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Buena y espeluznante película

Por Enrique Fernández Lópiz

13 Tzameti es una película perturbadora, que produce un miedo sordo, una profunda angustia y una sensación de inquietud a partir de acontecimientos e imágenes que luego cuesta borrar de la mente. Incluso pueden provocar pesadillas. Hablo por propia experiencia. Vinculo ahora, por la vía de la “libre asociación”, esta cinta con otras dos igualmente terribles de las que salí también “planchado”. La primera es de 1978, El cazador de Cimino, un pasaje en que el atormentado joven ex soldado protagonizado por Christopher Walken, en su abatimiento vital tras haber presenciado tanta barbarie en la guerra de Vietnam, se juega la vida a la ruleta rusa en un tugurio de Saigón (se calcula en 28 las muertes motivadas por la influencia de este film en los EE.UU. tras su estreno). La otra es la postrera obra del maestro Kubrick en 1999, Eyes wide shut, en ella se muestra hasta dónde puede llegar la perversidad humana en unos rituales sexuales demoníacos, la carencia de moral, moral que como casi siempre parece circunscribirse a la gente ordinaria, en tanto hay una supra sociedad millonaria y asqueada de todo, que sólo encuentra diversión, emoción o placer atravesando la línea roja de lo más prohibido y vil. Escenas muy fuertes, donde los villanos del mundo se comen a mordiscones la manzana del bien y del mal, solo que a esta gente nadie los expulsa del paraíso, al menos del paraíso mundanal en el que tan horondamente viven deshonrando a los demás y convertidos en una estirpe decadente; personajes públicos o privados, que incluso llegan a alzarse hasta el Olimpo del Poder.

La película se desarrolla en una localidad próxima al mar. Un joven de veintidós años humilde condición, Sébastien (George Babluani), se afana en arreglar el tejado de una casa donde vive una extraña pareja en la que él es heroinómano. El dueño fallece a causa de una sobredosis y el muchacho se queda sin trabajo y sin cobrar, lo cual que precisa ese dinero para su casa con urgencia. Pero el tal individuo de la casa había recibido por correo una convocatoria que, por las conversaciones que Sébastien oyó desde la techumbre cuando conversaba la viuda con otro hombre, puede hacer ganar una suculenta cantidad de dinero si se asiste a la cita. Sébastien se hace con el sobre y encuentra un billete de tren junto a unas indicaciones y decide ir él en lugar del hombre que acaba de morir. En su aventura, el muchacho acaba en un tabuco secreto en el que se despliega un mundo aparentemente irreal, una situación horrenda donde unos señores apuestan poniendo en juego la vida de otros hombres. Él es uno de ellos y ya no puede escapar de allí. Tiene que afrontar su destino fatal de muerte o riqueza.

Esta fue la ópera prima del por entonces joven director, el francés de origen georgiano Géla Babluani (26 años cuando rodó esta película). Con un gran guión del propio Babluani, que escribió un libreto bien conformado, desgranado y administra sus mejores bazas como es debido. El resultado es un producto original, inclasificable y atípico que atrae la atención desde el primer minuto, hasta llevarte al mundo de los más insospechados horrores y la más penetrante desazón. El director no se anda con remilgos, rueda momentos inolvidables y de gran tormento mientras dirige la trama hacia una conclusión inesperada y sorprendente. Escenas de gran fuerza visual y el retrato muy logrado de unos personajes tremendos.

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Posee una maravillosa música-pura-tensión de Arnaud Taillefer, una banda sonora enigmática y agobiante que deja entrever y previene con sus notas, que nos vamos a encontrar con algo espeluznante; y cuando la película descubre sus cartas escondidas, la música desaparece, pero ya estamos en el infierno y no hay vuelta atrás, como le ocurre al protagonista. La fotografía en un portentoso blanco y negro de Tariel Meliava es auténticamente genial, una fotografía que por sus claroscuros, sus enfoques y fotogramas de una austeridad y una solidez insólitas, ayudan a que el espectador se sienta atrapado en la lobreguez del film.

Desde mi modo de ver el reparto hace en general un trabajo de primer orden, destacando la magnífica actuación de George Babluani, cuya mirada traspasa la pantalla produciendo escalofríos. Acompañando un equipo actoral conjuntado y expresionista con figuras como Pascal Bongard, Aurélien Recoing, Fred Ulysse, Nicolas Pignon, Vania Vilers, Olga Legrand, Augustin Legrand, Christophe Valdevelde, Jo Prestia, Philippe Passon y Urbain Cancelier. Todos muy bien.

Entre premios y nominaciones en 2006 obtuvo: Festival de Cine Fantástico de Sitges: Mejor banda sonora. Sundance: Gran Premio del Jurado (Internacional). Premios César: 2 nominaciones.

No obstante lo escrito hasta aquí, estamos ante la película de un autor novel que adolece por su inexperiencia, eso hay que aceptarlo, de la cobertura de un aparato de producción en condiciones. Pero a cambio, tiene frescura y está técnicamente muy bien mantenida. Incluso puede parecer un proyecto de cortometraje después muy bien alargado; o un trabajo fin de carrera; incluso una Tesis Doctoral. Por eso escribe Costa: “Se mueve entre [...] el rigor de su apuesta conceptual y estética y la ocasional ingenuidad del principiante sin total dominio del timón narrativo”. Pero también añade Costa que el producto es un “perturbador viaje al miedo que desvela su secreto poder en su casi irrespirable y dilatado clímax final”.

La película se inicia con un tempo pausado que no hace a pensar lo que va a suceder posteriormente. “Comienza lentamente pero poco a poco construye, con un estilo a lo Hitchcock, un terrorífico crescendo. Y no te engañes pensando que sabes qué es lo que va a pasar” (Musetto). Y lo que luego ocurre es como “una experiencia memorablemente desagradable, como probarse un abrigo de anguilas y que caiga como un guante” (Cortijo). De forma que esta película no es recomendable en general, o sea, abstenerse espectadores sensibles o medrosos, porque lo que encierra la cinta no es un miedo de sustos o mera sangre, ni colmillada a lo Drácula, es algo más, es mucho más, es depravación, es decadencia, es criminalidad, es asombroso. Y pensar que son cosas que tal vez ocurran en la realidad. Así y todo, y aunque “es probable que sea demasiado dura para todos, ’13 Tzameti’ ofrece una experiencia alucinante para cualquiera deseoso de embarcarse en ese viaje” (Thomas). “Cuando Sébastien alcanza su destino y tanto él como los espectadores conocemos lo que le depara ese negocio, se introducen nuevas claves. Ya no nos preguntamos qué tiene entre manos, sino que sentimos un desasosiego diferente” (Maldivia). Cuando comencé a verla ya me olía algo muy malo; aguanté el tirón inicial que es algo lento, y me vi de hoz y coz metido de modo absoluto en un panorama tenebroso y desolador que, empero, te enseña mucho y además te da la oportunidad de ver una obra no sólo inusual, sino incluso me atrevo a afirmar que única.

Desde mi parecer esta película tiene dos lecturas, una pavorosa por donde asoman los visos de potencial verosimilitud, o sea, de que situaciones como estas sucedan en la realidad que habitamos. Y la otra es una lectura social y económica, con relación a este injusto mundo donde unos pocos son muy ricos, acompañados de una gran mayoría necesitada o muy pobre de la cual sacan provecho de forma inmoral e inmisericorde.

Veamos ambas.

Esta malsana y cruel trama, lo cierto es que a pesar de su diabólica fuerza nos capta y cautiva ¿Y por qué? Bueno, porque aquí no hay trampas en el guión, ni subterfugios, ni inesperados giros, ni magia, ni efectos especiales. Es pura realidad, se ve lo que hay de desmedido, lo cual ya de suyo cautiva y capta. Pero esa atracción es tanto mayor por cuanto podemos pensar, como yo pensé, que lo que acontece es algo potencialmente real, horrendamente probable. Es esa cualidad de lo espantosamente posible lo que deja un fondo de malestar interior, de turbación, y una sensación incómoda de proximidad; es lo macabro que habita entre nosotros y tal vez en nosotros, esto último desde una lectura más psicológica.

La segunda interpretación, la de la injusticia social, se hace evidente en la película, pues el protagonista y su familia son gente muy necesitada cara a la mera subsistencia. La muerte del dueño de la casa deja al joven Sébastien sin la posibilidad de cobrar por su trabajo y este es un factor principal que lo empuja a buscar dinero donde lo haya. Y si la película es oscura, más aún lo es la pérfida trampa en la que unos degenerados millonarios pretenden apostar y hacer caja a costa de que unos pobres se jueguen la vida. Si en el lance el pobre sobrevive, él también podrá ganar una importante cantidad de dinero, por supuesto nada que ver con la que ganan los protagonistas de un mundo de apuestas tan siniestro que, seguro, Sébastien, no habría querido conocer. Pero el muchacho se ve atrapado urgido por la necesidad, igual que la mayoría de la población nos vemos atrapados por Bancos, Multinacionales o políticos corruptos. Trampas en las que muchas veces sin quererlo nos vemos envueltos y que nos obliga a trabajar duro para pagarlas.

En fin, que la misteriosa cita deja al protagonista hecho añicos, pues el hecho de que finalmente sobreviva a la prueba y por ello gane unas monedas, no lo libera del enorme drama personal que ha tenido que soportar, un drama que lo ha destruido personalmente, lo cual se ve en las escenas finales en las que apenas puede ni caminar, parece un zombi. Una radiografía, pues, pesimista y radical de los tiempos lóbregos de restricciones y austeridad que nos tocan vivir a los inferiores, versus la pujanza y prosperidad de los poderosos. El paradigma del espanto cotidiano ante tanta vileza y ante el cual, a muchos sólo les cabe morir de miseria o de penar.

Concluyendo, película muy interesante, no apta para espectadores impresionables como decía antes, película extraña incluso cuyo guión y trama el mismo Géla Babluani, tentado por Hollywood, volvió a reeditar con el título 13 (Ruleta rusa) en 2010, esta vez con actores de relumbrón (Sam Riley, Jason Statham o Mickey Rourke) y fotografía en color, que hizo bueno el dicho de: “nunca segundas partes fueron buenas”. Tendría que haberlo dejado estar.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=54jn0_ugqco.

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