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Blue Jasmine. Los viejos rockeros…

Por Miguel Ávalos

…Ya os sabéis el resto. Cuando alguien del calibre de Woody Allen presenta un proyecto es sinónimo de éxito y disfrute en la gran pantalla. Este legendario cineasta se labró desde sus comienzos en el séptimo arte su propio estilo, firma y sello, ganándose así un incontable número de seguidoras y seguidores a lo largo y ancho del planeta. Con lo cual la conquista de la taquilla es un hecho. Sus incondicionales, un servidor incluido, siempre responden.

En esta ocasión Woody Allen nos trae Blue Jasmine, la dramática historia de una mujer que pasa del cielo al infierno en muy poco tiempo. Un triste relato, maquillado con excelentes toques de humor made in Allen, que nos recuerda lo mucho que puede cambiar la vida de una persona y que no necesariamente es para bien. Dicho de otra forma, Allen nos enseña el lado malo de la vida, la penosa situación en la que vive una persona que ha experimentado una fuerte caída, incapaz de expulsar los malos recuerdos que la atormentan y que poco o nada se concede para tratar de alzarse. Al mismo tiempo nos muestra el caso de otra persona que no ha tenido la suerte de llegar nada lejos en la vida y que, sin embargo, parece aceptar su situación de buen grado, amén de conocer las muchas limitaciones que tiene.

Blue Jasmine es una rotunda demostración de lo que ocurre cuando quedas atrapada/atrapado en ese pasado, en el cual todo te sonreía pero que, sin embargo, por causas de la vida se te escapó como agua entre los dedos. Blue Jasmine es el fiel reflejo de la esclavitud a la que la depresión y la dejadez te pueden someter.

Jasmine (Cate Blanchett) es una mujer que lo tenía todo. Estaba casada con Hal (Alec Baldwin), un importante y conocido empresario, se codeaba con la gente de la alta sociedad, daba fiestas en su casa, su hijo Danny era estudiante en Harvard y disfrutaba de una creciente reputación. Sin embargo, toda esa grandiosa vida se desmorona cuando se descubre que los negocios de su marido son ilegales. Destrozada y sin dinero, se traslada de Nueva York a San Francisco, en concreto al piso de su hermana Ginger (Sally Hawkins), a la que no veía desde hace mucho y que siempre ha tenido una vida muy distinta de la que Jasmine había disfrutado. Ni dinero ni codeos con la alta sociedad por así decirlo. Jasmine intentará dejar todo atrás y volver a alzarse de nuevo por sus propios medios.

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La película vislumbra dos caras de la vida que no resultan nada agradables y que, sin embargo, se diferencian en ciertos apartados. Por un lado, tenemos a Jasmine, quien disfrutaba de las delicias de esta vida, manjares que sólo unas pocas personas del mundo tastan. Tan injusto como real. Sin embargo, de la misma forma que puedes subir, puedes tropezar y la caída es larga y dolorosa. Cosa que a Jasmine le sucede. Ésta queda atrapada en la tortuosa espiral de recuerdos de aquello que tuvo y ya no tiene, que conduce inevitablemente al autoabandono, siendo en el fondo incapaz de concederse una verdadera oportunidad de dejar todo atrás y poco a poco empezar de nuevo. Su único compañero real tiene por nombre común “alcohol” y este sólo te puede presentar en semejante estado, a sus dos primas, depresión y resaca. Su hobby preferido parece ser reprocharle a su hermana las pocas luces que siempre ha tenido y ser incapaz de llegar a algo, sin reparar en el detalle anterior, se abandona a sí misma. Su propio hijo no quiere ni saber de ella. En definitiva, alguien que para empezar debería estar bajo tratamiento o cuanto menos en sesiones con un buen psicólogo. A su favor cuenta el hecho de que no hay casi nadie que le aconseje debidamente, sin embargo, lo poco bueno que le va surgiendo no lo aprovecha, lo tira por la borda. Nadie te puede ayudar si tú no eres la primera persona en ello, nadie te puede curar si no eres la primera persona en combatir la enfermedad. Pues quien vive del pasado, no tiene presente y menos aún futuro.

Por otro lado, tenemos a la hermana de Jasmine, Ginger. Un caso quizás triste, pero con ciertas diferencias. Desde que era muy joven, Ginger fue la rebelde y ello le ha llevado a ser una persona sin demasiado futuro. Ni siquiera tiene un vocabulario correcto. Alguien que desde siempre ha sobrevivido por sí misma con muy poco. Sin embargo, ello no ha sido un impedimento para estar casada, tener hijos, formar una familia y rehacer su vida con un hombre con incluso menos cociente que ella y que aun así, a su manera, demuestra que la quiere de verdad. Aun con todo lo anteriormente mencionado, Ginger es buena gente, quiere a sus dos hijos y también a su hermana. No hay atisbo de maldad y egoísmo en ella y eso es algo muy honroso. Una verdadera lástima que para un hombre aparentemente situado que conoce, resulte un sinvergüenza. De todos modos a Ginger le da igual a que se dedique y cual sea su situación económica, Ginger se siente atraída por él y por su supuesta honradez, por nada más. Ginger no es una persona ni con una vida lujosa, ni con un sueldo que le permita más de un capricho, pero ella lo acepta y sólo se preocupa por el bienestar de quienes le rodean, por cuidar de sus hijos. Si hubiese justicia en el mundo, tan sólo por eso debería ser rica.

Si entre las dos hay una que peca de verdad, esa acaba por ser Jasmine. El proceder de la riqueza no te cubre de oro en lo esencial.

Woody Allen se vuelve a cubrir de gloria como director y guionista, sencillamente magistral. Este hombre es muy grande. Los diálogos son sobresalientes igual que los monólogos que Cate Blanchett se marca. Lo dicho, fenomenal.

Preciosa banda sonora de Christopher Lennertz.

En lo que respecta al reparto, si de mí depende le entrego en persona a Cate Blanchett tanto el Globo de Oro como el Oscar. Excelente interpretación de esta formidable actriz que se merece, a mi juicio, ambos galardones. Sally Hawkins debería de ser, cuanto menos, nominada a los dos, impecable trabajo el suyo. Alec Baldwin también vuelve a demostrar su talento y muy buenos trabajos también los de Andrew Dice Clay y Bobby Cannavale. El resto del reparto también tiene escenas muy interesantes como es el caso de Peter Sarsgaard y Michael Stuhlbarg.

CONCLUSIÓN

Woody Allen siempre quiere transmitirnos algún mensaje en sus películas. Blue Jasmine no es una excepción. En este caso es el mismo, de alguna manera, que en Batman Begins, ¿por qué nos caemos? Para levantarnos. Álzate y no permitas que las caídas de esta vida te arruinen lo que te queda de ella. Si quieres puedes. ¿Lo tenías todo y lo perdiste? ¿Vivías en tu mundo ideal y se te cayó encima? De tu voluntad depende volver a empezar y labrarte un futuro igual de dorado e incluso mayor gracias a la lección aprendida. Pues quien escarba en su pasado traumático, tan sólo viviendo de eso, no hallará más que suciedad. En esta vida hay derrotas y hundimientos, pero deben servir para surgir de nuevo y lograr triunfos.

Woody Allen nos avisa de ello con Blue Jasmine. Su enésima oda. Una firme y clara candidata a película del año.

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Comentarios

  1. Enrique Fdez. Lópiz

    Acuerdo con tus comentarios, y cuando yo escribí sobre esta peli, decía que era también como una metáfora de cómo habían vivido mucha gente antes de la crisis, y ahora pagan/pagamos los platos rotos, o sea, los impagos. Pero sí, Allen muy bueno.

  2. Miguel Ávalos

    Muchas gracias Enrique, si, lei tu crítica de esta peli y me gusto mucho. Toda la razón en lo que dices, la crisis se refleja, todo el mundo hemos caido en picado y hay empresas y negocios que se han ido al traste. Esperemos que este 2014 signifique el principio del ascenso.

    Un saludo y gracias de nuevo por comentar

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