Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Choque de razas

Por Jorge Valle

Hace aproximadamente 28.000 años desapareció el Homo Neanderthalensis, que habitó Europa y parte del Oriente Próximo durante 200.000 años, hasta que su coincidencia en el mismo lugar y el mismo tiempo con el Homo Sapiens le condujo inevitablemente hacia su extinción. No obstante, las dos especies convivieron durante miles de años, aunque quién sabe si en paz o en un estado permanente de guerra. Este mismo choque de razas constituye el eje central de El amanecer del planeta de los simios, aunque aquí somos nosotros los que estamos condenados a la extinción. Una raza en pleno auge –la simia- frente a otra en decadencia –la humana-. Dos maneras distintas de entender y ordenar el mundo, aunque ¿cuál es mejor de las dos? ¿Quién tiene más derecho a reclamar el dominio del planeta?  ¿Aquella que ha sido despreciada, infravalorada y torturada, y que ahora se encuentra ante su primera oportunidad de construir una gran civilización? ¿O aquella que ha fracasado en innumerables ocasiones y cuyo crédito hace ya tiempo que se ha agotado? El director Matt Reeves y los guionistas han sabido dotar de profundidad al que es, sin duda, el mejor blockbuster del verano. Y es que en la continuación de El origen del planeta de los simios hay tensión, acción necesaria y bien resuelta, altas dosis de épica y emotividad y villanos a la altura del relato. Lo sorprendente, porque lo normal hubiera sido relegar el papel de malo a una única raza, presumiblemente la simia, es que los villanos pueblan ambas especies. Ahí tenemos a Koba (Toby Kebbell), el segundo de César que se rebela contra su jefe por el desprecio que siente hacia los hombres por haberle maltratado; o a Dreyfus (Gary Oldman), el dirigente de la colonia de supervivientes humanos que no duda en hacer lo que sea necesario para conseguir la supervivencia de su pueblo. Dos líderes guiados por el miedo hacia lo diferente, que bien podrían corresponderse con los Magneto y Trask de la reciente X-Men: Días del futuro pasado.

elamanecerdelplanetadelossimios2

Todo está envuelto en una atmósfera apocalíptica perfectamente conseguida gracias a unos escenarios  y una banda sonora magníficos. El resultado es una película altamente disfrutable, un oasis de esperanza en el desierto de mediocridad por el que se mueve el cine comercial de los últimos años. Buena parte del mérito recae en Andy Serkis y su fantástica recreación de César, ese líder shakesperiano que conquista el corazón del espectador gracias a su amabilidad, su tolerancia y su amor hacia su familia y su pueblo. Pero sobre todo gracias a esa mirada fija y penetrante que desprende más humanidad que la mayoría de los habitantes de la colonia. Él es el verdadero héroe de la cinta, protagonizando sus mejores momentos –mención especial para la escena en la que recuerda a su anterior amo, el Dr. Will Rodman (James Franco), mientras ve un vídeo de ambos jugando en una vieja cámara de vídeo-. “Era un buen hombre”, asegura César a Malcolm (Jason Clarke), el miembro de la colonia que es partidario de un acuerdo de paz con los simios. Y es que hay buenos y malos en cada especie, en cada raza, en cada pueblo. Por eso no importan tanto las diferencias como las semejanzas, como demuestra ese emotivo abrazo final entre César y Malcolm, cuya amistad ha traspasado la casi infranqueable barrera del prejuicio, aunque el odio siempre parezca mucho más fuerte. Tendremos que esperar a la continuación para descubrirlo.

Escribe un comentario