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Blood lake

Por Jon San José Beitia

Producción de terror de claro corte televisivo que presenta un argumento muy manido, con seres espeluznantes que crean problemas en un pueblo de mala muerte, siendo, en este caso, las protagonistas unas culebras con hambre voraz, miles de lampreas.

La película sigue un esquema argumental muy básico y excesivamente empleado en productos de este tipo, así que no sorprende ni aporta nada nuevo, una sucesión de muertes bañadas en sangre en la que se pasa un rato entretenido si no se tienen grandes pretensiones. El reparto es muy pobre e insulso, sus aportaciones a la película rozan el esperpento y sólo se pueden mencionar las discretas aportaciones de dos figuras de cierto renombre que ya viven de sus últimos coletazos cinematográficos, una ya olvidada actriz de la serie de televisión Sensación de vivir, habitual de series similares a ésta y el veterano actor, Christopher Lloyd, que se limita, últimamente, a papeles secundarios de poco empaque que le permitan llenar el plato de comida.

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Es una película demasiado insulsa y previsible como para mantener la atención del espectador, es un claro producto de relleno televisivo, donde la calidad de los aspectos técnicos e interpretativos dejan mucho que desear. El cuidado de la imagen y la planificación de diversas secuencias es lamentable. Los efectos especiales, por llamarlo de alguna manera, quedan muy lejos de un producto satisfactorio, no resultan convincentes y a pesar de estar generados por ordenador, son ridículos. El aspecto visual de los monstruos es pobre y casi transparente, como ocurre también con los efectos de fuego, increíble que sean tan pobres y mediocres con los tiempos que corren. En ningún momento resultan creíbles y no trasmiten la sensación de peligro necesaria, todo parece una broma de mal gusto que únicamente tiene sentido para una tarde de sábado o domingo para relleno televisivo, para poco más.

Cuesta mucho seguir hablando tanto de una película que aporta tan poco, a pesar de su corta duración, se hace eterna y es una auténtica pérdida de tiempo; la mayor utilidad que le puedo encontrar es para echar una buena siesta, para cualquier otra cosa no puedo recomendarla. Totalmente prescindible y olvidable.

Jon San José Beitia

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