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Comedia aceptable, crítica y amable sobre el fenómeno de la emigración

Por Enrique Fernández Lópiz

Ante tanto despropósito cinematográfico en la semana, me fui a un extraño cine donde sólo ponen películas europeas o independientes, a ver La jaula dorada. El film se desarrolla en París, donde una familia de portugueses emigrantes con más de treinta años en Francia, Maria y Jose Ribeiro (Rita BlacaJoaquim de Almeida), con sendos hijos ya crecidos, desempeñan, ella el trabajo de portería en un buen barrio parisino, mujer indispensable en este puesto; y él es maestro de albañilería en una empresa desde hace mucho tiempo y también en esta empresa se ha convertido Jose Ribeiro en alguien esencial. Esta pareja de emigrantes portugueses son queridos en el barrio entero y en la empresa del esposo. Pero por razones inopinadas, se les presenta la oportunidad de volver a Portugal en óptimas condiciones. Es entonces, cuando se corre la voz de que pretenden marcharse, cuando todos, tanto en el edificio donde la señora hace de portera, como en el trabajo del señor, se muestran extremadamente amables y dadivosos como nunca, pues nadie quiere dejarlos marchar. La pregunta es: ¿Los aprecian realmente? ¿O tal vez los necesitan?

Se trata de una película entretenida y bien conformada por una excelente dirección de Ruben Alves; Alves es un actor francés de familia portuguesa y La jaula dorada es su primera película, su “ópera prima” como director; el guión es excelente del propio Alves junto a Hugo Gélin y Jean-André Yerles, buena fotografía de André Szankowski. La banda sonora, que corre a cargo de Rodrigo Leão, es una mezcla de música compuesta para la película con canciones anteriores del músico. “Quería la melancolía tan portuguesa de Rodrigo pero añadiéndole algo de alegría.” Para ello, se añaden dos músicos que tocan la guitarra portuguesa. “Para mí, la guitarra portuguesa es la representación de Portugal“, dice Alves. Un instrumento que Leão no acostumbra a utilizar, y de ahí la fusión con los otros dos artistas. En definitiva una música donde se intercalan temas lusos muy atractivos.

El reparto es uno de los puntos fuertes de la película, con actores y actrices muy naturales y creíbles donde destacan Rita Blaca y el legendario Joaquim de Almeida, que hacen una pareja sintónica y con química, ambos nacidos en Lisboa. Pero la película incluye una serie de fascinantes actores de reparto que en los minutos que aparecen, llenan la pantalla de sagacidad y buen humor, a pesar de que las anécdotas que refieren podrían considerarse intrascendentes. Actores y actrices tales como Roland Giraud, Chantal Lauby, Barbara Cabrita, Lannik Gautry, María Vieria y Jean-Pierre Martins conforman un gran equipo actoral que da vida genuina al film. No hay que olvidar, según comenta el propio Alves, que los actores son todos portugueses o tienen origen portugués. “Todo lo que se ve es como la verdad” –dice Alves. Los actores decían “es mi vida, es la vida de mis padres […] Ellos entendieron que era importante hacerlo. No era solo una comedia, era una comedia pero con sentimientos profundos de los que era importante hablar. Se convirtieron en una familia, aunque antes no se conocían“.

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En un momento dado, y por circunstancias que no aclararé por si alguien quiere ver la peli, la comunidad de vecinos franceses donde ejercen de serviciales porteros María y José Ribeiro (un singular inventario tópico de caracteres básicamente de la burguesía francesa), acuerdan que el matrimonio portugués encargado tantos años del edificio debe quedarse a toda costa, y hay que evitar que vuelvan a su país. Es aquí cuando esa “jaula dorada” donde todo aparece en lo “manifiesto” apacible y feliz, empieza a desvelar sus ángulos oscuros y la perversión en el trato esclavista a que son sometidos sus protagonistas. Y es que es fácil abusar del prójimo cuando éste es servicial, dispuesto, cuando no pone freno ni coto al abuso socialmente aceptado; y esas personas, son justamente el servicio doméstico, el solícito albañil, la tía solterona y sin hijos, la hermana comprensiva, etc. Esto es tanto más palmario, supuestamente, sin son, como en la obra, portugueses en Francia, nacionalidad a la cual parece que sólo le están reservados los oficios más serviles. La película nos enseña que no se puede alimentar con abnegado esfuerzo los fatigosos y maniáticos caminos de los demás. Como dice el propio Alves: “En Francia, hay quienes dicen que todos los hijos de portugueses son hijos de una portera y un obrero. Esto obviamente no es cierto para todos, pero sí hay muchos jóvenes que son ejemplo de eso. Los portugueses que llegaron a Francia no eran diplomáticos o ejecutivos, eran obreros. Por eso algunos tienen esta idea un poco básica según la cual si eres portugués, haces la limpieza. Quería mostrar esos clichés para que los franceses conozcan un poco más de los portugueses y viceversa para acabar con los estereotipos que tenemos sobre los otros”.

Igualmente la cinta trata el tema de dos generaciones, dos visiones diferentes, los padres, los hijos, que son las que conviven en este film que con sutileza trata este tema, además de las relaciones familiares y de amistad, y de cómo en un momento tu vida cambia, y has de elegir con qué quedarte entre dos opciones muy distintas. El propio Alves dice en una entrevista que: “Hay mucho de mi vida personal en la película. Digo siempre que no es autobiográfico pero sí inspirado. Son 34 años de observación. Claro que yo dedico esta película a mis padres al final, es un homenaje a ellos, pero a través de mis padres hablo de toda una comunidad, muy discreta de la que no se habla mucho en Francia. Y de forma más universal, de todos los emigrantes que tienen la problemática de haber emigrado hace años y que llegue el momento de volver. Todo es complicado, por los hijos, las costumbres. Los detalles, las respiraciones, las maneras; todo esto sí se basa en mi experiencia“.

He leído en diversos medios que la película es una humorada, pero la verdad es que a mí no me ha hecho mucha gracia. Y no lo digo peyorativamente, sino al contrario, la película es esencialmente una crítica, crítica amable, sin acritud, frente a la vida de sojuzgamiento e incluso tiranía a que son sometidos los emigrantes, concretamente los portugueses, en país galo. Yo particularmente, pienso que no hay una burguesía más clasista y desagradable que la francesa. De modo que los pobres protagonistas son tratados como siervos para todo y en todo momento; y ni agradecidos ni pagados. Encima, como son buenas personas, a todo dicen que sí y están a disposición a toda hora del día y para cualquier percance, avería, desaguisado, etc. Sólo cuando ya a ellos se le abre una vida plena y holgada en su Portugal natal, empiezan a tomar conciencia de que la cosa no puede continuar en ese régimen cuasi feudal, y empiezan a poner coto a tanto abuso como son sometidos.

Como digo, la película es amable y entremezcla en la trama algunos toques de humor, pero lo que predomina desde mi manera de ver en la historia, es una larvada, y no tanto, crítica a las condiciones de vida de los emigrantes portugueses, que roza la humillación. Creo que a los españolitos de los sesenta en Alemania, Francia o etcétera les sonará esta temática. Y entonces, creo que el espectador hispano que vea el film, recordará viejos tiempos y entenderá mejor, espero, las actuales condiciones de vida de latinoamericanos, rumanos, marroquíes, subsaharianos, etc., que abundan ahora como ciudadanos de cuarta en nuestra geografía.

Sobre este film, Carlos Marañón escribe: “…comedia amable, inusitado Premio del público de la Academia del Cine Europeo, rehén de la fórmula de comedia francesa (y ahora vascoandaluza) que revienta la taquilla con equívocos del lenguaje y choques identitarios, pero menos: puestos a confundir dictadores, cambiar a Salazar por el Alcázar de Tintín tiene su encanto. La reivindicación buenista de la cultura del esfuerzo de los humildes, entre sombras ibéricas ya visitadas por Españolas en París (1971) y por el reciente César a Carmen Maura en Las chicas de la 6ª planta, se añade a una lucha generacional que acaba invirtiendo sus términos para alzarse como la mejor reflexión involuntaria de un filme que no osa cruzar ciertas fronteras: ya no son los viejos emigrantes los que necesitan volver a casa, ahora son sus hijos los que encuentran oportunidades inesperadas en los países de los padres”. Nunca mejor dicho, ya no son los mayores los que vuelven, sino los jóvenes, e incluso sus novias o maridos, para encontrar mejor vida, más bonita y saludable, en este caso en Portugal, un país que en la película se cataloga por parte de algunos de los protagonistas gabachos, como un país marginal y pobre. Y sí, será algo de eso, pero también hay más calidad de vida en la naturaleza, en lo alimentario y en lo social.

Personalmente me parece que el film se excede en la amabilidad, y si lo dispenso es porque está hecho con cariño, sin dureza, pero con excesiva ternura y benevolencia. En fin, mejor así, que para disparos, golpes y revueltas ya hay bastante. Además, como dice su director: “Me gusta hablar de cosas profundas pero con ligereza“.

La película ha llegado a España un poco tarde, pues se ha visto ya en muchas partes del mundo. Pero como dice su director, el contenido es suficientemente universal (amor, familia…) como para que se entienda en todas partes, y dice que mucha gente de lugares del mundo bien distintos le han dicho que la película les había llegado.

Yo la recomiendo, pues ir tras el supuesto progreso, la riqueza, los buenos salarios o una vida más “cómoda” en las ciudades, no es antagónico con su versión contraria de habitar pueblos, no solo portugueses, sino también españoles o irlandeses, donde la gente es más humana y mejores los recursos naturales y la calidad geográfica y de bienestar; y aunque más modesto en algunos aspectos, mil veces mejor en otros que en la gran ciudad, aunque el salario en los pueblos sea menor. Pero no todo es el dinero. ¡Ojala haya una re-ruralización en nuestro país y volvamos a la cultura de los pequeños y medianos pueblos de nuestra geografía, hoy prácticamente deshabitados! ¡Ah! ¡Y que viva el Fado!

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