto que fabrican (condones), y podría traerles serios problemas si despiden a uno de los suyos. El quid está en que la empresa piense mejor la medida que va a tomar, no vaya a ser que tenga litigios, entre otros, por homofobia. De hecho, la nueva condición gay de Pignon impide ipso facto su despido. La vida de Pignon cambiará radicalmente y no siempre para bien, pues también le traerá quebraderos de cabeza a la vez que dará lugar a diversos malentendidos.

Francis Veber hace una comedia ligera ocurrente, con gags y escenas muy graciosas y una trama a la que sabe ir dando salida a cada paso. Veber sabe llevar la dirección de esta desternillante película con soltura, agilidad y vivacidad. Es una de las películas más graciosas que recuerdo de los últimos tiempos. El guión del mismo Veber relata una historia cordial y a la vez irónica sobre el tema de la homosexualidad, pero una historia digerible, amable y sin acritud. Mas sí de crítica social y pulla de cara a la galería de fariseos que tanto abundan. Mete al protagonista en las situaciones, embrollos y equívocos más locos que te puedes imaginar: el carcajeo está garantizado.

El guión tiene diálogos auténticamente cómicos. Buen ejemplo es el momento en que el pobre Pignon declara su inutilidad para simular una homosexualidad no sentida, un amaneramiento que puede resultar forzado, pues él no es gay, a lo que su mentor, el psicólogo le replica así: “No hagas nada, tu homosexualidad estará en sus ojos”. Ese hábil comentario nos ofrece la evolución del triste oficinista desde la mirada de sus compañeros, lo que amplifica su forzada transformación. El protagonista siempre se mueve, salvo en las escenas del final, a partir la mirada de los otros, se forma desde la mirada de los demás y termina por actuar siguiendo las valoraciones de los otros.

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Claro que en 2001, cuando la eclosión del fenómeno gay no era tan evidente como hoy, sobre todo en Europa, esta película causó furor e hizo reír a miles de espectadores. Yo la vi fuera de España y las carcajadas eran más que notables. Un verdadero recital de cinismo de parte de Francis Veber, tanto en tareas de guión como de dirección, que combina la homosexualidad y el mundo empresarial para perfilar un retrato social cargado de gracia, con apariencias esquivas que provocan un juego de acción-reacción muy entretenido.

Alegre e inspirada música de Vladimir Cosma y una fotografía estupenda de Luciano Tovoli.

El reparto es antológico y de entre los diversos actores y actrices que interpretan esta divertida comedia hay que destacar a un Daniel Auteuil que sabe manifestar toda su veta cómica con sus gestos que saca a cada momento, con esa facies con regusto amargo; está sensacional. El fortachón Gérard Depardieu se luce como siempre con su vena impulsiva y su actuación perfecta, aunque esta vez le sale el tiro por la culata, nunca mejor dicho. Thierry Lhermitte magnífico. Michèle Laroque hermosa y sembrada. Jean Rochefort hace un gran trabajo como jefe de la empresa, tan patético que hace reír. Alexandra Vandermoot está estupenda. Michel Aumont genial como psicólogo jubilado y consejero del protagonista. Bueno, en general todos están bien, actores como Stanislas Forlani, Edgar Givri, Thierry René, Armelle Deutsch. Como escribe Morales: “Atractiva comedia que, con un reparto lleno de caras famosas, ironiza sobre la hipocresía social, la discriminación sexual y el desempleo”. Y acuerdo plenamente, pues le lanza los tomates a quien hay que lanzárselos, es decir, a esos que se escandalizan y se dan golpes de pecho a toda hora, cuando sus vidas son las que realmente están dentro de armarios repletos de naftalina.

Conforme se está viendo la película, el espectador asiste atónito a cómo un pobre hombre mediocre, marginado y sin apenas recursos, se convierte de la noche a la mañana, no ya en un empleado intocable en la plantilla, sino que lo proponen para presidir la cabalgata del Día del Orgullo Gay de la empresa; su mujer cambia de actitud y quiere hablar con él; y su afamado nombre que sale en TV hace que el hijo lo respete ahora y lo encumbre; incluso tiene una aventura amorosa con su antigua jefa de sección, que siente de la noche a la mañana una irrefrenable atracción por él. Y lo más grande: el fortachón que interpreta Depardieu, el que siempre lo calificaba de debilucho e inútil en el equipo de Rugby, ahora resulta que es gay y que también siente una pasión inusitada por él.

Es un film muy digno desde mi modo de ver, humor del bueno, de ese que se expresa en la letra de esa canción que dice: “sorpresas te la vida/ la vida te da sorpresas”. Como escribe Torres, la cinta está “realizada con la habilidad de alguien que, como Veber, conoce muy bien los viejos trucos de la comedia [...] Con un buen punto de partida, una parte central más bien lenta y un brillante final. Comedia sin otra pretensión que hacer reír, pero que funciona a la perfección”.

Esta película fue la que más recaudó en Francia en 2001, con cinco millones de entradas vendidas. Este dato sirve para que quien lea estos comentarios se anime a buscarla y verla, porque creo que los que no la habéis visto, agradeceréis mi recomendación y os desternillaréis a gusto. No es un cine con aspiración de gran obra, pero el film tiene un estupendo comienzo, una parte de enredo y curiosa por diferentes razones hacia la mitad, y un epílogo brillante.

En suma, estamos ante una película muy divertida, muy ingeniosa, bien interpretada y capaz de tratar con sentido del humor y un ligero toque de sana desvergüenza algunos temas muy actuales, sin incomodar a nadie y nadando en las aguas de la corrección ideológica progresista más o menos convencional. Tal vez por eso su problema principal es su corto alcance, apenas hay pimienta ni espíritu sarcástico excesivo; tiene una puesta en escena esterilizada. Es una comedia para reír, aunque la verdad, se queda en tierra de nadie. Alguien la califica de insustancial. Puede ser. Pero a mí y a muchos que pude ver en la sala hace años, nos hizo reír de lo lindo. O sea, la historia va cayendo por sí misma, pero resulta gratificante y muy entretenida.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=wBDcYnKKQWk.

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