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Cine original con Carmen Sevilla como actriz y como icono

Por Enrique Fernández Lópiz

Hay un Eloy de la Iglesia antes del cine quinqui, cuando en su momento se entregó a una producción próxima al cine italiano. Eloy de la Iglesia era una personalidad fuerte e insobornable que se atrevió a retratar los peores sueños de su época, allá entre los sesenta y los setenta del pasado siglo.

Ejemplo de ello es El techo de cristal, su cuarto largometraje, sin duda su primer éxito de importancia. En él, Carmen Sevilla refuta su imagen pública en un rol más adocenado y pequeño burgués que folklórico. La Sevilla fue un acicate para la popularidad del film, pues el público no esperaba esta imagen de su parte, lo cual resultó chocante para la misma diva, a la vez que para el mismo público, como ahora diré. Además, su presencia de figura respetada y valorada, contribuyó a atemperar el furor de la censura franquista.

El crítico Luis Martínez sitúa esta película de Eloy de la Iglesia como la primera de cuatro que realizó de corrido, cuatro piezas concretas y únicas de nuestra filmografía. Esta que ahora comento fue la primera, un film que sirve de referencia a las otras. Vendría luego La semana del asesino (1972) con Vicente Parra. A continuación una hermosa película de la filmografía española, Una gota de sangre para morir amando (1973). Y finalmente, en el mismo año de 1973, Nadie oyó gritar, donde Carmen Sevilla alternaba con Vicente Parra. Decía Iglesias que estas películas pertenecían a etapas de “amor y muerte”.

Esta cinta El techo… es un producto heterodoxo, incluso espeluznante, algo que algunos consideraron fallido, pero que con el tiempo ha ido ganando, por su estilo, un sello propio y particular, y por tener una estructura poco común para el momento en que se realizó, y para nuestro cine en particular. Al final, en los diez últimos minutos, todo se precipita siendo, como dice Martínez, “una película deudora de la telenovela”.

En esta obra, una joven que vive sola y aburrida en un apartamento empieza a asustarse cuando cada noche oye unos misteriosos ruidos en el piso de arriba. Su vecina intenta convencerla de que son los pasos de su marido cuando vuelve del trabajo; pero la chica no se deja persuadir y comienza a investigar.

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Este film fue creado, diseñado y pensado para “descolocar” al espectador, hacerle perder el paso. Por eso, quien la vea, tiene aceptar este desafío y tener la mente abierta a cualquier imponderable, a cualquier reto, pues esto es la cinta, un reto para el espectador que es introducido de hoz y coz en un mundo viciado y único, cargado de elementos perversos, un mundo que incluso carece de pregnancia, de una estructura al uso, que resulta provocador. Una trama extraña con un giro importante y más que aceptable, rodado con sencillez y efectividad.

Tiene la cinta ciertas características singulares de esta primera etapa de su director, del mismo modo que las otras tres de la saga que he mencionado. Por ejemplo, es un cine antimachista, y el peso principal de toda la historia recae sobre el personaje femenino que interpreta Carmen Sevilla, una protagonista desasosegante, turbadora, una mujer cuyo marido se ha ido de viaje, que habla con su gato a solas, y una historia en la que “el techo de cristal” hace referencia a los ruidos que oye de la vecina de arriba, que presagian una relato que ella va inventando, todo ello en un ambiente turbio, vago y confuso.

Constantemente se oye a los cerdos hozar, un sonido ambiente que invita a que nos metamos en algo truculento. Además, en el relato se mezclan elementos típicos como la fatalidad, también el gusto por los juegos de infidelidades, por el morbo evidente o la inclusión de elementos gore con cadáveres troceados, lo cual hace que quien visiona la cinta se sumerja en la óptica general de la película de la que se puede decir posee un duro clima de incomodidad, una atmósfera que las escenas y cada fotograma acaban generando.

Este éxito de Eloy de la Iglesia con esta cinta lo tuvo contra todo pronóstico, pues las críticas de la época no fueron muy loables, utilizando mucho, según Martínez, la palabra “desconcierto”, a la hora de valorar su película. Pero esto, en vez de ir en su contra, jugó a su favor. Es realmente una película de la incomodidad como elemento que no sólo se sufre sino que a la vez se disfruta. O como algo que sirve para desentrañar la historia de ficción, así como historia de los mismos espectadores.

Estupendo guion de Eloy de la IglesiaAntonio Fos, bien escrito y cuajado. Buena la música de Ángel Arteaga sirviendo a esta molestia y turbación de la que hablo. Y buena la fotografía de Francisco Fraile.

En el reparto, Carmen Sevilla es el centro, en una de sus mejores interpretaciones, una Sevilla mezcla de candidez, buena educación e inquietud. Ella siempre ponía esta película por delante de cualquiera otra de su filmografía, como que era la película que más le había reportado a su carrera. Sea o no cierto, lo que sí ocurre es que la figura de la Sevilla juega fuera y dentro de la pantalla. Como ella mismo dijo: “El público se impresionó cuando me vio en El Techo de cristal, y me llevé todos los premios también”. Eloy de la Iglesia sabía que no sólo trabajaba con una actriz importante, sino también con la imagen que esa actriz provocaba en el público, o sea, trabajaba con un mito. Y ofrecía la oportunidad, no sólo de ver al mito de otra forma, sino de que el público se viera sí mismo de otra manera también. Acompañan con un nivel bueno otros actores y actrices como Dean Selmier, bien; la muy hermosa Patty Shepard, merece la pena; Emma Cohen con un rol y un trabajo importante; Fernando Cebrián, Hugo Blanco, Encarna Paso, Rafael Hernández, Javier De Campos y Patricia Cealot.

Quiero apuntar además, que Eloy de la Iglesia propuso un interesante contraste físico y artístico entre dos de las mujeres más bellas que ha tenido el cine español, Carmen Sevilla y Patty Shepard, Carmen como la mujer imaginativa cuyas peregrinas sospechas se irán confirmando en la realidad y Patty como la mujer sugestiva, inquietante y de poco fiar. En suma, todo confluye en un cine de corte experimental, por el extravagante comportamiento de los personajes, sus reacciones y la falta de alguna aclaración, que logra un clima de intriga que te mantiene atento a la pantalla.

Se trata, en fin, de un thriller detectivesco y especulativo que cuenta la historia de Marta (Sevilla), una mujer casada y solitaria (marido ausente), que empieza a sospechar que Julia (Shepard), su vecina de arriba, ha matado a su esposo. Una cinta con final inesperado, sorpresivo y abierto. Buena película llevada con habilidad que partiendo de una idea argumental fascinante, acaba por enganchar al espectador hasta llegar a un final sorpresivo y de infarto.

Fue una película que tuvo una buena respuesta en taquilla, con más de 1.000.000 de espectadores. De ella dijo Carmen Sevilla: “Es la película más hermosa que he hecho nunca”.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=qcAMCieN6LA.

Para quien desee ver el film completo: https://www.youtube.com/watch?v=Tlcvx0VeCtw.

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