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Cincuenta años de El verdugo, de Luis Gª Berlanga

Por Íñigo Bolao

Hace unos días fue publicado en Ojo Crítico un artículo mío sobre el cine de Luis García Berlanga (1921-2010), una figura imprescindible para conocer el cine español y la España del siglo XX. Como dije, su mejor película, El verdugo (1963), merecía una crítica aparte, al ser uno de los diez grandes títulos de la cinematografía nacional. Así que lo prometido es deuda y, aprovechando que el film cumple cincuenta años, he decidido hacer, junto a la crítica de la película, una guía breve para hablar sobre la vida de los españoles del momento, a modo de ayudar a más de uno a comprender mejor el periodo en el que está ambientada.

Lo primero es hacer una rápida sinopsis. José Luis Rodríguez (Nino Manfredi) es un trabajador de una funeraria que vive en un hogar sucio junto con sus parientes (José Luis López Vázquez y María Luisa Ponte) y que desea emigrar a Alemania para trabajar como mecánico para prosperar. Un día, en una prisión, conoce a Don Amadeo (el gran Pepe Isbert), un anciano verdugo a punto de jubilarse y que tiene una hija, Carmen (Emma Penella). José Luis se enamora de Carmen, el padre los descubre y se casan forzosamente, cambiando así las expectativas de futuro del primero.

Los recién casados quieren comprar un piso, pero no pueden hacerlo ya que es necesario que José Luis acredite trabajar en un empleo que le permita acceder a una vivienda y, cómo no, tiene que aceptar el empleo más bajo del momento: el de verdugo. El pobre hombre, ahora un padre de familia, intentará huir de Don Amadeo y de Carmen, escurrir el bulto para no ejecutar a nadie… pero, al final, lo hará mientras está de vacaciones en Mallorca junto a su familia, y perderá la dignidad humana que antes tenía con su primera ejecución a un condenado al que no llegaron a indultar.

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Lo bueno de El verdugo es que es una película oscura y cómica, una notable cinta de humor negro, y suele ser bastante raro ver sombras en el cine español. En parte esto se debe a que, junto al director, trabajó en el guión el maestro Rafael Azcona (1926-2008) quien, con su particular sentido del humor, dio el tono tragicómico y sombrío que tanto necesitaba.

Evidentemente, la presencia del régimen de Franco en la vida de los españoles también hubiese dado ese “tono” a la película. En ese caso se aprecian unos contrastes bien mostrados y de manera creíble por el cineasta entre la luz del progreso y las sombras de la tradición. Hay una oposición entre lo que representa Don Amadeo y lo que puede representar un avión, o los turistas extranjeros. José Luis, la víctima de una España situada a caballo entre el pasado y el futuro, la dura realidad y un futuro prometedor, se encuentra en el medio, acorralado como la mayoría de los españoles.

Desde otro punto de vista, es evidente que la película también es un alegato contra la pena de muerte en España, pero nunca se llega a hacer una declaración política contra la misma. Por entonces existía la ejecución por garrote vil, la herramienta con la que murieron los presos más peligrosos. Curiosamente, mientras El verdugo fue presentada en la Mostra de Venecia de 1963, fueron ejecutados por el régimen dos activistas anarquistas, Francisco Granado y Joaquín Delgado, meses después del fusilamiento de Julián Grimau. Ello suscitó una campaña contra la película, aunque al final pudo estrenarse en nuestro país, premiada con un merecido premio FIPRESCI.

Ahora bien, José Luis y Don Amadeo no son los únicos personajes arquetípicos de la época, el primero como el representante de la España popular e insegura que quiere medrar y el segundo representando las omnipresentes tradiciones. El personaje de Carmen representa nuestra versión nacional del poder tras la sombra: la esposa y madre de familia dueña de su hogar que utiliza cualquier excusa para retener a su marido con frases del tipo: «Mira, tú eres libre de hacer lo que quieras. Ahora… yo lo decía por nuestro hijo.» ¡Los que decían por entonces que en España gobernaban los hombres en todos los ámbitos estaban equivocados!

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El film de Berlanga es brillante también por los pequeños detalles: con el desarrollo económico de la época y el fenómeno del baby boom, la población española no paraba de crecer, y miles de personas exigían una vivienda. La presencia de la Guerra Fría se aborda en una breve conversación («Pues de un avión de esos lanzan atómicas», dice José Luis). La Iglesia Católica aparece representada como una institución muy burocratizada en la boda de José Luis y Carmen, y el sexo estaba muy reprimido (cualquier baile o toqueteo podía estar mal visto).

La presencia de los turistas extranjeros se convirtió en un elemento más de la vida del país, y es uno de los elementos que reflejan una realidad importante en la España de principios de los sesenta: empezábamos a abrir las puertas pero desconfiábamos todavía de los extranjeros. Todo ello alcanzó unos niveles insospechados después de la aprobación del Plan de Estabilización de 1959 y la integración económica del país en un mercado mundial en expansión.

E incluso una pequeña nota: durante la Feria del Libro de Madrid, dos jóvenes cinéfilos, que parecen sacados de una película de Godard, preguntan a un escritor poco conocedor de cine si tienen los últimos libros de Antonioni y Bergman («¿De quién? ¿De la actriz?», dice el escritor), a modo de reflejar el choque cultural y cinematográfico entre España y Europa.

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Para finalizar con la crítica, ¿qué más se podría decir sobre El verdugo habiendo pasado cincuenta años desde su estreno? Sinceramente, de todo. Aunque, con la perspectiva del tiempo, la película fue realizada en una época única para España. En realidad, los años sesenta fueron únicos, y todo lo que surgió desde el punto de vista cinematográfico llevó consigo algo especial en ese tiempo.

También es una película que demuestra que ciertos problemas sociales, o el hecho de abordar la realidad del momento, pueden ser tratados y narrados de una forma humorística más que dramática. La risa une y pone fin a cualquier discusión y, por lo visto, los españoles somos unos maestros en eso. Parece que tenemos una extraña capacidad de satirizar cualquier cosa y ponerlo todo patas arriba si el humor se utiliza de una manera adecuada e inteligente. Va con nuestra naturaleza y Berlanga y Azcona eran conscientes de ello. El resultado fue una gran e imperecedera joya. Ojalá no acabe este mundo y el film cumpla su primer centenario. Y muchos más…

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Comentarios

  1. Enrique Fernández Lópiz

    Magnífica crítica de uno de nuestros filmes cimeros. Felicitaciones… en su momento, yo escribí algo sobre esta peli. Un abrazo http://www.ojocritico.com/criticas/pelicula-cimera-sobre-una-espana-enterrada/

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