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Comedia de robo con la frescura de los sesenta

Por Enrique Fernández Lópiz

En Atraco a las tres, Fernando Galindo es un pobre infeliz y soñador que trabaja de cajero en una sucursal bancaria. Un día, convoca a una reunión a sus compañeros de Banco y les expone un plan que ha diseñado con toda meticulosidad para desvalijar la sucursal donde trabajan, fingiendo un atraco. Inicialmente sus colegas de oficina rechazan la idea, pero Galíndez con tesón y dotes persuasivas, acaba convenciéndoles. Harán la operación tras el despido de su estimado director Don Felipe. Lo hacen también como manera de compensar los salarios de miseria que perciben y las nefastas condiciones laborales que padecen. La preparación del robo la hacen al modo de las películas americanas, simulando y ejercitándose según el proyecto de atraco, pero con todo tipo de despropósitos y desvaríos pues siempre algo les sale mal en los ensayos. Todo está preparado pero ocurre que finalmente el objetivo planeado de falso robo se frustra, porque el día elegido para el simulacro de atraco, ¡oh casualidad!, aparecen unos atracadores de verdad, a los que había avisado Durán, una vedette que es el amor imposible de Galindo (https://www.youtube.com/watch?v=sPa2KD_f8ik), a la cual le había contado lo que tenían previsto llevar a cabo.

Genial dirección de José María Forqué en su mejor película, que sabe llevar a buen puerto un estupendo guión de Vicente Coello, Rafael J. Salvia y Pedro Masó, que escriben para desarrollar el entramado y sus caracteres, un agridulce retrato de ambientes y un preciso engranaje humorístico. Uno de los grandes aciertos de este film es la oposición de los estereotipos de los personajes y el perfecto encadenamiento de las situaciones repetitivas a lo largo del relato; y también, el ritmo con el que nos muestra el chapucero intento de atraco, la parodia que enfrenta los atracos perfectos que llegaban de Ultramar (EE.UU.), con el cutrerío castizo de la banda de Galindo. Fantástica banda sonora de Adolfo Waitzman y buena la fotografía en blanco y negro muy acorde, de Alejandro Ulloa.

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Reparto impresionante con un gran plantel de actores y actrices de primera línea. El ya consagrado José Luis López Vázquez en el papel de Galindo, el ideólogo, está genial y con una gestualidad y una actuación muy cómica e interesante. Cassen, ese gran humorista que hace de conserje a las mil maravillas metiéndose de lleno en el papel; de lo mejorcito de la película. Gracita Morales, la secretaria chillona y ocurrente, con su vocecilla típica, una de las mejores actrices cómicas del cine español, con su natural desparpajo y naturalidad. Manuel Alexandre es Benítez, simplemente estupendo haciendo de empleado vividor y lleno de deudas. Alfredo Landa en su primer papel en el cine, haciendo del pobre Castrillo, personaje apocado y miedoso: diez puntos. Katia Loritz como Katia Durán, que pone el toque sensual. Manuel Díaz González, un Don Prudencio y nuevo interventor del Banco, un excelente déspota. Agustín González es Cordero y como siempre, no falla. José Orjas es el antiguo interventor del Banco, Don Felipe, que da hasta penita de lo bien que lo hace y lo buena persona que es. Y Lola Gaos y Rafaela Aparicio en breves apariciones. Enormes intérpretes que engrandecen con su labor cualquier título en los que aparezcan.

La película ha cumplido ya más de cincuenta años desde su estreno pero su mensaje sigue vigente. Todos sabemos que vivimos momentos de gran dificultad y que la crisis nos afecta a la mayoría de los ciudadanos, o sea, a los de siempre.

Mientras, los poderosos y privilegiados viven a sus anchas, la brecha entre ricos y pobres va en aumento. Y son precisamente los Bancos con todo el rosario de desatinos que han protagonizado, los que principalmente ocupan el foco de las críticas en la actualidad. Pues bien, esta película hace lo mismo. Pero claro, no hace una crítica directa, como otros filmes, sobre todo americanos. En esta cinta la crítica es indirecta, cínica y camuflada, y siempre impregnada de un enorme y caustico sentido del humor. Precisamente, fue con esta pericia como José María Forqué consiguió eludir la censura de una época difícil, presentando una diatriba sarcástica a la sociedad española de aquellos años sesenta, exponiendo sus faltas, desventuras y jerarquización, envuelto todo en un humor negro a la vez que con un desenlace algo azucarado e ingenuo, lo cual que en esa época gustaba.

Esta película no agradó en su momento a los distribuidores, a quienes les pareció “una broma tonta”. Pero tras su estreno, el film se reveló un auténtico éxito en taquilla. Críticos de la época como Florentino Soria dijo de la película: “La parodia discurre por cauces tan sorprendentes como divertidos sin que falte una crítica condescendiente y cierto leve tono patético que envuelve el disparate”. Pues bien, si en su momento fue bien valorada, con el tiempo y aún hoy, es considerada una película emblemática, un ejemplo de la mejor comedia española. El crítico Diego Galán valoró la película “como una de las comedias españolas mejor cuadradas debido al alto nivel de sus intérpretes y su modesta propuesta que tuvo fáciles resultados”. Y Ocaña la describe como un “desternillante intento de atraco“.

Yo diría que es ya una especie de película de culto en nuestra cinematografía de comedia, y un film que no te arrepentirás de visionar, más aún como decía, por estos tiempos tan nefastos en que “nos roban, nos roban”, recordando la copla de Carlos Cano: “El Salustiano”.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=wczs710C56w.

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