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Blade Runner: La llamaron joya, cruel mentira

Por Javier Fernández López

Que el tiempo magnifica las cosas pasadas es un hecho. La nostalgia resulta emotiva, pero también peligrosa, porque al final podemos quedarnos atascados nosotros mismos en la idea equivocada de que todo tiempo pasado fue mejor. Blade Runner se aprovechó de un tiempo y de sus propios elementos, pues fue pionera en muchos de sus conceptos e ideas. Pero como película siempre me ha dejado, personalmente, insatisfecho. Quizá como tesis filosófica pueda tener mejor salida.

Basada, en cierta medida, en la novela del genio Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de 1968, el cineasta Ridley Scott llevó Blade Runner a los cines en 1982. Dick murió ese mismo año, poco antes de que estrenaran la película. Hubiese sido muy interesante saber qué opinaba de ella un maestro de la ciencia-ficción como él. La cinta se convirtió rápidamente en una precursora del género cyberpunk en el cine, bebiendo directamente de ésta otras obras como Johnny Mnemonic o The Matrix, y también muestra un enfoque distópico como lo hacen otras películas como la trilogía Mad Max. Su ambientación incluso es semejante a la de otras historias como Akira. Muy pronto, Blade Runner se convertiría en un clásico de la ciencia-ficción, creando todo un legado de seguidores y fanáticos, convirtiendo el film, incluso, en puro merchandising.

Si hay alguien que tenga queja de aquellos planos de Peter Jackson en El Señor de los Anillos, aquellos en los que mostraba las tierras de Nueva Zelanda, en Blade Runner el señor Ridley Scott tuvo la genialidad de pasarse minutos y minutos mostrando aquella ambientación. De ahí nace parte del culto, pero también sería uno de los graves problemas de la película. George Lucas aprendió de esto para su segunda trilogía de La Guerra de las Galaxias, y ya en La Venganza de los Sith, para cada escena primero colocaba una panorámica del escenario donde se llevaba a cabo la acción, pero apenas duraba unos segundos.

Es obvia la importancia que tiene la película en el cine, pues ha trascendido al pensamiento actual del siglo XXI. Pero volvemos al problema de base: ¿Valoramos una película como producto cinematográfico o como producto académico? Por supuesto, una obra se puede valorar de mil maneras, pero personalmente prefiero disfrutar de una película por lo que es al fin y al cabo, una película. Y en todas ellas hay una historia, una banda sonora, un ritmo. Blade Runner acierta en las premisas pero no en cómo narrarlas.

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Luego, la mayoría de historias se apoyan sobre un protagonista, y aquí fue Harrison Ford el elegido. Después de protagonizar éxitos comerciales como Indiana Jones: En busca del arca perdida o las dos primeras películas de La Guerra de las Galaxias (la tercera se estrenó después de Blade Runner), Ford consiguió para su filmografía un nuevo éxito personal. Ya tenía en su historial a tres grandes directores: Steven Spielberg, George Lucas y finalmente Ridley Scott. Tres maestros de la ciencia-ficción, sin duda alguna. Pero Scott siempre ha tenido un problema, y es que no sabe manejar la ciencia-ficción y la acción a partes iguales. James Cameron daría prueba de ello cuando dirigió la secuela de su Alien: El octavo pasajero. Lo que logró Cameron es un film absolutamente más frenético y entretenido, si bien no se está diciendo con esto que la película de Scott no sea una joya. Pero también lo hemos visto en Prometheus, posiblemente una de las peores cintas de ciencia-ficción de todos los tiempos. Así, la dirección de Ridley Scott muestra cierta pesadez, parece más una conferencia en algún congreso científico, y Ford parece el conferenciante de turno. Aburrido, incoherente… ¿qué pinta en todo esto tu personaje? Vean bien la película y verán que el trabajo del personaje de Harrison Ford en la película lo puede hacer cualquier estudiante que tenga unos mínimos conocimientos filosóficos o que haya leído algo sobre funcionalismo o neurociencia. ¿Por qué entonces el personaje es tan especial? Cuando digo esto, normalmente la gente presupone que me hubiese gustado más en la película una especie de Tom Cruise en Misión Imposible. Ni mucho menos, pero ya que lo tuyo es cazar replicantes, qué mínimo que no dejar que te maten cada vez que te encuentras uno, porque estos lo van perdonando en cada encuentro. La teniente Ripley en Aliens: El regreso tenía más chispa.

La trama tiene deficiencias, las cuales están presentes en el guión porque de lo contrario sería imposible que hubiese película. Pero resultan ser errores de base. ¿Por qué Roy, interpretado por Rutger Hauer, mata tan fácilmente a su creador? Todo se mueve en torno a unas premisas que quieren llevarnos al gran momento final, aquel en el que Roy le suelta a Deckard el gran discurso:

“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo… como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.”

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Una genialidad de monólogo que tuve una pobre presentación gracias al mal ritmo de Blade Runner. Acerca del ritmo, es importante señalar que algunos críticos de la época apodaron a la película como “Blade Crawler”, y no es para menos, pues la cinta se va arrastrando poco a poco con unos diálogos, muchas veces, innecesarios. Claro, todo esto es simple, la película se quiere apoyar en la poderosa ambientación que muestra. Pero la acción se ve lastrada por ese toque policial, la lentitud propia de una película de detectives, que es lo que es al fin y al cabo el personaje de Deckard.

Ciertamente, la película le debe mucho al compositor griego Vangelis, el cual realizó un trabajo muy bueno, aunque personalmente no le encuentro ese punto que me atrape, como logran otros como Hans Zimmer o John Williams. Hay un aire retro, otro de misterio, pistas que llevan incluso a pensar que el mundo se ha convertido en una distopía futurista y caótica, pero le falta ese remate final.

Lo único que logró atraparme del todo fue la siempre hermosa Daryl Hannah (El clan del oso cavernario), cuya caracterización se muestra sensacional, sobre todo en sus minutos finales. Me sigue pareciendo el mejor replicante con diferencia, la más acertada, la que mejor transmite esa idea de robot “humano”, por así decirlo.

Cabe mencionar que lo más interesante de la película es ese rótulo inicial donde se nos cuenta lo sucedido con los replicantes, aquel retiro que, como quiere sugerirnos la película, posiblemente fue un genocidio. ¿Quién es más humano? ¿Era Deckard un replicante? Blade Runner invita a la reflexión, pero también invita al sueño. ¿A qué viene esa escena romántica tan larga en el piso de Deckard? Fueron los 8 minutos más largos de mi vida. Si vas a añadir un toque romántico Scott, hazlo bien, haz que me guste lo que estoy viendo, haz que me emocione, transmíteme sentimiento.

En definitiva, una película lenta, monótona y aburrida. Interesante en su reflexión, rica en contenido, pero insultando a la hora de verla. Se ambiciona tanto Blade Runner que al final logra ser cargante. Y lo cierto es que lo que se quiere contar es algo simple. Pero lo rodeas de tal parafernalia, apoyándote en unos increíbles efectos especiales, que el resultado final es un desastre. Salieron tantas versiones de la película, que lo que lograron fue darle aún más complejidad a un producto valorado positivamente en exceso. El tiempo la ha ayudado a mantenerse, a considerarse una película de culto, en un clásico de la ciencia-ficción. Puede decirse de ella todo eso, pero prefiero ver, antes que ésta, obras como The Machine, Alita: Ángel de combate o cualquier otra. El personaje de Harrison Ford resulta incomprensible por momentos, su concepto como tal. Y la duración de la película podría haberse reducido mucho y aún habría mantenido su poder audiovisual. Pero visto lo visto en Prometheus, queda claro que al señor Scott le gusta hacerse el interesante haciendo complicado lo simple. ¿Joya? Me temo que no.

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Comentarios

  1. Pringao

    Basura de pelicula. No hay mas que añadir.

  2. Jorge Valle

    Difiero cuando dices que una película tiene que tener una historia. No es imprescindible para que la película funcione: Terrence Malick (‘La delgada línea roja’, ‘El árbol de la vida’) es la mejor prueba de ello.

  3. Javier Fernández López

    No es Terrence Malick el mejor ejemplo, un hombre que logró que en varios cines se pusiese con el cartel con el texto: “Si sales en 30 minutos, te devolvemos el precio de la entrada”. ‘El árbol de la vida’ es una mala película. ¿Bella? Quizá, pero Malick se pasó de listo con el tema de los dinosaurios. Incluso varios actores de la película afirmaron no saber de qué trataba todo lo que estaban haciendo. ‘To the wonder’ me gustó algo más, sin llegar a ser algo demasiado interesante.

    Quizá no todas tengan que tener una historia, pero ‘Blade Runner’ la tenía, y falló en su cometido a la hora de narrarla.

  4. Miguel Ávalos

    Para gustos colores, lo he dicho muchas veces en mis artículos
    ¿Mi opinión sobre Blade Runner? ¡Una obra maestra atemporal del amigo Scott! ¡Interpretaciones soberbias!
    ¡Un saludo Javier!

  5. Anna Montes Espejo

    ¡Por fin encuentro a alguien que comparte mi nefasta opinión sobre “Blade runner”!
    Como bien dices, Javier, el tiempo pasa y sin duda todo el atrezzo tecnológico resulta a ojos actuales ridículo; pero lo que es más grave, “Blade runner” no supo reflexionar, ni ahondar en cuestiones morales, culturales, sociales, etc. que se le presuponen, y sobre las que el espectador ya puede haber deliberado de antemano. Igualmente, tampoco es nada nuevo hablar sobre la capacidad destructiva del ser humano y su cara más oscura.
    A mí parecer tampoco se salvan un inseguro Harrison Ford que no tiene nada de creíble, y la banda sonora. En mi opinión, Vangelis se sitúa en el punto de vista del espectador sorprendiéndose y admirándose por absolutamente todo, descuidando la interioridad de la trama y los personajes, y creando melodías comerciales y convencionales.
    Al menos, la fotografía y la ambientación circense de la casa de Sebastian, se salvan.

    Aprovecho para saludarte, “compañero” :) http://www.ojocritico.com/author/annamontesespejo/

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