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Buena pero no excelente

Por Enrique Fernández Lópiz

La historia de American gangster si sitúa en el año 1968 en la ciudad de Nueva York y cuenta hechos reales, lo cual le confiere interés a la película. El film cuenta el nacimiento y decadencia de Frank Lucas, el mafioso negro más importante de los años setenta y ochenta, que representó el progreso del gansterismo moderno.

En las primeras escenas, un importante y silvestre mafioso de nombre Bumpy Johnson, acompañado de Frank Lucas (Denzel Washington), su taciturno chófer, queman sin piedad a un hombre rociándole con gasolina, al que rematan a tiro limpio y a bocajarro a continuación. Cuando el importante mafioso muere de un infarto, Frank aprovecha sus conocimientos y su estatus para montar su propio negocio o mejor, su propio imperio como gánster. Lo hace debido a su gran talento y al hecho de moverse con un perfil medio-bajo entre los otros mafiosos. Su negocio es el tráfico de estupefacientes, sobre todo heroína, llegándose a convertir en el principal narcotraficante de la ciudad, con una droga de mejor calidad y precio que logra traer directamente desde Vietnam en aviones del ejército norteamericano, en guerra por aquellos entonces con el país asiático. Para ello soborna a militares y es él mismo el que va en los inicios a Vietnam a elegir un opiáceo de alta pureza. Desde otra óptica, Frank Lucas es un hombre público muy respetado que además ha rescatado a toda su familia de la indigencia y los ha ubicado en una lujosa mansión. Ahora los hermanos pasan a formar parte de su banda.

Del otro lado de la ley está Richie Roberts (Russell Crowe), un policía incorruptible que incluso ha llegado a devolver cerca de un millón de dólares que encontró en el maletero de un coche. Por esta razón Richie es un oficial marginado, arrinconado por su honradez dentro de un entorno de policías corruptos. Richie logra ascender y hacerse cargo de un pelotón de policías honestos dispuestos a pisar las calles que tan bien conoce, y desmantelar el entramado mafioso en torno a las drogas. Además, Richie ya se ha dado cuenta de que una persona ajena a los clanes habituales trepa por la escalera del poder mafioso vinculado a la droga, o sea, Lucas.

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Richie y Lucas comparten un severo código ético que les aparta de los demás y los convierte en dos figuras solitarias en lados opuestos de la ley. Cuando se encuentren, se producirá el enfrentamiento. Se trata de una difícil batalla en la que al final Lucas acabará detenido y colaborando con Richie, a quien desvela la identidad de una enorme cantidad de policías corruptos que él mismo compraba; por su parte Richie acabará defendiendo como abogado a Lucas. O sea, en el fondo hay sintonía entre ambos.

Ridley Scott es ya todo un icono de la cinematografía y particularmente del cine de acción. Esa solidez y esa maestría se vuelcan en este film que dirige, en plena forma, construyendo un film absorbente (a ratos), excitante (a ratos), de calidad e innegablemente entretenido. El Guión de Steven Zaillian es bastante bueno, dinámico, a veces con un tempo lentificado pero que logra describir una buena narración en imágenes que va, por lo general, a lo sustancial de la trama. La música de Marc Streitenfeld es extraordinaria; gran música negra del blaxplotation o cine de negros y música funk de fondo; entonces, la cinta hace alarde de esa música setentera, como cuando la voz arenosa de Bobby Womack empieza a desgranar su Across the 110th street produciendo un potente efecto, justo en la escena cuando la banda de Lucas cuenta billetes; de igual modo, la fotografía de Harris Savides es sensacional y sabe acertar en lo próximo como en lo distal. Montaje y puesta en escena magníficos; excelentes, como la plasmación del Nueva York de los años 70 o grandes escenas paisajísticas del Vietnam en conflicto de la época.

El reparto es de lujo, con dos personajes principales arropados por un elenco de excelentes actores y actrices de reparto. De los dos protagonistas relevantes, Denzel Washington hace con bastante temple y estando en su sitio como un torero, el papel de mafioso nada ostentoso y sereno, que empero sabe subir a lo más alto del narcotráfico neoyorkino; Washington es siempre un actor seguro, de los que con un gesto y con unas pocas palabras, es capaz de dar sentido a una escena, porque posee una fuerza deslumbrante y una presencia singular. Russel Crowe, actor talismán de Scott, más activo y expresivo en sus facciones, interpreta de forma impecable al honrado detective Richie Roberts; el neozelandés hace una genial réplica a Denzel. Y acompañan a esta pareja protagonista un elenco de secundarios muy profesionales, en un coro de policías buenos y malos, gánsteres de color y familia, papeles que interpretan con solvencia Carla Gugino (bien como esposa de Richie), Cuba Gooding Jr., Josh Brolin, Ruby Dee (magnífica como madre de Frank Lucas), Chiweet Ejiofor, Lymari Nadal (ex mis-Puerto Rico, bien como esposa de Lucas), RZA, Ted Levine, Armand Assante, Idris Elba, Ric Young, Clarence Williams III, John Ortiz, John Hawkwes, Jon Polito, Kevin Corrigan, KaDee Strickland, Common, T.I., Linda Powell, Albert Jones y Yul Vazquez.

En 2007, esta película, entre premios y nominaciones obtuvo lo que sigue: 2 nominaciones al Oscar: Mejor actriz de reparto (Ruby Dee), mejor dirección artística. 3 nominaciones al Globo de Oro, incluyendo mejor película dramática. 5 nominaciones a los BAFTA, incluyendo mejor película, fotografía y guión original. 2 nominaciones Critics’ Choice Awards: mejor película y canción.

Yo la he visto hace poco y la verdad, me gustó, pero sin exceso. No creo con mucho que sea una de las grandes películas a que nos tenía acostumbrado Ridley Scott como Blade Runner, 1982; Thelma y Louise, 1991; o Hannibal, 2001. Aunque para la larga sequía que llevaba en aquel 2007 Scott, con este American gangster remontó el vuelo. Mas este film no llegó a la excelencia de las que acabo de mencionar.

Pero Scott sabe dibujar el mundo del hampa, tomando además como modelo hechos que ocurrieron en la realidad de unas décadas atrás. Así, basada en acontecimientos ciertos, nos relata aquella operación policial contra el mundo de los narcotraficantes en Nueva York. A veces, para ello, hace sorprendentes giros que nos van conduciendo hasta llegar a un escalofriante y violento final, que incluye cierta amistad posterior entre el Charlie perseguidor y el Lucas perseguido. A propósito, se puede observar que el señor Scott, igual que muchos espectadores, quiere mucho al delincuente, lo cual que convierte a Lucas en una figura que seduce más que provocar repulsión por su condición de criminal y malhechor. Esto sugiere un talante relativista en el terreno moral, que tiene su apoteosis en el final del film, en el que policía y criminal parecen estar a punto de abrazarse.

En fin, que conforme veía la película, en un momento dado miré el reloj (¡oh! mal síntoma), pues me parecía que se excedía un poco el metraje; pero pasado un punto, el resto lo pude ver bien.

No creo que esta obra aporte nada nuevo a las películas de gánsteres, ni siquiera me parece que tenga excesivas virtudes, pues a veces es lenta, superficial y falta de sorpresividad. Un poco fatigosa y pesada como crónica social. Quizá Scott habría tenido que alejarse un poco más de la corrección y ser más audaz. Además está plagada de tópicos, estereotipos y escenas previsibles que parecen sacadas de otros filmes equivalentes del pasado. No quita lo dicho para que reafirme que la ambientación, la fotografía, el trabajo de los actores, la banda sonora o la narración en sí la convierten en una película buena y no meramente del montón.

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