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Código fuente

Por Jon San José Beitia

Interesante relato de ciencia ficción con viajes en el tiempo que presenta la historia de un hombre que participa en un programa experimental del gobierno para investigar un atentado terrorista; se despierta en la piel de un viajero del tiempo cuya misión es vivir una y otra vez el atentado a un tren hasta que consiga averiguar quién es el culpable.

Es inevitable recordar productos que presentan la idea de viajes o repeticiones en el tiempo, como Atrapado en el tiempo o una menos conocida, Testigo del tiempo, donde se recurre a la repetición de situaciones, en este caso, para resolver el misterio de la autoría de un ataque terrorista. Dentro de la falta de originalidad de la propuesta, puesto que ésta ya ha sido empleada en otras ocasiones como los mencionados casos anteriores, lo cierto es que Código fuente logra aportar e introducir los incentivos suficientes para que el espectador siga con total atención el desarrollo de los acontecimientos.

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La repetición de situaciones, de ocho minutos de duración, otorga al protagonista y al espectador la oportunidad de ir conociendo mejor a los personajes que viajan en el tren, analizando sus comportamientos y movimientos. Esta repetición de situaciones en forma de bucle puede ser pesada y reiterativa pero logra ir despejando dudas sobre la autoría del ataque terrorista, y los responsables de la película logran ofrecer una vía de escape para el protagonista y para el propio espectador, trasladando la acción al presente donde también surgen los misterios y las sorpresas.

Jake Gyllenhaal, encarna al protagonista de la película y sabe llevar bien el peso del relato, ofreciendo una correcta interpretación y plasmando la confusión y lucha de su personaje por encontrar respuestas a las numerosas cuestiones que se le plantean, tanto en vivencias personales, como en lo que respecta al ataque terrorista. Le secundan Michelle Monaghan y Vera Farmiga, con desiguales efectos, la primera no resulta convincente en ningún momento; por el contrario, Farmiga, sabe aportar profundidad a su interpretación. Para los seguidores habituales de este tipo de producciones, la película no les llegará a sorprender por completo, ya que hay determinados comportamientos y situaciones que dejan entrever con demasiada notoriedad cual puede ser el responsable del atentado, lo cual resta interés al relato, algo que, por suerte, no ocurre gracias a la situación a la que debe hacer frente el personaje principal.

Las piezas del puzzle temporales encajan de una forma forzosa, y el desenlace al que llegan los responsables de la película deja la impresión de que se toman excesivas libertades en cuanto a la lógica espacio-tiempo se refiere, apostando por un final que resulta forzado e innecesario. Personalmente creo que la película hubiera quedado redonda en la secuencia en la que los viajeros del tren comparten un buen momento y se congela la imagen. Todo lo que sucede a partir de ese momento, me sobra.

Jon San José Beitia

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