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Comedia francesa de medio pelo con el racismo de fondo

Por Enrique Fernández Lópiz

Este film de Claude y Marie Verneuil, Dios mío ¿pero qué te hemos hecho? es ante todo una película cargada de amabilidad y galanura política. Y para llegar a este extremo, juega con cierta munición humorística que en el momento de ver la cinta resulta graciosa y chispeante, pero que transcurrido un tiempo deviene en recuerdo trivial y cargado de tópicos en la figura de su protagonista, un conservador de provincias, tan degaullista como xenófobo.

En la película, un matrimonio conservador y católico observa atónito cómo sus tres hijas mayores van contrayendo matrimonios con candidatos de otras etnias y otras religiones: un musulmán es el esposo de la hija mayor; la siguiente se ha casado con un judío; y la tercera con chino. Sólo les queda la esperanza de que la menor de sus hijas consiga un marido acorde a los principios que le han intentado inculcar. Así, el matrimonio deposita todas sus esperanzas en que al menos una de sus hijas pise la iglesia.

Esta película del director francés Philippe de Chauveron es el primero de sus cinco largometrajes estrenados en España, y viene a ser un paso en la evolución de la comedia, para una época de corrección política. Sin embargo, no deja de ocultar humor amable, la realidad de un presente social “donde exclusión y rechazo son norma: risas amables para la escalada electoral del lepenismo” (Costa). Pero, me pregunto, ¿dónde está, por ejemplo, el talento de un Billy Wilder –lo pongo como ejemplo de lo que éste film no es- cuando tenemos que soportar una descafeinada retahíla de chistes fáciles y previsibles con limitada gracia y sin arte, por parte de un director francés de medio pelo como Chauveron? Quien la vea por vez primera puede parecerle graciosa; pero si ahonda un poco o asiste a las comedias de los grandes se dará cuenta de que está ante una cinta mediocre.

El guion de ChauveronGuy Laurent quiere demostrar lo que “supuestamente” es, y acaba demostrando que realmente es: que todos somos racistas. Además, los guionistas no llenan los huecos entre escenas, limitándose a enlazar estos espacios vacíos con carteles como: “Un año después”; “Seis meses más tarde”, etc. “El final, justo es reconocerlo, levanta algo el vuelo y deja una sensación de engañoso bienestar” (Marín Bellón). Pero la historia cabe en el enunciado de un chiste y a decir verdad, no logra escapar de lo previsible.

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Es correcta pero sin alardes la música de Marc Chouarain, así como la fotografía de Vincent Mathias.

En el reparto destaca el savoir-faire del veterano Christian Clavier, un comediante con buen oficio que encarna a un hombre irascible, facha y a su modo, buena persona (una forma contemporánea del Victor Pivert al que daba vida en otro tiempo Louis de Funès); en su trabajo plantea un sutil estudio sobre la persistencia de ese tipo de francés medio en un siglo XXI y dentro de una sociedad multicultural. Chantal Lauby es el segundo puntal actoral del film encarnando a la madre y esposa tan abnegada como sorprendida por los acontecimientos.

Acompañando en sintonía y buen nivel: Ary Abitann, Medi Sadoun, Fréderic Chau Noom Diawara, Fréderique Bel, Julia Platon, Émilie Caen, Élodie Fontan y Pascal Nzonzi.

En 2014 fue nominada, curiosamente, en los Premios Goya, a la mejor película europea. Demasiado según mi parecer. No pasa por alto, al menos para mí, el recuerdo de la excelente obra de Kramer (infinitamente mejor): Adivina quién viene esta noche, la última película de Spencer Tracy, donde él y Katharine Hepburn reciben la visita de su hija en compañía de su novio, un médico negro (Sydney Poitier). Pero mientras aquella película encierra racismo, lo que en el fondo late igualmente es la clase social, el estatus del protagonista. En esta película que ahora comento, a diferencia de aquella, las hijas se van casando sin cesar, y es el racismo en estado puro lo que desencadena risa y risotada entre el respetable.

Esta obra tuvo un inusitado éxito de recaudación en su momento, en Francia, con más de 12 millones de espectadores, lo que la convirtió en la película más rentable del momento, más de cien millones de euros de beneficio. “Según piaba Louis CK en un monólogo, pocas cosas unen más a las parejas que compartir los más secretos racismos respectivos. Tirando de ese hilo pelado, podría concluirse que la nueva y exitosísima comedia de Philippe de Chauveron resulta ser uno de los vasos comunicantes con el espectador más efectivos de los últimos tiempos” (Cortijo).

Tolerancia y calma en esta película afable que alterna escenas graciosas y gags de baja intensidad. “Comedia y ejercicio de doble equilibrismo, ya que basa su potencial en tensar sin romper la cuerda floja de la bufonada “fina” […] y, sobre todo, en no pisar ningún delicado callo teniendo en cuenta su peliagudo planteamiento” (Cortijo). En resumen, especie de infusión de manzanilla bienhechora con una cándida a la vez que malévola idea de las relaciones amorosas que casa con la sentencia de otro francés, esta vez ilustre, Albert Camús, en: “Retorno a Tipasa”, cuando escribió aquello de que “no hay amor sin un poco de inocencia”.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=wChwjispsPA.

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