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Bienvenidos al Fin del Mundo

Por Alejandro Arranz

-La mejor de la trilogía, no podrás parar de reír ni apartarás la vista de la pantalla.
-Un drama apocalíptico de ciencia ficción con mucha comedia, frases memorables y todo lo que cualquier cinéfilo pudiera llegar a desear, e incluso más.

El trío Wright, Pegg, Frost regresa con el final de la trilogía del corneto que empezó allá por el año 2004 con Zombies Party y continuó tres años después con Arma Fatal; y su tercera y última aventura es un cóctel de géneros equilibrados a la perfección con la comedia como pegamento principal del conjunto. Como es costumbre encontramos un interesante plantel de secundarios como Martin Freeman, Pierce Brosnan o Eddie Marsan, el guión de la cinta está escrito por Wright y Pegg como en las dos primeras partes de la trilogía.

Nadie se esperaba semejante sorpresa cuando se apagaran las luces de la sala, desde el primer segundo el ritmo del film es fantástico; los primeros minutos son realmente excepcionales, narrados y rodados con brillantez, con esto no quiero decir que la película pierda nada por el camino, todo lo contrario. Se toma su tiempo para empezar y en pocos minutos ambos guionistas nos han metido de lleno en el mundo de estos cinco protagonistas que durante los 109 minutos irán construyendo a base de inteligentes pinceladas hasta convertirlos en personajes realmente interesantes y llenos de carga dramática.

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Es difícil analizar la película sin revelar mucha información (cosa que ya hizo el tráiler), pero quizás lo mejor es cómo de un argumento tan nimio se puede sacar tanto material atractivo; y es que a Wright le da tiempo a desarrollar personajes, a acumular frases memorables, a soltar algún que otro comentario crítico hacía nuestra sociedad actual y todavía le sobra para una o dos escenas de acción de lo más marchosas. La película se las arreglas para cambiar de tono o sorprender con algo nuevo en cada esquina lo que hace su visionado aún más placentero de lo que ya era; y es que si en algún momento dudaste de si te puede o no gustar, sólo tienes que pensar en la idea de semejante equipo zurrando de lo lindo a unos extraterrestres al ritmo de la música mientras se toman algunos minutos para recuperar el tiempo perdido, afrontar sus trastornos de la juventud y tomarse unas ricas pintas; no hay modo de explicar lo bien que te lo llegas a pasar con una película tan divertida y que además recompensa tu intelecto, si esta idea no te seduce es que eres un robot.

Wright mezcla géneros con eficacia maestra y lleva la película a tal nivel que sus dos predecesoras bien parecen un mero entrenamiento, la mejor escrita, rodada e interpretada; de su guión ya he dicho suficiente, de la habilidad del propio Wright y Bill Pope con la cámara no creo que haya ninguna duda porque la verdad es que su apartado visual no deja nada que desear y, por último, toca hablar de la calidad de los actores; el reparto lo hace bien sin mucho más que decir aunque el que sí destaca es Simon Pegg, más dramático de lo habitual pero igual de divertido, menos hay que decir del resto, Frost ha perdido algo de protagonismo, Martin Freeman y Rosamund Pike tienen varias buenas intervenciones pero se les echa en falta y otros como Brosnan están de paso para firmar y recoger el cheque.

Tras todas las risas, los golpes y las cervezas que hemos compartido con este inolvidable grupo llega la hora de terminar, pero al igual que ocurre con el resto de la película, Wright y Pegg no se conforman con seguir una fórmula dada para finalizar; y nos regalan un tramo final de leyenda seguido de un desenlace magnífico que iluminará tu mirada, creo que jamás me hubiera esperado algo parecido y tan bien ejecutado, me quito el sombrero.

Entretenida, descacharrante, inteligente, con crítica social y personajes llenos de emociones y trastornos; tiene todo lo que se le podía pedir y aún más, probablemente sea la película más divertida del año, es tan rompedora que no sabes si lo que estás viendo es real, no pudo gustarme más.

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