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Begin Again

Por Alejandro Arranz

-John Carney hace un remix de Once con actores de Hollywood extraviando en el trayecto parte de la sencillez y la magia pero sin olvidar como la música puede mover una película.
-Aún habiendo perdido mucha de la frescura original resulta amable y encantadora, Ruffalo y Knightley tienen química y el filme pasa volando ante tus ojos sin que a penas te percates; pondrá una permanente sonrisa en tu rostro.

El cineasta irlandés John Carney se metió en el mapa gracias al sleeper Once, una película sencilla pero que poco a poco te llegaba al alma, que vivía y amaba a través de la música, sin grandes nombres en el reparto pero que en el momento que les veías en pantalla no te imaginabas a otros que pudieran interpretar así aquellos papeles, cautivadora es la palabra; ahora 8 años después el señor Carney se decide a enseñarnos la misma idea pero con más presupuesto, con caras conocidas y con canciones más comerciales, eliminando por completo el espíritu “indie” de la propuesta para darle paso a la química entre Ruffalo y Knightley. Si bien la idea no me gustaba demasiado la verdad es que el guionista-director se las ha arreglado para convencerme, ha hecho una película igualmente satisfactoria, con una esencia admirable y viva que perdura cuando la película hace tiempo que ha finalizado, poseedora de una energía positiva que es pegadiza y para ser honrados hay que decir que la dirección es mejor que en los anteriores trabajos del director.

El comienzo es bueno, tras la primera y excelente canción vivimos ese día desde la perspectiva de ambos protagonistas, por un lado la novia de un cantante famoso (la cual escribe canciones y canta) y por otro un dejado productor discográfico con un gusto muy clásico, divorciado, con una difícil relación con su hija (Hailee Steinfeld) y una mala situación laboral, un personaje que Mark Ruffalo vuelve encantador y divertido, cuando ambos se encuentran en la enorme ciudad de Nueva York va tomando forma una idea, la de grabar un álbum en distintos lugares de la ciudad sin la necesidad de pagar un estudio, de este modo su relación va estrechándose y sus vidas van cambiando de un modo que no habrían imaginado; muchos acusarán a la película de ser auto-complaciente o de estar edulcorada pero la verdad es que la sinceridad de sus emociones te llega hondo y mientras disfrutas del viaje que llevan a cabo estas dos almas perdidas no te importará lo más mínimo si es comercial, dulcificado o algo plano, sólo disfrutas de la música y de la positiva historia que se mueve a través de ésta. Seguramente una de las mejores cosas que nos trae Carney son la honestidad y esa curiosa manera de no tomar nunca el camino fácil que escogen la historias románticas en su totalidad, cierto que todo ésto ya lo veíamos en Once pero no debemos quitarle ningún mérito a ésta película que lentamente va conquistándonos, sin ir más lejos y como bien apunté antes la dirección de Carney es superior al resto de sus trabajos anteriores, puede que el cambio de aires a una ciudad tan luminosa y colorista como lo es New York tenga algo que ver, el productor Anthony Bregman indicó que la película era una carta de amor a la ciudad de Nueva York escrita por un Irlandés que vive en Dublín y no negaré que ese afecto se nota mucho, pero volviendo al tema de la dirección lo único que sé a ciencia cierta es que está rodada con entusiasmo y una extraña magia, algo a lo que ayuda la química entre actores y las estupendas canciones originales que nos acompañan la mayor parte del metraje, todo junto hace que cada escena sea espléndida.

Quiero esclarecer una pequeña traba que puse antes, el adjetivo utilizado fue plano, si bien no hay la intensidad emocional o la profundidad de la obra del 2006, más bien quería hacer referencia a elecciones simplonas, típicas y ciertamente poco trabajadas que encontramos en el guión, como puede ser la relación con su ex-mujer -que se zanja con dos miradas-, la sub-trama de la hija rebelde o la manera de llevar ciertos aspectos del ex-novio famoso (ya que esa parte sí tiene detalles muy agudos), otro motivo para indicar que la sencillez de “Once” la hacía única; un fallo más que se le puede achacar al guión del propio Carney podría ser por ejemplo el amigo rapero famoso del personaje de Ruffalo que parece un arreglo del libreto para llevar el filme por el camino correcto de una manera más cómoda, de todos modos la cámara del realizador sigue extrayendo los sentimientos de la pantalla de una manera excepcional, y es que no sólo en los grandes momentos donde la música invade nuestros corazones es capaz de robar fotogramas geniales, su cámara también presta atención a los pequeños detalles, a las miradas indiscretas, a un profundo abrazo, a un hecho insignificante para muchos pero revelador para uno, aunque se reversione a lo grande en Hollywood está claro que no se ha olvidado de lo que hizo grande a Once, esos pequeños pero significativos momentos.

Cambiamos a los galardonados con el Oscar Glen Hansard y Markéta Irglová por Gregg Alexander de la banda New Radical, que ha sido en esta ocasión el encargado de componer la totalidad de los temas del filme, hay que decir que las canciones son buenas y muy pegadizas pero sin duda ese es otro de los puntos en los que me quedo con Once, tanto en el tema de composición como en el de interpretación musical pues aunque Keira Knightley ha demostrado saber cantar y la elección de Adam Levine de Maroon 5 es inteligente, no hay sustitución admisible de los inolvidables -ya mencionados- Glen Hansard y Markéta Irglová, en lo que a actuaciones -no musicales- se refiere Levine tiene un carisma interesante en pantalla, Knightley a pesar de momentos sobreactuados tiene chispa con el divertido y desaliñado Ruffalo, sólo pongo pegas a Hailee Steinfeld que sabiendo lo que puede hacer es molesto verla en estos papeles tan cortos de miras, tuve suficiente con 3 days to kill gracias. De nuevo el desenlace es el lugar donde más clara queda la firma de Carney, nada comercial, unos minutos finales formidables seguidos de una conclusión nada común, sin embargo en esta ocasión se le ven varios escollos, se hace más problemático el poco desarrollo de la relación del protagonista con su ex-mujer, una vez más el amigo rapero está para poner las cosas fáciles y aunque enternecedora la decisión de Gretta puede que a algunos les parezca demasiado “bonita” para ser creíble, en realidad cuadra muy bien con el personaje.

John Carney sale muy bien parado de su remix a la americana, sin llegar al nivel de la maravillosa Once sabe cómo entregar una excelente película de verano llena de energía, de pasión por la música y ganas de vivir, no podrás parar de sonreír con esta cálida historia llena de buen rollo y buena música que pese a sus inconvenientes se ganará tu aprecio, aunque es inevitable comparar en esta ocasión, en especial para los medios especializados, a vosotros os animo a que os olvidéis de aquella y veáis Begin Again sin ningún tipo de prejuicio dejando la comparativa a un lado, estoy seguro de que si lo hacéis saldréis recompensados, algunos de los que no lo hagáis tardaréis poco en tacharla de burda copia sin alma, siento mucho que los prejuicios hayan nublado vuestro juicio y os hayan impedido disfrutar de esta amena y disfrutable “summer film”.

Alejandro Arranz

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