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Comedia fresca, personajes frikis y la aventura de vivir

Por Enrique Fernández Lópiz

Tras su deslumbrante El corazón del guerrero (2000), de nuevo se le vieron las trazas de buen director a Daniel Monzón con poco más de treinta añitos, con esta comedia chiflada y delirante en la que unos delincuentes de poca monta pero muy ingeniosos, planean y se disponen a llevar a cabo el robo más loco “jamás contado”. Quiero recordar aquí que Monzón filmaría posteriormente con gran éxito películas como Celda 211 (2009); o, en 2014, El niño.

La trama de El robo más grande jamás contado es así. Lucas Santos, alias el “Santo” (Antonio Resines), es un ladrón fruslero y simple que no hace más que entrar y salir de la cárcel a cada tanto. Como quiera que su vida es puro sinsabor y miseria y harto de robos chambones con escasos resultados, decide que tiene que dar un golpe que lo encumbre a todo nivel, haciéndolo rico, pero también (algo muy importante para él) famoso, o sea, pasar de ser un ladronzuelo a un capitán general de la cosa del hurto. Tiene Lucas una novia amantísima que lo adora, Lucía (Neus Asensi), mujer comprensiva, buena y generosa que trabaja como stripper en clubes nocturnos. En esas, Santo logra convencer a un grupo de disparatados sujetos y conjunta una banda de delincuentes excéntricos e ineptos a los que había conocido en la cárcel. Sujetos como Jacobo el “Windows”, genio informático (Jimmy Barnatán), Zorba “El Greco”, pintor abstracto (Manuel Manquiña), Pinito, el trapecista del grupo (Javier Aller) y por supuesto Lucía, la novia de el Santo. Este grupo peculiar tiene como objetivo marcado por el Santo, robar el cuadro más emblemático de la contemporaneidad española: ¡el Guernica de Pablo Picasso expuesto en el Museo Nacional de Arte Reina Sofía! Obviamente, nadie les va comprar tan venerada y reconocida obra, lo cual que se ponen en contacto para el post-robo con el mafioso Fernando Baez alias “Garganta profunda”, con quien se entrevistan en las salas de cine X, para ver de darle salida a la pintura tras el golpe.

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Como decía, Daniel Monzón sale airoso y con muy buena nota de esta comedia fresca y original, con una trama demencial –en el buen sentido- e impensable, también trepidante sobre todo en los momentos del robo, fruto de un guión muy bien construido del propio Monzón, que intercala el suspense con un humor físico y verbal muy acertado. La película tiene un buen pulso narrativo, gags muy graciosos, un tipo de personajes tan inusuales como singulares, que ya de suyo tienen gran vis cómica, son personajes con un carisma y una personalidad magnética que consiguen que cuando termine la película conozcamos perfectamente a cada uno de ellos.

Tiene el film escenas antológicas. Plan tronchante está el momento en que la banda observa para su pasmo que “El Greco” ha pintado la copia del Guernica que tendría que servir para reemplazar al original, ¡en color! En cuanto a la calidad de los efectos especiales para la época está el episodio del mal sueño del Santo en el que se le aparecen vivos los personajes del Guernica: el caballo o el fauno. Y es impresionante en cuanto a acción, cuando revientan el Aeropuerto de Palma de Mallorca con las impactantes escenas de público en masa furioso y espectaculares episodios de aviones explosionando, fuego, ímpetu y fuerza. A todo ello, obvio, se suma un entramado bien construido y con final feliz. Lo que hace de esta cinta un motivo para pasar un rato glorioso.

Tiene una música de Roque Baños excelente que acompaña perfectamente la narración, y una grata fotografía de Carles Gusi.

El reparto es de primer orden con un Antonio Resines encabezando el cartel, con un gran trabajo en el que se interpreta a sí mismo, lo cual que a esta película le va muy bien; Santo, su personaje, es un amante de lo ajeno pero sobre todo busca la notoriedad y salir en la primera página de un periódico. Neus Asensi muy guapa y muy expresiva en su personaje tierno y entrañable. Manuel Manquiña está genial como extravagante pintor que ayuda poco al grupo pero hace reír. Javier Aller es un sujeto muy particular que con su escasa estatura, su cara grotesca y sus ágiles movimientos llena pantalla. Jimmy Bartanán hace un papelón en el sentido amplio de la palabra, como actor, pero también por los errores de bulto que comete con sus piraterías informáticas tan tronchantes. Rosario Pardo está muy bien como madre de Windows. Pone siempre su sello, aunque su papel sea breve, el gran Sancho Gracia que interpreta al capo Fernando “Garganta profunda”, por su afición a ver películas pornográficas. Y secundan con calidad Enrique Villén, Coté Soler, Fernando Bilbao, Aitor Mazo, Gorka Aguinalde, Javivi, Ion Gabella y Antonio de la Torre. Muy bien en general todos los actores y actrices, y sabiamente elegidos.

Luminosa e hilarante comedia de ladrones de cuarta. Esta cinta es “el homenaje que Daniel Monzón rinde al arte de contar historias. De contarlas con la urgente necesidad de implicar al espectador en una lúdica cita a ciegas con unos entrañables personajes cuyo club de fans está presidido por su mismísimo creador” (Sergi Sánchez). Una fábula con personajes freaks que, ofuscados en su permanente negación de la realidad, se embarcan en una empresa que a todas luces los desborda. Pero nada tan tozudo como la negación de la incompetencia, y en realidad la negación de casi todo inconveniente obvio para cualquiera, para que sin desmayo, esta pandilla de personajes incomprensibles, insistan en lo imposible hasta… ¡conseguirlo! Toda una lección que puede hacer pensar al espectador. Pero que sobre todo lo lleva a la risa y al sano humor ante tanto despropósito que en ocasiones excede e incluso se asemeja a los disparates que podemos ver en los clásicos tebeos de siempre.

Estos sujetos creados por Monzón representan la equivalencia de los pobres desgraciados que pueblan la novela picaresca española desde el medioevo. Y si nos preguntamos, resulta difícil elegir un favorito de entre estas criaturas. Resines es un pirado genial; Lucía la novia enamorada de siempre jamás. Manquiña, cada vez que aparece en escena se hace con el espectador al modo de un Isbert moderno y espigado. Bartanán se sale con sus disparates electrónicos. Aller es el muy pequeñín y el muy entusiasta y atrevido del grupo: desternillante. Y como siempre ha de haber un alto mando, ahí tenemos a Garganta Profunda con su aplomo, siempre en los cines cutres haciendo negocios sucios. “Y, mientras tanto, mientras actores y público disfrutan y se dejan llevar, la película discurre ágil y fresca, haciendo pausas donde se lo pide el cuerpo y expandiéndose en virtuosas secuencias que revelan a un cineasta cuyas ambiciones no se limitan a provocar sonrisas” (Sergi Sánchez).

En fin, esta cinta es una “película saludablemente divertida, con golpes de humor inolvidables” (Torreiro). Su tono costumbrista nos traslada también una lección sobre la aventura que es la vida y el vivir. Sin olvidar su tinte sarcástico y de crítica. Una película hecha, aunque alguien no se dé cuenta, con inteligencia ¡Ah! Y que te alegra la vida ¡Merci monsieur Monzón!

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=XLSVFi-RQRA.

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