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Blue Jasmine. Una película sobre la actual crisis moral

Por Enrique Fernández Lópiz

Trata la película de Jasmine, una mujer rica y glamurosa de la alta sociedad neoyorquina en su momento, que tras la debacle de la crisis que afectó en general y a su esposo en particular, a la sazón un estafador y deshonesto hombre de las finanzas, se encuentra de la noche a la mañana sin medios económicos y sin un lugar a donde ir. Es en este momento cuando decide viajar a San Francisco con su hermana Ginger, una joven sencilla de clase trabajadora que pretende hacer una vida con su novio, igual que ella trabajador sencillo: un mecánico. Ginger, al lado de su hermana acepta su papel de perdedora. Así y todo, a pesar del buen recibimiento de Ginger, Jasmine, en el momento más crítico de su vida, se aplica en criticar constantemente a su hermana, novio, hijos friquis, en beber, fumar, tomar píldoras antidepresivas, todo ello anclada en los recuerdos de su pretérita lujosa vida en Manhattan. Pero también con la necesidad de rehacer su vida, sin saber bien cómo.

La película de Woody Allen tiene un guión sugerente y está dirigida con mérito, aunque a veces parece que sin mucha convicción. Una interpretación coral muy afinada, destacando las dos protagonistas femeninas: Cate Blanchett y Alden Ehenreich que van de lo cómico a lo trágico. Ésta es la historia de muchas personas de nuestra “crisis”, esa por la que ahora estamos transitando.

Jasmine y su marido (a la vista en constantes flashbacks que nos narran la otrora “cómoda” vida de Jasmine y los turbios negocios, adulterios, etc., de su esposo) gozaban de un elevado estatus social y económico, siendo que al final todo resultó una farsa y un “choriceo” al más puro estilo, en el que nadie pregunta  de dónde sale el dinero mientras todo vaya bien y sea cómodo para los circundantes. Cuenta así la película una época de profunda enfermedad moral, de mentiras, de hipocresía, de robo, de infidelidad. Y esto es extrapolable, a mi modo  de ver, a muchas familias de nuestro entorno que han vivido en los años de pujanza anteriores a este peliagudo momento de la crisis, de manera equivalente, en sus limitaciones, claro, con todo dispendio, lujo y créditos bancarios, por los que ni mujer, hijos ni nadie preguntaba y que, empero, estaba claro que se movían fuera de la realidad, de una realidad que siempre acaba corrigiendo los desvaríos.

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Jasmine, así, se convierte en un paradigma de tantos y tantas que han vivido personal y económicamente de forma fraudulenta o fuera de tino, a fuerza de engaños y autoengaños, de falsedad, de fachada, de “pelotazos”. Hombres y mujeres que han vivido bajo la supuesta égida del dinero, la riqueza a discreción,  el adorado al becerro de oro sin miramientos, cayese quien cayese. Y ahora se ven así, hablando solos en un mundo que de pronto ha devenido hostil a las facilitaciones de momentos pasados. Y es que la realidad se resiste a la “facilitación”, al despilfarro y al derroche, como también toma su revancha ante las mentiras y envoltorios vanos. Todo ello pasa factura en lo material, pero sobre todo en lo espiritual, en lo que de seres humanos tenemos. Por eso Jasmine acaba así: loca, con la empecinada añoranza de épocas pasadas malsanas, sin medida de la justeza, fuera de la órbita social y moral. Ésta es la dimensión manifiesta del personaje Jasmine: lo que los clásicos llamaban insania

Sin parecerme la gran obra de Allen, es, no obstante, una película buena, digna de verse, aleccionadora y que viene a cuento de lo que ha pasado y aún ocurre pues, muchos, cada uno en el terreno de sus posibilidades, ha exprimido más de la cuenta la gallina de los huevos de oro hasta matarla. Y de ahí, a un paso, la decadencia y la enajenación.

Sin embargo, y dicho lo que he escrito, yo le pediría a Allen que se esmerara, en una sucesiva obra, dada su necesidad de contar historias, a la altura de Match Point, que yo sí considero una obra maestra sobre la codicia, la culpa, el destino, la fatalidad o el remordimiento. A ver qué pasa con este querido y selecto director, genio entre los genios.

Comentarios

  1. Alfonso

    Estoy totalmente de acuerdo con el análisis social que el crítico Fernández Lópiz hace de esta película. No hay que quedarse meramente en lo particular sino también ir a lo general.

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