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Buena película de atracos con equívoco mensaje moral

Por Enrique Fernández López

Cien años de perdón se desarrolla en Valencia. Es una mañana de lluvia torrencial, las calles con embotellamientos de tráfico y una mujer que se baja de un Taxi y corre a la Sede Central del Banco Mediterráneo de Valencia. Es su Directora y acaba de enterarse de que está en la lista del personal que van a despedir. En las puertas de la misma sede bancaria y a la misma hora, entran decididamente y en forma organizada seis hombres con máscaras y fuertemente armados, dispuestos a atracar la sucursal con rehenes incluidos. Parecía que iba a ser un robo limpio y fácil, pero las cosas empiezan a complicarse y no salen conforme al plan. La existencia de una caja de caudales de un político de nombre Soriano y esa información dada por la Directora ahora retenida, va a provocar recelo y enfrentamiento entre los dos líderes de la banda: “El Uruguayo” (Rodrigo de la Serna) y “El Gallego” (Luis Tosar). A partir de aquí las cuestiones que se plantean son dos: ¿qué buscan los atracadores concretamente?; y, ¿cómo van a salir del Banco sin ser capturados por la policía?

El director de esta cinta Daniel Calparsoro, es un hombre con una trayectoria en cine y TV de más de veinte años; yo diría que es un director con fuerza, que sabe retratar sensaciones, como en la película que vi hace tiempo de título Guerreros, 2002; film en el que Calparsoro mostró sus dotes para el cine bélico, sin dejar de lado la amargura y el nihilismo de este tipo de filmografía; buen cine. Pero yendo al grano, en esta película que ahora comento, Calparsoro teje una tupida red que involucra a políticos corruptos, banqueros y policías a las órdenes de las altas esferas del poder. Calparsoro ha sabido hacer esta obra con la necesaria tensión, con oficio, con sobriedad, con sello propio y además, resulta entretenida.

El guión de Jorge Guerricaechevarría sabe llevar al libreto un cine de atracos con implicaciones sociales, que traslada al espectador el malestar imperante de la corrupción rampante que existe en nuestro país, y en muchos otros, también en Argentina, a cuyo público irá destinada esta película particularmente con toda seguridad, por estar coproducida en parte por el país austral. En lo que corresponde a España, no en vano la trama se desarrolla en Valencia, lo cual que, como dice Cuéllar, la historia ha pasado en los últimos meses a ser tan real que ha adelantado a la ficción por derecha, izquierda, por arriba y por abajo”. Pero no sólo Valencia y la trama Gürtel; hay docenas de casos de corrupción y fraude en nuestro país, de todos conocidos, como el Caso Bankia, Caso Bárcenas, Caso Epsilón, Caso Malaya, Caso Mrca Sevilla, Caso Pokémon, Caso Nóos, Caso de los ERE en Andalucía, Operación Púnica, Caso de los Cursos de Formación, Caso Riopedre, Caso Picnic, Caso Filesa, en fin, que Eres y no Eres, etc., derecha e izquierda, arriba y abajo, desde la Casa Real hasta los chorizos simplex, muchos han metido la mano en el dinero ajeno proveniente de asuntos turbios; quien quiera puede consultar aquí los que nos pasa y que al final pagamos los pobres ciudadanos de a pie: https://15mpedia.org/wiki/Lista_de_casos_de_corrupci%C3%B3n. Todo esto se hace presente en esta película. Siguiendo con Cuéllar, acuerdo cuando escribe que, justamente esta temática: … desequilibra la intención real de los guionistas pues la basura política cobra tanto protagonismo que desborda los pilares del equilibrio: la amistad entre los espléndidos Tosar y Rodrigo de la Serna, los toques de humor y las aristas del atraco en sí”. No obsta para que admita que el libreto tiene diálogos interesantes, pinceladas de comicidad y elementos importantes de denuncia social. Me ha gustado la buena música de Julio de la Rosa y la nítida y fotografía de Josu Inchaustegui.

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Entre los actores participantes, dentro de un reparto excelente, destacan un espléndido e inquietante Rodrigo de la Serna que se luce y lidera la historia; Luis Tosar, que está genial en esa especie de sujeto duro y a prueba de bombas que ya se ha labrado en otros filmes, con su también vena blanda e infantil (es una especie de particular Jason Statham a la española); Raúl Arévalo hace un trabajo serio y con matices en sus registros como político corrupto; Patricia Vico está excelente como bancaria que se vende por unas monedas, o mejor diamantes; José Coronado le da enjundia al film en los minutos en que encarna a un policía igualmente deshonesto y seriamente involucrado en las sucias mafias de los políticos de turno. Acompañan a los principales protagonistas un equipo actoral hispano-argentino muy capaz con figuras como Joaquín Furriel, Mariam Álvarez, Luciano Cáceres, Luis Callejo o Joaquín Climent.

Calparsoro hace una película con eficiencia, con tintes de thriller tenso, visceral y penetrante. Una película de ejecución brillante y osada en sus contenidos. Además, la obra va ganando en complejidad y en cuota de emoción e intriga conforme avanza la trama, lo cual que parte de un comienzo de mero robo a mano armada, a un desarrollo más comprometido en sus planteamientos con el acontecer de políticos, banqueros y fuerzas de seguridad nada confiables cuyas malas artes están trenzadas y convergen en sus propios e inconfesables intereses. Desde luego estos intereses no son los del ciudadano de a pie, que tantas veces se ha visto engañado y desencantado por estos perversos entramados.

No quiero pasar por alto a mi análisis del film, que a pesar de estar bien construido y con buenas hechuras, es capcioso y profundamente inmoral. Apostaría que el noventa y nueve por ciento de los presentes en la sala, deseaba que escaparan los “buenos ladrones”. Sin embargo, estos ladrones iban armados y eran todo un peligro para los pobres rehenes y demás ciudadanos, amén de amantes de lo ajeno. De acuerdo que algunos políticos y policías de la película son muy “malos”. Pero el título, que proviene del dicho: “Quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón”, al igual que el planteamiento del film es moralmente equívoco e indeseable, incluido el buen ladrón que le da dinero (que ha robado) a una pobre joven rehén a la que iban a desahuciar, para que pague la Hipoteca. Entonces, como dice Martínez: La idea es confeccionar una pieza tan clásica como negra alrededor del atraco a un banco. Algo así como `Tarde perros´ pero con las raíces hundidas en el cieno de un tiempo extraño (el nuestro) donde los límites entre lo legal y lo turbio, lo político y lo criminal se encuentran difuminados. La culpabilidad alcanza a todos”. Sí, a todos. Políticos, policía y atracadores. Me parece importante este extremo, a fuer de parecer moralista. Pero no, lo que quiero decir es que no se ataja la corrupción robando a los corruptos, o no pagando los impuestos, o haciendo fraude al estado con bajas médicas en el trabajo que no corresponden, o cobrando subsidios cuando no toca, etc. Por eso, y volviendo a Cuéllar: Tanto es el giro que da el guión que los malos acaban siendo buenos, ganándose la admiración de la butaca”. Entonces, el film tendría que haber dejado más clarito, que todos son ladrones y peligrosos, los de un bando y los del otro. Si no podría incluso parecer la cosa una gracieta.

Es innegable que la película tiene su mérito en el plano del pulso narrativo, del montaje, actores, etc. Pero hay más tela para cortar. De nuevo menciono a Martínez cuando escribe: El mérito consiste en mantener al espectador atento a la jugada sin perder de vista la perspectiva del terreno de juego. Parece un simple entretenimiento (y eso es), pero quizá habla de nosotros y de nuestro dolor de estómago”. Sí, nuestro dolor de estómago se llama paro, unido a fraudes y robos de guante blanco a troche y moche, las Barberás rampantes con sus Loewe, Camps luciendo sus elegantes trajes, la Sanidad maltrecha, la Educación a duras penas, la Investigación bajo mínimos… y es que se ha volatilizado mucha plata, mucha, en este y otros países, muchas esperanzas y anhelos frustrados mientras los más jóvenes y no tanto, mal viven de las maltrechas pensiones de nuestros mayores. Pero esto no se arregla plan Robin Hood, Curro Jiménez o los Siete Niños de Écija. A la película, ya que entró en terreno tan delicado, le ha faltado sugerir al menos alguna alternativa, más allá del latrocinio.

Pero por ir cerrando estos comentarios, quiero decir que yo recomiendo la película, pues como dice Beatriz Martínez, Calparsoro: … compone un complejo relato poliédrico para sumergirnos en una frenética espiral de acontecimientos en la que se tensan al límite los elementos de la acción y la intriga a través de un incisivo artefacto fílmico lleno de precisión y contundencia formal. Y es así. Más allá de las reflexiones y ángulos que es preciso analizar para no caer en el conformismo o el relativismo, lo cierto es que la película está bien hecha, se hace amena, tiene suspense y se puede ver con la seguridad de pasar un buen rato.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=wXbxtoCOhcs.

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