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Código de Defensa

Por Jon San José Beitia

Producción de claro corte televisivo, por y para el consumo rápido, donde no se pueden depositar muchas expectativas, directo al grano y sin grandes complejidades argumentales.

Unos códigos secretos, una encargada de interpretarlos y su protector, preocupado porque todo siga en orden y según la seguridad de una compañía altamente celosa de sus trucos de espionaje. Pronto los protagonistas se ven inmersos en toda una trama de intereses, donde sus vidas están expuestas a un grave peligro.

La trama es sencilla y ubica al espectador con celeridad en el mundo de espionaje y códigos que se mueven bajo el más estricto cuidado y secreto.

La película, como claro y consciente producto televisivo, cuenta como reclamo con la presencia de John Cusack en el papel protagonista, actor que habitualmente suele ser resolutivo y convincente, pero que en este caso no termina de resultar creíble en su papel de profesional del crimen.

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El paso del tiempo hace mella en todas las personas del mundo, la apariencia jovial habitual del actor ha dado paso a un aspecto deteriorado y poco cuidado, no encajando en el papel.

Sus carencias de producción se hacen notorias ante la falta de decorados y ubicaciones que emplea, pero estas carencias se traducen en el uso del ingenio a la hora de mantener la atención del espectador con pocos elementos.

Se limita a encerrar a los dos protagonistas en un recinto, donde deberán reconstruir y aclarar los hechos que se han producido, así como las consecuencias que pueden tener para el mundo y para ellos mismos.

No ofrece grandes dosis de acción, pero la atmósfera que genera el director alrededor del recinto donde se encuentran los protagonistas es el escenario perfecto para la reconstrucción de unos extraños sucesos.

Los responsables de la película consiguen generar una trama de suspense seria y sólida, empleando para ello pocos elementos, logrando mantener la atención del espectador a lo largo de su corta duración.

No ofrece grandes sorpresas, todo lo que sucede a lo largo de la película deja la extraña sensación de ser un producto que ya se ha visto con anterioridad, algo previsible.

A pesar de algunos aspectos negativos y ligeras licencias de los encargados de la película, empeñados en introducir giros arguméntales, cumple las expectativas de los consumidores poco exigentes que quieran pasar pequeños momentos de tensión.

Jon San José Beitia

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