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Biopic del bailarín chino Li Cunxin

Por Enrique Fernández Lópiz

La película El último bailarín de Mao está basada en una historia real, cuando un grupo de ballet norteamericano que había viajado a China, logra llevar a Huston (Texas) al prometedor bailarín clásico Li Cunxin. Cunxin había sido trasladado desde su aldea, a los once años, por delegados culturales de Mao y enviado a estudiar ballet a Pekín. En la escuela de danza padeció una severa disciplina y fue educado como bailarín clásico. Con el tiempo y gran esfuerzo llegó a ser uno de los mejores de su escuela. Al principio fue aclamado por el régimen comunista chino, pero tras su viaje a los EE.UU., decide no volver, lo cual le acarreó una seria acusación de traición. Años estuvo sin poder volver a China, hasta que los cambios políticos propiciaron que pudiera reencontrarse de nuevo con su familia.

La película está dirigida con soltura narrativa por el oscarizado Bruce Beresford, con buen guión basado en las memorias reales de Li Cunxin, un libro que ha vendido más de un millón de ejemplares. Entonces, el film cuenta sencillamente la historia de Li en forma dramática: el deseo de libertad en la vida y en el arte. Actualmente Li Cunxin, de más de cincuenta años es un bailarín retirado y alejado de la profesión de la danza y convertido en uno más de los miles de empresarios chinos que abundan como parte de esa diáspora gigantesca, que oculta razones muy diferentes. Li, en declaraciones a la prensa hace algunos años decía cosas como: “Al principio no me gustaba nada, odiaba el ballet […] Cuando me eligieron, no tenía idea de lo que era aquello y me hacía una imagen lejana de las bailarinas en las puntas de los pies en equilibrio. En mi zona, las campesinas llevaban los pies vendados y caminaban sobre los talones; así que tenía miedo de terminar como ellas. Los primeros tres años fueron muy difíciles, el ballet era aburridísimo para mí, un muchacho de campo. Me sentía como un pájaro enjaulado, quería salir, escapar; no le encontraba sentido alguno al ballet, pero entonces, gracias a mis profesores, empecé a amar aquello. Especialmente el profesor Xiao fue importante en esto, que me demostró que podía hacerlo y desarrollar mi talento“.

Li es uno de tantos bailarines de la órbita comunista que pudieron escapar de las dictaduras comunistas. Bailarines como Rudolf Nureyev, Mijaíl Barishnikov o Natalia Makarova de la URSS; Rosario Suárez y Rolando Sarabia cubanos. Y Li, quien comenta al respecto que: Rusos y cubanos tenían una formación que partía de los métodos rusos, y en realidad los bailarines chinos también teníamos algo parecido: la raíz en la escuela rusa. Es cierto que la presión política en mi época era terrible y mientras los cubanos y los rusos podían bailar ´El lago de los cisnes´, ´Gisell´e o ´Don Quijote´, nosotros los chinos solo podíamos hacer ballets políticos. ¡Soñábamos con los ballets románticos! Y creo que de ahí parte ese deseo de libertad artística, de entender el ballet como una forma artística universal donde al querer llegar a ser el mejor solo puedes conseguirlo sin restricciones territoriales o fronteras“.

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Y es que a Li Cunxin le tocó estar en medio de una generación que vivió los avatares de la Revolución Cultural china y donde el ballet era una rareza que sólo podía ejecutarse de un modo políticamente correcto. Como dice Hsu Tao-ching, La danza tradicional china tiene unos patrones contrarios a los del ballet y muy diferente a las formas occidentales; en cuanto a los movimientos, lo mismo, pues la ópera china responde a diferentes estímulos físicos, y ese fue uno de los empeños absurdos de Madame Mao, unirlos. Las posiciones del cuerpo y las líneas son muy diferentes; mientras en el ballet se gira el cuerpo hacia fuera, en la danza china es hacia dentro“.

La música de Christopher Gordon es excelente y la fotografía de Peter James igualmente buena y un pilar esencial en el film.

El coreógrafo inglés Ben Stevenson jugó un papel fundamental al fijarse en Li durante su primer viaje a China: Sin duda Ben es muy importante en mi vida. Ha sido como un segundo padre. Cuando me retiré, creó un último ballet para mí, lo que fue muy emocionante. Nos reencontramos en el estreno de la película y así subimos al escenario los personajes reales y los actores que nos interpretan“.

El propio Li participó en el casting para seleccionar al bailarín que se mete en su papel en el film: Hay tres actores en la película, uno niño, otro adolescente y el que hace de Li Cunxin adulto, que es hijo de dos de mis profesores de la academia.” Por lo tanto, el reparto, sin ser muy bueno en cuanto a interpretación, cumple sobre todo en lo que tocaa la danza. Hay no obstante actores profesionales como Bruce Greenwood en el papel de del coreógrafo Stevenson, muy bien; Kyle MacLachlan como abogado de Li, excelente; Amanda Schull como mujer y bailarina muy bien; y luego Joan Chen, gran bailarín oriental; Chi Cao, otro gran bailarín y Alice Parkinson, bailarina y su segunda esposa.

Yo diría que la película es bonita, sobre todo para quienes gusten del ballet. Es ideológica, pues critica la dictadura maoísta y en general los comunismos que aprietan el cuello de sus artistas y del pueblo en general en aras a ideales más que dudosos. Y es igualmente una historia de amor por partida doble. De una parte el amor de Li hacia sus padres, su familia, su pueblo y a su original maestro que tan sabiamente le aleccionó. Y en segundo lugar, por sus encuentros con el amor en los EE.UU., primero con un matrimonio que no fructificó y luego, con quien fuera su esposa y pareja de baile durante muchos años, y aún hoy.

De manera que en la película se refleja que finalmente Li consiguió bailar y vivir en libertad hasta recalar en Australia, donde vive actualmente con su mujer, ex bailarina que fue partenaire de sus éxitos, tres hijos y una vida con leyenda. De sus hijos dice: He inculcado a mis hijos que valoren su herencia china, pues cuando pase el tiempo es importante que sepan objetivamente qué ha pasado y que se sientan orgullosos de haber nacido en un mundo libre, que valoren la suerte que han tenido. De mis tres hijos, el chico solo piensa en el baloncesto; a las dos niñas les gusta la danza, pero no creo que para dedicarse a ello profesionalmente. Al vivir en Australia, estoy cerca de China, y voy dos o tres veces al año a ver a mi madre“.

En resumen: estamos ante un biopic convencional del bailarín chino Li Cunxin. La historia cuenta los años de mano de hierro del maoísmo, los orígenes rurales del protagonista Li, su aprendizaje forzoso y finalmente su viaje a los EE.UU., donde encuentra la libertad allá por los años ochenta. En Norteamérica triunfó y se exilió tras casarse y tener que afrontar un serio conflicto diplomático. Aunque el film no deja de ser mediocre y otro de tantos que en el mundo del cine se han rodado sobre historias equivalentes, no hay que negar la ejecución con oficio de Bruce Beresford, que hace gala de una irreprochable fotografía, interpretaciones convincentes, y las dosis emotivas un poco sobradas, que alzapriman la dimensión humana del personaje, sus amores y su familia en China. Se puede ver.

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