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Collage vital

Por Anna Montes Espejo

I sit here
drunk now.
I am
a series of
small victories
and large defeats
and I am as
amazed
as any other
that
I have gotten
from there to
here…

Charles Bukowski, “Grip the Dark”

Nebraska (Alexander Payne, 2013) es una película de un gris apelmazado como los puntos de sutura que le aplican al protagonista. Fotograma que contiene en su crudeza, pero a la vez normalidad, toda la película.

Previsiblemente, se ha enmarcado este film dentro del marbete de la comedia y Payne es muy hábil al acomodarse en este género y no revelar su simple, pero astuto mecanismo, que no es nada más que sacar a la luz la cotidianeidad de cualquier familia, y hacerlo explícitamente para que el espectador se sienta totalmente identificado con ella, y la catarsis, además de sencillísima, se conjure en risa. Tal vez también es un buen consejo para todos. No el habitualmente malbaratado “reír por no llorar”, sino intentar esbozar una sonrisa y preferir la bondad y la tranquilidad de conciencia, al rencor y la rabia que tan prestos arraigan.

Además de ser presunta deudora del género de la comedia, Nebraska vuelve a relajarse bajo otro membrete, el de “road movie”. No es nada nuevo que el viaje por la carretera cambiará por completo las vidas de los protagonistas, pero en este caso nos encontramos más con un caso de convivencia y reencuentro, que con una verdadera alteración por los avatares sucedidos. La localización no importará, terminará siendo un rayo de sol que no añora el color.

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El engaño no debe encubrir la evidencia, y es que Alexander Payne ha construido su obra sobre un andamiaje de tópicos y estereotipos, pero aún así, sorprendentemente funciona. Cómo no, siempre fueron los personajes los vigías del arte.

Woody (Bruce Dern), a pesar de ser un anciano alcohólico y con demencia senil, consigue trascender la catalogación de enfermo gracias a su única motivación para vivir, porque al fin y al cabo, eso es lo único válido de ser empujado. David (Will Forte), su hijo pequeño, también con exproblemas con la bebida, lleva una vida totalmente anodina y gris, pleonasmo en el caso de esta película. Eso no significa que al final tengamos un “happy end” y ambos personajes hayan despertado a milagrosas soluciones. No, porque los milagros como la felicidad puede que solo sean palabras, sonidos, tan solo queda el recuerdo teñido por la niebla de la ternura, y la fugacidad del engaño que nos abriga en una amable seguridad.

Nebraska no es una película que se avenga con disecciones, tan solo demanda de un espectador inocente en su risa, ya que para rencorosa memoriosa tendremos el placer de escuchar a una excelente June Squibb en el papel de Kate, la lenguaraz esposa y madre. Pero a pesar de ello, genera empatía, y Payne es extremadamente ladino al no desembocar la película en el tremendista melodrama, ya muy explotado, que agrió el carácter de la que había sido la refinada y altiva belleza urbana, y produjo una ambición desmesurada en el hermano mayor (Bob Odenkirk), cualquier paso era demasiado lento y demasiado breve para alejarse de tal tugurio familiar. Tal vez porque todos conocemos, consciente o inconscientemente, demasiado bien esa negatividad, es por ello que agradecemos fortaleza e independencia, aunque se haya forjado del sacrificio de tanto… Pero fortaleza.

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Precioso a su vez el trabajo de los puntos de vista y de la perspectiva temporal. Cómo todos han construido y deconstruido a Woody, pero sigue siendo un completo desconocido. No es ni el ruinoso, ni el ausente marido; ni el padre borracho y mala influencia; ni el primer amor conmocionado por su experiencia en la Guerra de Corea; ni el joven mecánico lacónico; ni el niño que vio morir a su hermano menor. ¿Qué queda al fin? Una gorra y una camioneta. El nimio, pero eximio, sentimiento de victoria que al ser humano le es concedido alcanzar.

Y qué saludable puede ser observar lo que no hemos llegado a ser con el tiempo, dónde no estábamos destinados a recalar. Qué afortunados somos al no tener la oportunidad de repetir, de comprobar que nos hubiéramos equivocado de tomar tal derrotero, y quedarnos, así, con la picajosa incertidumbre que aún nos hace jóvenes.

The child needs a helping hand or he’ll grow to be an angry young man some day

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Comentarios

  1. Enrique Fdez. Lópiz

    Me ha encantado el tono poético de tu crítica. Te doy mi más sincera enhorabuena y por si tienes un rato y ganas, te envío la que escribí hace ya algún tiempo sobre este excelente film de Payne: http://www.ojocritico.com/criticas/nebraska-3/

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