Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Buen film del subgénero judicial en favor de la ética militar

Por Enrique Fernández Lópiz

Una de las tipologías fílmicas por la que siento especial predilección son las películas de juicios a la americana. Con su juez, su fiscal, el abogado defensor, el jurado, los testigos, el presunto culpable, y cuantos imponderables asoman lo largo del proceso; y sobre todo, la rapidez y sagacidad de los letrados, siempre que haya buenos guiones. Nada que ver con nuestros aburridos juicios hispánicos o al menos los que yo he visto, que carecen de la vida y el corazón de estos otros a la americana, mucho más emocionantes e inesperados. También me gusta la calidad de las preguntas, de las contra preguntas, las respuestas a veces vacilantes otras inequívocas y convincentes, el famoso “¡protesto!”; y el “se admite” (o “no”) la protesta, etc. Y obviamente, el desenlace de todo ese teatro, en el buen sentido, que son los juicios filmados.

En mi infancia hubo una serie televisiva que me aficionó definitivamente a las películas de juicios. Se trataba de la serie Perry Mason protagonizada por el memorable Raymond Burr que interpretaba a un notable abogado defensor. Perry Mason era un abogado que defendía a clientes acusados de asesinato; él, con su inteligencia y perspicacia, mitad abogado mitad investigador, demostraba la inocencia de su cliente mediante la averiguación de la culpabilidad del verdadero asesino, que era el tercer personaje principal de estas historias.

Mason era el personaje del novelista Erle Stanley Gardner, un escritor de novelas policíacas. En 1933, en su primera novela, The Case of the Velvet Claws, 1933, Perry Mason se describe así: … soy un abogado que se ha especializado en el trabajo procesal, y en mucho trabajo criminal. [...] Soy especialista en sacar a la gente de problemas. Vienen a mí cuando están en todo tipo de problemas, y yo les saco de ellos. [...] Si le preguntáis por mí a algún abogado de familia o de empresa, probablemente os dirá que soy un abogado sin reputación, sin ética y sin escrúpulos. Si preguntáis por mí a algún compañero de la oficina del Fiscal del Distrito, os dirá que soy un peligroso antagonista aunque no sabe mucho sobre mí. Espero que el lector perdone mis derivaciones y vueltas, pero lo que yo hago no son en un sentido estricto críticas de cine, sino comentarios y valoraciones, que a veces me retrotraen o llevan por asociación a otros filmes y a otras épocas.

Pues bien, esta película, sin ser lo más, resulta bastante entretenida y tiene una calidad meritoria. La historia de Algunos hombres buenos cuenta un juicio desde la jurisdicción militar norteamericana. Los superiores del teniente de la Marina y prometedor letrado de gran reputación Daniel Kaffee (Tom Cruise), le encomiendan la defensa de dos soldados acusados de haber asesinado a un compañero en la Base militar de Guantanamo (Cuba), pertenecientes al cuerpo de Marines. Inicialmente el caso no parece revestir mayor complejidad. Pero la cosa se complica cuando hace acto de presencia el Coronel Nathan R. Jessup, Comandante en Jefe de la base de la base. Se trata de un hombre muy severo y con un sentido del honor, el patriotismo y la disciplina exacerbados. Investigando a fondo los entresijos del caso irán saliendo a la luz nuevas pistas y nuevos datos que inciden de manera definitiva en el juicio, y que harán que el caso tome un giro inesperado y transcurra por caminos no esperados.

Rob Reiner es un director con oficio que tiene en su haber un listado de obras de éxito, alguna de ellas de bastante éxito (p.e. Cuando Harry encontró a Sally, 1989). En esta cinta hace una conducción que se siente exigente, eficaz y que resucitó en su momento el cine jurídico-militar. Aaron Sorkin escribe un guión fuerte, con punta, con filo y diálogos contundentes, adaptación de una obra teatral de su misma autoría. En el libreto se tratan aspectos morales de calado y aspectos filosóficos con relación al individualismo, o los conceptos de nación, religión o disciplina como base y fundamento del honor militar. Tiene una buena música de Marc Shaiman y adecuada fotografía de Robert Richardson, donde no hay planos inútiles. Buen montaje y excelente sonido.

algunos-hombres-buenos-2

El reparto es punto y aparte, unos actores que hacen interesantes y tensas interpretaciones. Tom Cruise era en aquel entonces un joven actor y a decir verdad, hace un digno papel como oficial abogado que se enfrenta y le sostiene la mirada al mismísimo Jack Nicholson. Nicholson, a pesar de ser en este film un actor de reparto, es sin duda el que, en sus poco más de veinte minutos, domina la historia con su gestualidad y una mirada tan aguzada y dura, que da miedo. Demi Moore hace un buen trabajo como mujer oficial ayudante de Cruise. Igual se luce Kevin Bacon. Y están muy bien el resto de actores de reparto como Kevin Pollak, Wolfgang Bodison, Kiefer Shuterland, J.T. Walsh, James Marshall, Christopher Guest, Cuba Gooding Jr., J.A. Preston, Matt Craven, Noah Wyle, Xander Berkeley o Ron Ostrow. Un elenco de actores de primera línea.

Premios y nominaciones en 1992: 4 nominaciones al Oscar, incluyendo actor secundario (Nicholson), montaje, sonido. 5 nominaciones al Globo de Oro, incluyendo director, película drama, guión. National Board of Review: Mejor actor secundario (Jack Nicholson). Círculo de Críticos de Nueva York: Nominada a Mejor actor reparto (Nicholson). Asociación de Críticos de Chicago: Mejor actor secundario (Jack Nicholson).

Yo he llegado a la conclusión de que la milicia juega su papel en la defensa y otros servicios para un país, pero el mismo organismo militar es también capaz de engendrar personajes, situaciones o climas en los que la vida de soldados e inferiores en general puede hacerse irrespirable.

Pero antes de continuar, y siempre en esta mi vocación pedagógica paralela a la crítica de cine, quiero traer a colación las sabias palabras del padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, quien en el capítulo V de su genial obra Psicología de masas y análisis del Yo escrita entre 1920 y 1921, entra a hacer un análisis del Ejército (también de la Iglesia, como ahora diré), que creo conviene a lo que ahora voy a referir sobre este film.

Freud considera que que el individuo integrado en una masa, experimenta, bajo la influencia de la misma, una modificación, a veces muy profunda, de su actividad anímica.” Y dentro de estas formas de agrupaciones o colectivos que él denomina masas, Freud distingue tipos de masas: efímeras, duraderas, artificiales, naturales, primitivas, organizadas, etc. Lo que nos interesa aquí son las masas artificiales, duraderas y altamente organizadas. Y dice: La Iglesia y el Ejército son masas artificiales, esto es, masas sobre las que actúa una coerción exterior encaminada a preservarlas de la disolución y a evitar modificaciones de su estructura. En general, no depende de la voluntad del individuo entrar o no a formar parte de ellas, y una vez dentro, la separación se halla sujeta a determinadas condiciones cuyo incumplimiento es rigurosamente castigado. En el Ejército, continúa Freud: El jefe es el padre que ama por igual a todos sus soldados, razón por la cual son éstos camaradas unos de otros. En el ejército, continuará diciendo, reina la ilusión de la presencia visible de un jefe que protege y valora a todos los miembros de la tropa. Y de esta ilusión depende todo, y su desvanecimiento traería consigo la disgregación […] del Ejército. Esto que dijo Freud para el Ejército, es y será obviamente vigente, pues la organización militar depende de estos principios de autoridad, etc. Pues bien, pensemos ahora en el film.

La película se centra el entramado del cuerpo de los Marines en una Base, y lo personifica en su jefe el Coronel R. Jessup, que es el arquetipo de la máxima autoridad. Como decía antes, si la ilusión de su liderazgo se desvaneciera, esto provocaría un efecto disgregador en la tropa. Sin embargo ¿es esto lo sustancial en esta cinta? No olvidemos que el abogado Kaffee pretende demostrar que justamente la autoridad ha obrado mal. O sea, que el Coronel es un indeseable que ha incitado al crimen a dos de sus soldados.

Justamente, el carácter delincuencial del Coronel y el hecho de ser juzgado dentro de la misma institución castrense, es el elemento clave dentro del guión, un punto de inflexión, que no excluye cierto cuestionamiento para hacer una invectiva de los Marines en la película. Sin embargo, no llega a ser por este mismo motivo, una auténtica y radical crítica al sistema militar. Esta no es una película antimilitarista, pues está muy centrada en la figura patológica y enferma de un mando, pero que respeta al resto de la “masa”. Así, esta obra queda muy lejos de otras obras netamente antimilitaristas como Senderos de Gloria de Kubrik (1957); La colina de Lumet (1965), o, La chaqueta metálica, también de Kubrik, 1987, por mencionar tres ejemplos. En esta película, la crítica militar prácticamente se circunscribe a las prácticas irregulares, por no decir perversas, de un coronel medio loco, papel que borda el gran Nicholson.

El tal coronel ordenaba lo que se denomina “Código rojo”, que implicaba la eliminación de los soldados que no acataran las normas internas del escuadrón. Una cuestión de honor, para entendernos, que no estaba escrita en ningún lugar. O sea, -y esto es muy importante para entender el fondo del film, “Código rojo” es un ejemplo de independencia “extraoficial” que canaliza anómalamente todas las fisuras de la ética defendida por la esfera militar, que corrompe todo aquello que tanto se defiende a lo largo de la película y que se manifiesta abiertamente y de manera incompatible con los valores fundamentales de su adiestramiento. Es por esto que digo que más que una película antimilitarista, es una película que aboga por la ética militar, una milicia donde no haya prácticas irregulares y fuera de control. Y ahí, Cruise le espeta a Nicholson: ¿Ordenó usted el código rojo?. Con una respuesta definitiva en el film: .

En definitiva, excelente film que recicla el subgénero judicial-militar, y le da unos leves toques de atención al sistema militar americano. Es una buena película de juicios (ya sé que las hay mejores), toca de pleno a la milicia americana; dirección y guión potables, buenas interpretaciones donde Nicholson se lleva la palma, película realizada con mucho oficio, y además atrae el interés del espectador desde el principio hasta el fin. Aconsejable.

Ver tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=WIupxAWMNdU.

Escribe un comentario