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Bronson y un recuerdo para las películas de acción de los años ochenta

Por Enrique Fernández Lópiz

Paul Kersey, un arquitecto de Los Ángeles, es un hombre que detesta a los asesinos y mafiosos, pues ha perdido mujer e hija a manos de sicarios. Cuando la hija de su novia, Erika, muere de una sobredosis de crack, Kersey, azuzado por un extraño millonario que le provee de medios, decide tomarse la justicia por su mano para acabar con el tráfico de drogas en la ciudad.

J. Lee Thompson es un gran director, un profesional con una aquilatada carrera y películas ya consagradas desde los sesenta como Taras Bulba de 1962, Los cañones de Navarone de 1961, etc. Pues bien, se puede decir que para el pobre guión con que cuenta de Brian Garfield y Gail Morgan Hickman, la simpleza y a la vez la violencia facinerosa de la historia, pues el buen Thompson hace lo que puede y lo hace de la mejor manera. La música de John Bisharat, Paul McCallum y Valentine McCallum deja que desear desde mi modo de ver, y la fotografía de Gideon Porath es presentable.

Y del reparto qué decir: es Bronson + Bronson, y él lleva sobre sus duras espaldas todo el metraje. A veces ocurre que decimos que actores como Bronson u otros son muy limitados. Y yo no lo dudo. Pero sintoniza con la cámara, tiene carisma actoral y eso es un valor pero que muy grande en el cine. O sea, otro cualquiera no se aguanta él solito como quien dice 99 minutos de metraje. Y es que si alguien, como es mi caso, se traga tamaña peli facinerosa y por demás inmoral hasta el tuétano, es porque trabaja Charles Bronson (q.e.p.d.). Por lo tanto, chapeau por él y toda su carrera, pues desde mi modo de ver mereció ser la estrella que fue/es en el mundo del cine. Yo, si digo la verdad, sólo recuerdo una peli que me pareció realmente buena con él como protagonista, y lo quiero recordar aquí, se trata de una película titulada El pasajero de la lluvia de 1970 de Réne Clément. Pero sigamos… También hay que decir que el resto del reparto es cumple con interpretaciones muy profesionales en coro: Kay Lenz, John P. Ryan, Perry Lopez, George Dickerson, Soon-Tek Oh, Dana Barron, Peter Sherayko o James Purcell.

La película es medio horribilis en lo ético, pues el mensaje de la justicia por cuenta propia no puede ser más facha y amoral, y la película suelta metralla a toneladas, pero quiero decir otras cosas sobre ella, por parecerme de interés y que pueden tener sus puntos de interés.

Ya desde el principio del film se sabe que vamos a asistir a otra película violenta del súper Bronson. Y efectivamente, esta cuarta parte de la saga del justiciero va al grano de inmediato. Y si al principio muestra a un Kersey retirado de sus aficiones vengadoras, plácidamente en su oficina de arquitecto, al poco la cosa cambia. La muerte de una adolescente poco menos que su hijastra por consumo de estupefacientes, hace que de nuevo vuelva a tomarse la justicia por su mano, dando lugar a un rosario de de secuencias violentas a cada cual más brutal y explosiva –pero bien canalizadas-, lo cual que garantiza el regocijo del espectador amante de la saga Bronson. Creo que es de justicia (hablando de justiciero), decir que por comparación con las anteriores entregas, ésta es técnicamente más correcta y tiene la capacidad de empatizar con el público (joven sobre todo); es decir, que J. Lee Thompson cumple con su oficio y hace una buena realización, amén del excelente montaje de la cinta.

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Hay también un elemento nuevo en esta entrega, esto es, que en el guión se subraya la psicología del protagonista Kersey, sobre todo en el inicio, dejando claro que es un hombre que sufre de pesadillas y que es una persona aún atormentada por los recuerdos y que no soporta la iniquidad, sobre todo cuando se trata de la agresión a los débiles. Por lo demás, hay muchas similitudes con los capítulos anteriores; pero eso sí, esta es más dinámica y mejor llevada.

Y asociando, asociando, quiero hacer una reflexión histórica al hilo de esta película. En los ochenta era la época Reagan, y a la sombra de sus políticas conservadoras y beligerantes fundamentalmente, crecieron en Hollywood los celebérrimos héroes de diferentes cruzadas de fuerza y violencia (guerra, policía, vengadores, etc.). Estas películas de acción de los 80 constituyeron un cine cargado de exageradas situaciones, de ultra-violencia sin sentido, donde el protagonista era expuesto a pruebas titánicas e increíbles, esquivando balaceras de armas automáticas por doquier, sobreviviendo a explosiones de todo tipo, incluidas las nucleares, a caídas de cientos de metros de altura; con guiones donde solían asesinar a sus parejas o amistades más íntimas, lo que les incitaba a actuar de furiosos vengadores sin límite; y al final de tanta pólvora y porrazos sin par, el protagonista apenas salía con una tirita en la frente. Y entonces tengo que recordar y rendir un homenaje al hilo de esta película que comento, a aquellos héroes toscos y musculosos de los ochenta como Silvester Stallone, Dolph Lundgren, Jet Li, Chuck Norris, Arnold Swarzeneger, Jean-Claude Van Damme, Steven Segal, Mickey Rourke y algo más tardío, Bruce Willis; y cómo no, el fuerte Bronson que hizo las delicias de la juventud de aquel entonces con su musculación y su capacidad de “mata-mafiosos” sin límite, y eso sí, por su cuenta y riesgo, plan Ley de la Selva. Y me parece que esto hay que apuntarlo también en nuestra página Web, pues que no todo van a ser bellas pelis de magníficos directores y actores y actrices. Yo conozco personas diversas que sienten pudor al hablar de estos flimes, y yo sé que sin embargo los han visto ¡con gran regocijo! Y es que estas pelis fueron una especie de subgénero con mucha aceptación de parte del público, no así de la crítica. Pero a la industria del cine le aportaron pingües beneficios. Y aún hoy se repiten, ya con sus actores en la Tercera Edad, como la conocida saga de “Los mercenarios” dirigida una el propio Stallone en 2010 y otra por Simon West en 2012. Entonces no está mal que tengamos un recuerdo para estos duros tan vilipendiados pero a la vez con tanto éxito de público.

Pues bien, esta película Yo soy la justicia II, es una de las películas más representativas de ese cine duro, violento y de venganzas propio de esos pasados ochenta. Y aunque no es ningún prodigio de nada, y menos de originalidad, las hazañas de Paul Kersey y toda la oleada de muerte y destrucción que deja a su paso, conforma un relato “entretenido” que engancha de manera inmediata; y para postre con un final catastrófico, además de salvaje y apoteósico. Y con su moralina, claro.

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