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Cine, ¿arte o/y entretenimiento?

Por Jorge Valle

Desde que Christopher Nolan rescatara a Batman con su fantástica trilogía de El caballero oscuro, ha existido una preocupante obsesión por parte de las productoras y los directores de aplicar ese mismo tratamiento realista y oscuro a otros superhéroes. Todos quieren ser Batman. Pero no todos pueden. La influencia del hombre murciélago, aunque agradecida, no ha sido captada o entendida como debería. El resultado ha sido una serie de películas mediocres que intentan, sin éxito, repetir la fórmula que elevó al héroe enmascarado y a su director a cotas nunca antes pensadas para el malogrado y desprestigiado cine de superhéroes. La fallida y decepcionante El hombre de acero es la mejor y última prueba de ello.

Consciente de la responsabilidad y la grandeza del proyecto que tenía entre manos –juntar a algunos de los superhéroes más famosos de la Marvel en una sola película-, el casi desconocido Joss Whedon se desmarcó de la línea “nolanizante” y apostó por una dirección más simple y lineal, sabedor de que muy pocos poseen la capacidad narrativa del responsable de títulos como Memento u Origen. Los vengadores supone, así, una obra honrada y honesta, pues cumple con las expectativas que los numerosos tráileres, anuncios y primeras impresiones nos habían creado. Su único fin es divertir y amenizar nuestro tiempo, y consigue lo que se propone, ofreciendo abundantes dosis de, eso sí, vacuo entretenimiento. Whedon ha creado una película para ser disfrutada durante su visionado y olvidada nada más levantarse de la butaca, a pesar de que sigan retumbando en nuestros oídos los estruendosos ruidos de innumerables y repetitivas peleas y explosiones.

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Los vengadores no contiene nada destacable -a excepción de los efectos especiales- ni en la correcta actuación de casi todo el reparto, ni en un simple y previsible guión ni en una dirección poco arriesgada que apuesta por los tópicos que suelen frecuentar el cine de superhéroes. Pero el conjunto funciona, y lo hace de una manera creíble y eficaz. Whedon mezcla con soltura drama, acción y comedia –aunque predominen claramente estas dos últimas-. Son de agradecer sus acertados toques de humor, sobre todo los que tienen que ver con el personaje de Tony Stark, encarnado con viveza, carisma y orgullo desde hace ya más de cinco años por el siempre excelente Robert Downey Jr. Iron Man es el superhéroe que sustenta la historia junto al perdido y obsoleto Capitán América (Chris Evans). Frente a ellos, el resto de integrantes del grupo carece prácticamente de interés, y sus historias personales quedan relegadas a un segundo plano por agujeros y errores del guión –la relación entre Viuda Negra (Scarlett Johansson) y Ojo de Halcón (Jeremy Renner) no queda descrita con claridad- o por la sosería y las cuestionables cualidades interpretativas de algunos actores –Chris Hermsworth está horrible como Thor, en un papel que encarna sin ninguna convicción-.

Las armas principales de Los vengadores para atraer al público son harto conocidas: espectaculares efectos especiales, entretenimiento asegurado, un reparto de lujo –a los anteriormente mencionados actores se unen Samuel L. Jackson, Mark Ruffalo o Tom Hiddelston, perfecto en su papel de villano vengativo- y, en definitiva, el hecho de reunir a algunos de los superhéroes más conocidos por el público supone un reclamo imprescindible para todos los fans de los icónicos personajes que se dan cita en el film. El resultado fue un éxito en taquilla impresionante: la cinta batió el récord histórico de recaudación en el primer fin de semana en EEUU ( más de 200 millones de dólares), superando a taquillazos como Harry Potter y las reliquias de la muerte. Parte II o El caballero oscuro. Su recaudación final la sitúa como la tercera película más taquillera de la historia, sólo por detrás de Titanic y Avatar.

Hecha a medida para esa gran mayoría del público que sólo busca disfrutar dos horas de su tiempo sentado en una butaca, Los vengadores es perfecta para ese espectador “vago” ansioso de cine fácil y palomitero, entendiendo este tipo de cine como necesario y honrado. El preocupante y alarmante problema se plantea cuando uno descubre que estas películas son cada vez más abundantes, en detrimento de un cine más difícil, inteligente y perturbador, muy escaso últimamente en nuestras carteleras. ¿Reflejo de una sociedad cada vez más simple y acomodada que huye de películas que requieran pensar y que inviten a reflexionar? Christopher Nolan ya demostró que el cine de autor y las superproducciones son perfectamente compatibles –El caballero oscuro y Origen funcionaron igual de bien en taquilla y convencieron a la crítica y al público más exigente-, por lo que cabe preguntarse si en Hollywood, el gran mercado internacional del cine, hay carencia de buenos guionistas y directores atrevidos capaces de ofrecernos no sólo simple y puro entretenimiento destinado a llenar los bolsillos a las productoras, sino historias complejas y bien narradas destinadas a las mentes y a los corazones de público y que nos permitan entender y reivindicar el cine como el séptimo arte.

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Comentarios

  1. Adrian Pena

    La película de 2012. No engaña a nadie, el que pagó por ir a verla al cine (yo entre ellos) no se sintió defraudado si sabía lo que iba a ver. Ójala todas las películas dieran lo que prometen. Los Vengadores si lo hace.

  2. Áralan Aidir

    «Mi invento no es para venderlo. Puede ser explotado durante algún tiempo como curiosidad; aparte de eso, no tiene ningún futuro comercial.»
    (Auguste Luimière, co-descubridor del proyector cinematográfico refiriéndose al mismo).

    Me parece a mí que sin proyector no hay cine. Habrá teatro, habrá mimo, habrá muchas cosas, pero no cine. O mucho me equivoco, o el bueno de Lumière en el fondo deseaba que tuviera un futuro comercial, aunque él no lo veía nada claro. En conclusión, me temo que el cine no empezó, ni quiso nacer, como arte, sino como negocio.

    Yo voy más allá: intuyo que si el cine comercial se acaba, se acaba el cine en sí. ¿Por qué? Porque la inmensa mayoría de la gente va al cine a entretenerse, no a ver pajas mentales de tal o cual director, por lo que deduzco que el cine llamado de autor (el minoritario, el de las historias comunes, el de la presunta sesuda reflexión, el que se suele relacionar con lo artístico -arte, ¿qué es eso?-, el de las salas casi vacías, el de las salas de cine minoritarias) tiene que estar eternamente agradecido al cine palomitero porque sin él desaparece el cine tal y como lo conocemos.

    Eso sí, Jorge, concuerdo contigo en que se tiene que empezar a ver un mejor y mayor equilibrio entre lo que cada cual entiende por arte y entretenimiento (que una cosa no quita la otra) y has elegido al director que yo hubiera elegido para ello: a Christopher Nolan. Y no por su El Caballero Oscuro, que a mí me pareció un poco pesada, con conversaciones repetitivas y machaconas, sino por Memento y Origen. Pero el arte abarca muchos campos. En cine abarca narrativa (Nolan), apartado visual (Cameron se lleva la palma, para mí), música… pero los estudios quieren rentabilidad. Porque esto es un negocio y como tal nació.

    Entonces llegó el estudio de mercado. Y en ese estudio se dieron cuenta de que quienes más van al cine son adolescentes y gente de clase media trabajadora con estudios medios, que son los más en cómputos brutos. Y, por tanto, la mayoría de las películas son para adolescente, con conversaciones para ellos, con vocabulario para ello y con historias de narrativa simple para ellos. Y la gente como nosotros de clase media, tras un duro día de trabajo explotados por la empresa y el jefe, por la hipoteca, por los gritos de esos queridos churumbeles recién nacidos que quieres tirar por la ventana en algún momento de tu vida, por el estrés… quieren evadirse. Quieren algo sencillo y, a ser posible, de final feliz, donde ocurran cosas que no ocurren en el mundo real, que bastante realista es la vida ya como para seguir viendo más de lo mismo en pantalla. Y así seguirá, creo yo.

    Para terminar, al cine palomitero se le suele llamar «simple» en contraposición al sobrevalorado de autor, como profundo. Por supuesto, el cine profundo de autor es más simple que una piedra si lo comparamos con el de la novela literaria, éste a su vez es simple comparado con el ensayo y éste es a su vez simple comparado con el ensayo filosófico. Y es normal que sea así, pues el propio formato del cine seguramente tenga sus propias limitaciones como la novela tiene el suyo.

    Ojalá las empresas se den cuenta de que ya hay varios bombazos palomiteros que no están llamando la atención del público y que no están saliendo del todo rentables en las pantallas. Ojalá eso les dé que pensar y te hagan caso, Jorge, porque creo yo que todos lo agradeceremos.

    Saludos y gracias por regalarnos tu artículo.

  3. Toni Ruiz

    Enhorabuena por tu artículo.
    A mí también me encantó ‘Los vengadores’, y pienso que no es necesario darle un toque oscuro ni existencialista a las pelis de superhéroes. Puede quedar muy bien (como le ha pasado a Nolan), pero eso no quita que una peli de aventuras con los ingredientes de siempre (bien mezclados) sea una gozada.
    Es cierto que “cine de autor” o “cine independiente” son etiquetas que a menudo sirven para encubrir auténticas “moderneces”, que diría Carlos Boyero, e idas de olla infumables con pretensiones. El problema hoy en día no es que la películas comerciales sean malas, sino que la mayoría de las películas (comerciales e independientes) lo son. Ojalá algún día volvamos a ese delicioso equilibrio de la época dorada de Hollywood en que las pelis de los grandes estudios eran títulos magistrales que al mismo tiempo arrasaban en taquilla, porque la dicotomía entre calidad y comercialidad no debería ser tal.

    Gracias por tu acertadísima reseña. ¡Viva ‘Los inmortales’!

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