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Blancanieves

Por José Piris Baena

Será que me estoy haciendo mayor y comienzo a añorar tiempos pasados. O será que el cine actual cada vez me aburre más. El caso es que, de un tiempo a esta parte, las películas y series que más me han gustado son aquellas que, en cierto modo, me recuerdan el estilo del cine clásico.

Obras como Valor de Ley de los hermanos Coen, que recoge el testigo de Henry Hattaway, logrando un Oscar para Jeff Bridges (al igual que lo consiguiera John Wayne por su versión); Shangay, notable película de espías que es un homenaje a Casablanca; La invención de Hugo, el fabuloso cuento con el que  Martin Scorsese  homenajeó a George Méliès; Mad Men, la serie que nos ha devuelto la elegancia y el glamour de una época dorada; Broadward Empire, con sus gánster de la Ley Seca, como en Scarface, el Enemigo público Nº 1, Little Cesar, etc;  la más reciente Mod City, que evoca el cine negro de los 40 y 50 con Humphrey Bogart, Robert Mitchum o Allan Ladd; y que decir de The Artist, ese magnifico homenaje múltiple al cine mudo y al musical, especialmente a Ha Nacido una Estrella y a Cantando Bajo la Lluvia.

Pero hoy quiero hablar de la aportación española a esta moda retro. Me refiero, por supuesto, a la versión de Blancanieves  dirigida por Pablo Berger.

Antes de rodar esa pequeña joya del terror patrio titulada La Navidad de los muertos Vivientes, con Blancanieves  demostró que sabe contar una historia sólo con miradas.

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No voy a entrar a valorar si se trata, o no, de una apología del typical spanish, de copla y toros. Me limito a constatar como hace resaltar el trabajo de los actores con una técnica del gesto que dio grandes estrellas al cine, Gloria Swanson, Greta Garbo, Lillian Gish. Es más, si no supiéramos que se trata de una película actual, y no conociéramos a los actores, creeríamos que es una película antigua.

Precisamente, es en el elenco donde está el mayor acierto de la película. Todos están estupendos: la luminosidad de Macarena García, la sobriedad torera de Daniel Giménez Cacho, la gracia infantil de Sofía Oria, el gran Emilio Gavira, en su papel del enanito Gruñón, Pere Ponce, como secuaz típico del cine mudo.

Sobre todos ellos destaca la auténtica protagonista de esta historia, la madrastra Maribel Verdú. Sólo con su mirada sabe, en cada momento, componer un personaje a veces inquietante, a veces bufonesco. Se mueve de lo terrorífico a la parodia del villano teatral de aquellos tiempos.

Con todos estos ingredientes tenemos una hermosa historia a la que perdonamos las pequeñas variaciones sobre el cuento: (aviso, posibles spoilers) falta un enanito, el príncipe es uno de ellos, el final no es tan feliz como debiera.

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Comentarios

  1. Jeff Bridges no ganó el Oscar por “Valor de ley”. Ese año lo ganó Colin Firth por “El discurso del rey”. Él lo ganó el año anterior por “Crazy Heart”.

    De Blancanieves solo puedo decir que me encantó. La mejor película española en muchos años y para mi gusto incluso mejor que “The Artist”. La fotografía, las actuaciones, el aroma a cine mudo, los guiños a “Freaks”, la música, el giro de tuerca a la historia, todo me pareció muy trabajado y logro cautivarme por completo.

    • José Piris Baena

      Gracias por la corrección, tienes razón en lo del óscar de Jeff Bridges.

      Me parece muy acertada tu comparación con “Freaks”, es una película con varios puntos en común. Aunque no tengan nada que ver, la escena en que la madástra se encuentra en el toril con el toro, me hizo pensar en la última escena de “Freaks” con la trapecista convertida en gallina.

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