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Belicismo puro, sin lugar a la reflexión o la crítica

Por Enrique Fernández Lópiz

Hace unos días volví a ver Black Hawk derribado y al terminar tuve que sacudirme tripas y metralla de mi ropa. Ya veo, por lo leído, que es una película polémica con críticas para el gusto de todos. Pero yo diré la mía, claro. Casi al principio hay una cita de Platón que viene a decir que los únicos que ven el final de la guerra son los muertos. Y eso es lo que trasluce toda la cinta.

Desde mi modo de ver es una película con un ritmo trepidante, con una cámara que está en todos lados, con un montaje increíble (Oscar mejor montaje), una excelente dirección de Ridley Scott, el gran director de Blade Runner, 1982, Thelma y Louise, 1991, o El Consejero, 2013, entre otras; y tiene la cinta además un buen guión de Ken Nolan, adaptación de la historia de Mark Bowden Black Hawk Down.

La película tiene una fotografía de Slawomir Idziak de maravilla y que merece ella sola, la máxima calificación; la música de Hans Zimmer es muy buena y acompaña continuamente la acción bélica; e igualmente el sonido es grandioso (otro Oscar al mejor sonido). La riqueza visual es impresionante y la reconstrucción de las múltiples acciones paralelas del combate alcanza cotas insólitas de intensidad.

La interpretación coral de soldados y mandos es excelente con figuras como Josh Harnett, Eric Bana, Ewan McGregor, Tom Sizemore, William Fichtner, Sam Shepard, Brendan Sexton III, Jeremy Piven, Van Holt, Carmine Giovinazzo, Ewen Bremmer o Ron Eldar por mencionar algunos de los buenos actores que realizan actuaciones memorables.

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La película narra la historia real del año 1993, cuando soldados ranger americanos son enviados por las Naciones Unidas a Mogadiscio (Somalia) a una misión de paz, pero sobre todo para capturar a un sátrapa caudillo de esos que abundan en los países africanos llamado Aidid, y así poner fin a la guerra que asolaba a ese pobre país. Pero las cosas se complican en la misión cuando dos helicópteros Black Hawk son derribados, de ahí el nombre del film. A partir de aquí, lo más importante para el mando y la tropa de rangers será rescatar a los soldados que han quedado atrapados o que han resultado heridos en los accidentes de helicóptero.

Entre premios y menciones en 2001 tiene: 2 Oscar: Mejor montaje y sonido. 4 nominaciones. 3 nominaciones Premios BAFTA: Mejor fotografía, montaje y sonido. American Film Institute (AFI): Top 10 – Mejores películas del año.

A mí me ha resultado una película dramática que narra de forma veraz la barbarie y la violencia de la guerra. Disparos, soldados con miedo, mutilados, heridos de todo tipo, jefes que desde la retaguardia no saben qué hacer, americanos y nativos somalíes a cara de perro. Bueno, a mí me enganchó hasta el final y debo decir que me pareció una gran película bélica por su realismo en la descripción de la brutalidad de los conflictos armados y por sus aspectos técnicos, no por otras razones como ahora diré.

Una de las preguntas del millón que la película no plantea ni por el forro tras todas las atronadoras y terribles escenas de guerra es si los EE.UU. o quien sea, deben meterse en conflictos que no son suyos. Claro que como es humano dudar, también por otro lado pienso que la conciencia clama porque llegue alguien y ponga fin a tanto despropósito como el conflicto entre tribus en la Somalia de los noventa donde hubo más de 300.000 muertos. Aunque ya sabemos que las potencias no se meten en guerra plan “hermanas de la caridad”, sino por intereses concretos mayormente económicos.

Por este lado, es decir, por el hecho de presentar meramente el furor de una contienda sin excesivas críticas ni prácticamente reflexión alguna, este film puede parecer inmoral, y de hecho lo es, pues no es antibelicista ni antimilitarista, sino incluso todo lo contrario. Por eso comparto plenamente lo que escribió el gran crítico de cine Ángel Fernández Santos cuando sobre esta cinta dijo: Está llena de instantes de enérgico destripamiento de la violencia, pero visualizada desde tantos y tan dispares puntos de vista que no hay manera de que el espectador descubra su propia mirada entre tanta, y tan mareante, abundancia de angulaciones, encuadres, enfoques, ópticas, saltos de eje y cambios de observatorio. De ahí que, pese a algunos buenos y liberadores respiraderos y descansillos en la escalada de la atronadora ensalada de tiros, haya en Black Hawk derribado más exactitud visual que conmoción moral”.

Luego me acosté, estaba cansado –el film cansa- y me quedé pensando en lo que había visto con cierto desasosiego y mucha incertidumbre en mi conciencia. Creo que en ocasiones somos pacifistas de salón, a costa de que otros, jóvenes por lo general, mueran en combate para salvaguardar nuestra serenidad de espíritu y nuestra vida apacible y burguesa.

Pero por otro lado pensaba que debe estar en nuestra intención de ciudadanos del mundo hacer declaraciones antibelicistas y promover cada cual en la medida de sus posibilidades, actuaciones antiviolencia, hacer apología del pacifismo y de la concordia entre los pueblos, pues aunque parezca esto que digo un exceso de buenismo, no hay, la verdad, otra forma de garantizarnos la supervivencia sobre el planeta. De otro modo acabaremos autoaniquilándonos.

En resolución, Black Hawk derribado es una trepidante película (eso nadie lo va a negar), pero carente de un hilo dramático y de cualquier lectura antibélica, lo cual que el espectador que busque un mensaje en ese sentido, acabará desconectado de la obra. El film, así, se queda en una especie de documental de ficción en el que asombra la perfección y realismo de la batalla.

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