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Cenicienta

Por Alejandro Arranz

-Esta nueva versión del cuento infantil puede parecer recargada, cursi e incluso luhrmanniana, pero en realidad desprende un romanticismo del que es imposible renegar. Branagh sabe lo que se hace.
-Todo el apartado visual es desmesuradamente ampuloso y bello. La historia es la misma, pero con tanto genio interviniendo siempre hay algunas sorpresas.

A Kenneth Branagh le va gustando esto de hacer películas por encargo, sin embargo algunos preferimos al original, al adaptador más fiel y apasionado de Shakespeare, a ese excéntrico cineasta que siempre sabe por donde salir. Tal vez Thor fue una película interesante y resultó entretenida para el público, pero no nos engañemos, no se veía la labor del brillante director y guionista norirlandés por ningún sitio. Lo de “Jack Ryan” ya fue demasiado, recuperar al personaje para estrenar una película así es como poco infame, aunque seguramente con otro director habría sido mucho peor. Ahora Disney le llama para dirigir la nueva versión de Cenicienta, qué como ocurrió con Thor sirve para comenzar un universo cinematográfico como el de Marvel; y es que Disney los está poniendo muy de modo actualmente y ya se suma hasta “Transformers”…pobres de nosotros, la que nos espera en las próximas décadas. Pero volvamos al tema, Brangah dirige esta reversión del clásico cuento de Charles Perrault, con un guión de Chris Weitz (Antz, La Brújula Dorada) y un reparto que hará las delicias de muchos. Lily James protagoniza el filme seguida de otros actores de renombre tales que: Cate Blanchett, Helena Bonham Carter, Richard Madden, Derek Jacobi, Hayley Atwell y Stellan Skarsgård -entre otros-.

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El nuevo trabajo por encargo de Branagh logra sus objetivos con solidez y un buen porte. Los primeros 20 minutos no me produce el menor interés lo que cuenta, la misma historia al pie de la letra y sin salirse casi nunca del esquema. Y en verdad la dirección es quizás demasiado impersonal, Branagh cuenta esta historia con respeto, rigurosa fidelidad y un optimismo tan contagioso como el resfriado de Elsa en el corto Frozen Fever (que se puede disfrutar antes de la película), pero es tal vez ese superlativo respeto a la historia por lo que el filme se siente, a veces, mecánico. A pesar de esto no se le puede quitar mérito al cineasta, capaz de imbuir al éste con un fabuloso romanticismo, de jugar con una buena cantidad de emociones y tratar con corrección temas universales contenidos en el cuento original, pero que a estas alturas parecen olvidados. Además hay que aplaudir esos preciosos travellings firma de la casa. Tras los primeros 20-25 minutos de total desinterés para un servidor, aparece el príncipe (Richard Madden) para irónicamente salvar la situación, pues con su llegada la película comienza a mejorar notablemente. No es que a partir de ahí la historia tome un rumbo diferente pero por un compedio de razones comienza a interesarme en mayor medida, por fin logro entrar en ese pequeño reino lleno de cosas hermosas y otras bastante más horteras. Atención a los espantosos lagartos y ciertos esperpentos de la -por otro lado- mayormente deliciosa propuesta visual.

Aunque en algunas ocasiones entre el Svarovsky y el barroquismo visual puede parecer un trabajo del pomposo Baz Luhrmann, en realidad me ha gustado mucho la puesta en escena. El vestuario de Sandy Powell (El Aviador, Shakeaspeare in love) así como el diseño de producción de Dante Ferretti (El Aviador, Hugo, Sweeney Todd) y la fotografía de Haris Zambarloukos (Locke) son impresionantes, en especial la labor de los dos primeros refuerza exponencialmente la cinta. No sólo visualmente deslumbra esta nueva Cenicienta, la composición musical de Patrick Doyle (Hamlet) acompaña a la perfección esta familiar historia. El guión de Weitz es irregular, teniendo en cuenta, claro está, que hablamos de una adaptación muy fiel. Tiene sus virtudes, esa manera de marcar algunos temas intrínsecos del cuento o algunos diálogos, aunque todavía no he decidido si eliminar las canciones ha sido un fallo o un acierto. Un problema con el que me encuentro es el personaje de Cenicienta, pues al principio del filme encuentro imposible llegar a empatizar, todo es muy triste pero ella sonríe falsamente y baila con sus ratones, y la explotan a trabajar y la maltratan pero ella da las gracias y sigue sonriendo, y puede que sea porque ya no estamos en una película de animación pero es que me irrita de sobremanera, me dan ganas de llamar a Jack Torrance para que las cosa a hachazos a todas. No obstante cuando conoce al príncipe parece que al fin tiene algo por lo que luchar y es donde puedo empezar a interesarme por esa historia. Si hay algo más de lo que hablar es el reparto, y lo que debo decir es que no todo el casting es un acierto, no entiendo del todo seleccionar a Helena Bonham Carter como hada madrina y me parecen totalmente desaprovechados dos actores de la talla de Cate Blanchet y Stellan Skarsgård, aunque ella está definitivamente estupenda y clásica como madrastra malvada.

Después de todo el nuevo trabajo de encargo de Kenneth Branagh no es tan mecánico o impersonal como lo indican algunos elementos. Guionista y director han decidido basarse fielmente en la obra de Perrault en narrativa, personajes y espíritu, y diferenciarse de otras versiones pasadas y futuras a través de un plausible -y controvertido- apartado visual y sonoro, así como un reparto de actores excelentes que hacen cobrar vida a sus personajes. Sin ser una obra maestra esta nueva “Cenicienta” con actores de carne y hueso le da al público exactamente lo que promete: nostalgia, bondad, romance, grandilocuencia, elegancia y una pizca de magia.

Alejandro Arranz

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