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Cine familiar en el “segundo franquismo”

Por Enrique Fernández Lópiz

En época de la dictadura, cuando los premios de natalidad eran noticia y se procuraba, aun con exiguos medios, aumentar la progenie (ahora ocurre todo lo contrario, con natalidad por debajo del reemplazo generacional: ¡peligro!); como digo, cuando la natalidad era un valor y se decía aquello de que los niños “venían con un pan debajo del brazo”, no era raro que se hicieran películas como esta. Mas no sólo por la natalidad, también eran películas sencillas, afables, de las que se ven como quien se toma un vaso de limonada fresquita. Películas sin asperezas ni retranca de ningún tipo, en las que los censores podían incluso dormitar.

En La gran familia, el padre del clan es el aparejador Carlos Alonso (Alberto Closas) que además simultanea otros dos trabajos pues debe mantener una esposa (Amparo Soler), al abuelo (José Isbert) y una prole de quince hijos. Recuerdo aquí que en 1965, Fernando Palacios rodaría con parecido reparto, La familia y uno más, cuando el Sr. Alonso tiene su decimosexto hijo. Pero sigamos, sin otro remedio que trabajar y trabajar, pero con muy buena onda, eso sí, Alonso va costeando los numerosos gastos en alimentación, ropa, colegios y diversión, con algún apoyo del padrino pastelero (López Vázquez).

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La película es un relato en episodios diversos o sketches de la cotidianeidad de la familia: un día al completo de toda la familia de la mañana a la noche; la primera comunión de dos de los hijos resuelta con la ayuda del padrino; los exámenes finales y las notas que ponen a prueba los nervios de los padres; las vacaciones a Costa Dorada y algún casto romance de la hija mayor que se echa novio; el propio padrino que fruto de un inesperado ligue contraerá matrimonio; y los padres que renuevan su amor; el último episodio es en invierno y narra el extravío del hijo pequeño Chencho en la Plaza Mayor de Madrid y su feliz desenlace; pero este suceso provoca el drama y la conciencia del abuelo de su propia vejez, de su inutilidad, culposo por lo ocurrido y con el sentimiento de la muerte inmediata; la llegada del primer televisor a la casa, todo un lujo en esos tiempos; y el anuncio de la llegada de un nuevo hijo. En fin, un padre de familia desbordante y jovial que apechuga con lo que le toca con humor y entusiasmo. Y esto es la película, una cinta agradable que no quita ni pone a la cinematografía española, pero que servía a modo de distracción en aquellos años de plomo y aburrimiento. Y es que a pesar de la dictadura y todo lo que ésta irradiaba, la vida seguía y el público quería cine, el cine era muy valorado en aquellos entonces, no sé si más o menos que hoy, pero en esa mi infancia, el cine dominical era una forma de entretenimiento casi ritual.

Los directores Fernando Palacios y Rafael J. Salvia consiguieron con esta película una obra decente, con las características de un film simpático que gozó de gran éxito de público, tanto en España como en México. Además tuvo su impacto en una generación de realizadores españoles que daría luego para diferentes sagas en diferentes épocas, no sólo la que mencioné antes de Fernando Palacios, sino otras secuelas, la última –bien diferente, eso sí- data de 2013, La gran familia española, de Sánchez Arévalo.

Tiene esta obra un guión bien trabajado del gran Pedro Masó, junto a Rafael J. SalviaAntonio Vich, con una trama propiamente familiar, llana y que deja buen sabor de boca. Está muy bien la música del argentino Adolfo Waitzman con aciertos descriptivos tanto del ambiente como de los estados de ánimo; buena sintonía inicial que acompaña los títulos de crédito, la utilización de villancicos y balada de despedida en la playa, punto final de las vacaciones, con un tinte melancólico. Fotografía bien conseguida en blanco y negro de Juan Mariné.

El reparto es de gran altura con un Alberto Closas, reconocido actor del momento, un actor natural que parece interpretarse a sí mismo, o sea que en entrevistas que yo le he visto, siempre era así de jovial y simpático; en fin, Closas es un padre muy creíble en este film, pero poco increíble para la época: con autoridad pero sin ser autoritario; orgulloso pero no vanidoso; trabajador, honrado, cristiano y positivo. Amparo Soler Leal está estupenda de madre y esposa de las de aquellos entonces, cariñosa, abnegada, fecunda, práctica, hacendosa, sensata y cabal: el paradigma de la mujer española de los sesenta. El trabajo de Amparo hace creíble su personaje, teniendo en cuenta que ella apenas le llevaba siete años de edad a los actores que hacían de hijos mayores. Tenemos a un abuelo inigualable interpretado por el siempre brillante y grande José Isbert, en una de sus últimas películas. José Luis López Vázquez que sobreactúa un tanto, pero que también da muestras de su amplio repertorio como actor de primera fila e indispensable en las comedias hispanas de la época. Y en fin, acompañan muy bien Erasmo Pascual (el conserje “culto”); José Orjas (bien como vecino de la familia); Jaime Blanch hijo mayor, todo un veterano ya en este film; Paula Martel, María Carmen García, María José Alfonso (que hacía su presentación en el cine) y Pedro Mari Sánchez (debutante como el travieso Críspulo).

Premios y nominaciones en 1962: Declarada como «Película de Interés Nacional», lo que garantizaba su rentabilidad por la subvención recibida. Festival de Cannes: Premio de la Juventud. Premios concedidos a Amparo Soler Leal por Fotogramas y el Círculo de Escritores Cinematográficos. La película fue igualmente galardonada por el Sindicato Nacional del Espectáculo. Sin duda fue una película muy bien acogida por el régimen. De hecho es considerado un film, exponentes de la ideología durante el denominado “segundo franquismo”.

Concluyendo, película familiar agradable, cine español un poco plano que fue considerado para enojo de directores y guionistas como “cine infantil”. Cero de morbo, pero que refleja el realismo de la España franquista. No es cine mejor ni peor que mucho de lo que se hace hoy, es sencillamente otro tipo de cine. Desde luego nadie va a dudar del carácter positivo del film. Incluso Morales escribe: “Entrañable, propia de fechas navideñas, todo un clásico del cine español. Magistral, como siempre, el gran Pepe Isbert“. Film que habla de valores familiares, algo de lo que ya va quedando poco, lo cual lo digo en un sentido social y antropológico, y me abstengo de juicios morales. La familia de hoy ha cambiado mucho, hay diferentes tipos (monoparental, homoparental, etc.). Pero yo observo que hoy se da una menor presencia de los valores humanos e incluso de la mera educación, a favor del consumo y otro estilo de conductas paterno filiales de dudosa jaez.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=exzHQCzduTM.

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